Así cómo en el evangelio de los "llamados a trabajar a la viña en diferentes horas", nos encontramos con otra invitación, y con las diferentes reacciones frente a lo que aparece como novedad, y que de alguna manera compromete la vida.
Lo que llega cómo "algo gratuito", además de romper con esa "meritocracia" con la que muchas veces medimos la vida, movilizará el corazón y lo llevará a pensar en sus propios juicios -en el porque hace lo que hace- descubriendo que a veces podemos estar buscando sacar ventaja de todo cuanto hacemos; y también de los vínculos que se establecen... pensemos en el chantaje con que muchas veces actuamos con los demás, o el uso que hacemos de ellas.
DIOS aparece en el evangelio,
como una "INVITACIÓN A UN BANQUETE DE BODAS".
Él es una "INVITACIÓN", dónde no hay excluidos; dónde también, nada de nuestra vida queda fuera.
DIOS ES PARA TODOS Y PARA TODO.
Su invitación se la escucha en el camino... cuando somos capaces de detenernos en lo que está al borde de nuestra vida... sean personas, sean espacios del corazón.
Es una invitación que nos sale al encuentro, cuando miramos y nos detenemos en los que están al borde del camino:
Cuando somos capaces de crear vínculos con las personas que nos salen al encuentro -sean quienes sean-.
Soltando estructuras de pensamiento para incluir... soltando creencias para aceptar todo lo nuestro que Dios ya sentó a su mesa.
Creernos dueños de algo - y sobre todo de las cosas de Dios-, estrecha el corazón y la mirada.
Sentirnos mejores que los demás o menos dignos, estrecha el corazón y la mirada.
Juzgar por las apariencias, estrecha el corazón y la mirada.
Encontrarnos con esa invitación, es hacernos conscientes de que en Jesús, Dios ha respondido a los anhelos más profundos que llevamos dentro... a los hambres más viscerales que buscamos saciar con tanta cosa... por eso es un banquete... y un banquete de bodas...
Dios es invitación a anunciar, con nuestra vida, que los anhelos más profundos, atravesados por la tristeza, la duda, el miedo, la incertidumbre y la marginación, han venido a tener en Jesús un sentido distinto que abre... que posibilita caminar y crecer.
Pero,
¿cómo escuchar que hay otro modo de vivir lo que la vida nos presenta, si buscamos callar el dolor, la soledad, la tristeza, el enojo con tantas cosas que no hacen más que volvernos cada día más sordos y ciegos frente a lo realmente vale la pena?.
¿Cómo percibir la invitación que nos viene de eso que justamente rechazamos?
Jesús es vida de Dios ofrecida, cómo un banquete de bodas... cómo una mesa dónde hay lugar para todos.
Así lo veremos, yendo hacía los que están más lejos... como si hubiese algunos que están en el centro... yendo hacía los que están más abajo... como si hubiese algunos que están arriba.
Pienso que entrar en la dinámica del Reino será estar continuamente en salida... porque el Amor siempre será entrega y apertura.
Será expresar, con los gestos y con las palabras de cada día, que no basta para "vivir bien", la seguridad o el bienestar conseguidos para sí, sino que, es en la medida en que la vida se comparte.
Nada más alejado a los modos de Jesús que una vida cerrada sobre sí misma; preocupada solo por su bienestar espiritual o por lo inmediato que la alejan de ser respuesta a la fiesta... donde "buenos y malos" son invitados.
Es lo que mejor expresa quién es Dios en nosotros.
APERTURA... ACOGIDA... ABRAZO.
Siendo así una alternativa a lo estrecho de cómo se presentan tantas cosas alrededor nuestro.
Alternativa a esa violencia que la marginación y la indiferencia genera.
APERTURA... ACOGIDA... ABRAZO
Siendo así una alternativa al mal trato que a veces aparece en medio nuestro, que expresa la no aceptación de que el otro vive y siente este momento -por ejemplo- cómo puede, tal vez con desaliento, enojo, o con esperanza y ánimo- porque no hay una sola forma de vivir y sentir la vida.
APERTURA... ACOGIDA... ABRAZO
Siendo alternativa al miedo que nos ha enfermado a todos; dejando de ser "pájaros de mal agüero" y siendo más solidarios.
Siendo expresión de la Vida, cuando hay todavía gente "al borde de los caminos.
DIOS ES INVITACIÓN A LA MESA DE LA VIDA... a ese bien que está a veces muy envuelto y escondido.
De esa vida que tocamos cuando la compartimos... de esa vida que se encuentra en el camino... que crece cuando la damos.
POdemos pasar por la vida sin descubrir el don que se nos ha dado porque la seguimos identificado con formas o con nuestras propias expectativas.
pOdemos rechazar la invitación...
Y ENCONTRÁNDONOS...
NOS SABREMOS SENTADOS A UNA MISMA MESA.

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