CELEBRAMOS hoy la razón, el fundamento de nuestra esperanza – que no es otra cosa que la vida de Dios en toda persona humana – la Bondad –que nos habita- y que se abre paso en medio de cualquier situación.
Celebramos hoy, la posibilidad que tenemos de ser plenamente humanos – no por nuestras fuerzas – sino por nuestra atención y disponibilidad al "Don que nos habita".
Celebramos nuestra condición de “caminantes”.
Para celebrar entonces hoy, la FIESTA DE TODOS LOS SANTOS Y SANTAS, necesitamos en primer lugar renunciar a ser perfectos… aunque parezca una contradicción, pero no lo es.
“Santidad” no es lo mismo que “perfección”,
ni tampoco se identifica con lo que llamamos “madurez humana”.
Pretender ser perfectos, identificándolo con “no tener manchas, no equivocarse nunca, etc”, es seguir cargando con una presión que nos llevará, en algún momento, a vivir más desde las apariencias, el ocultamiento y la mentira; y no desde lo que experimentamos como más verdadero y que necesitamos aceptar como condición para vivir más humanamente -para ser más auténticos-: nuestra fragilidad y debilidad.
“Fragilidad y debilidad” – que son la condición humana con la que Dios cuenta; algo que no necesita cambiar en nosotros, ni tampoco hacerla desaparecer.
Por eso la “santidad”, como dice un poeta, “es un vacío que se descubre… que se acepta y que Dios viene a llenar”
Y esto, ¿qué significa?
Significa que, los “no sé”… los “no puedo”… las “insatisfacciones cotidianas”… los “silencios”… los “gritos interiores” son anuncios de la presencia de un vacío, de una búsqueda, de un límite, “desde donde Dios puede crear todavía”.
Desde donde algo nuevo puede aparecer: una nueva mirada, un nuevo sentido de las cosas, una percepción distinta de la vida, una capacidad nueva frente a la realidad, etc…
No somos santos, cuando somos perfectos… o cuando nos sentimos bien con nosotros mismos porque hicimos todo bien… lo somos cuando nos animamos a vivir desde ese Don oculto en todos nosotros.
Podemos dar perdón porque nos habita el Perdón.
Podemos dar bondad porque nos habita la Bondad.
Podemos dar amor porque nos habita el Amor.
Podemos dar servicio porque nos habita el Servicio.
Podemos entregarnos a los demás porque nos habita el Entregado.
Podemos vivir porque nos habita la Vida.
Si la "SANTIDAD" fuese una cuestión solo de nuestro esfuerzo… no sólo un día reclamaremos “ciertos derechos y privilegios” de que todo salga como quisiéramos porque lo ganamos… sino que además nos enojaríamos cuando no fuéramos reconocidos o valorados como pensamos que tendríamos que serlo y probablemente llegaríamos a creernos mejores que los demás.
Las Bienaventuranzas -"la propuesta de felicidad de Jesús"- vienen a ser llamados a emprender cada día un camino de nuevas relaciones que surgen al no vivir desde la ambición (que valora el tener o el ser alguien importante) o desde el poder (para sentirse por encima de los demás)… sino que surgen desde el don más precioso que tenemos: nuestra propia humanidad habitada.
ANIMAR –SOSTENER, ACOMPAÑAR - NUESTRA PROPIA HUMANIDAD - FRÁGIL Y DÉBIL - INCOMPLETA Y ROTA - NECESITADA Y ENFERMA...EN SU CAMINO HACIA UNA MAYOR CONCIENCIA DEL DON RECIBIDO ES LA MISIÓN MÁS GRANDE QUE TENEMOS.
De ahí el ofrecimiento de paz, creando espacios de esperanza para los demás, siendo más solidarios y atentos... y no de opresión, siendo indiferentes a las luchas de los demás.
De ahí el ser instrumento de consuelo, y no de lágrimas... no juzgando ni condenando a nadie por las opciones de su vida.
Velando por el pan del otro –que tendrá hoy muchos significados además del material- aún a costa de nuestra hambre... poniendo en diálogo los esquemas económicos con los que hoy nos manejamos.
Luchando por la justicia y la misericordia, aún a costa de nuestro reconocimiento... educando menos para el individualismo y la competencia y más hacia una "cultura de la fraternidad".
El desvivirnos por quienes están sufriendo, sin hacer uso de ellos para elevar nuestra estima personal o para propagandas políticas...
¡Cuánto santo sin nombre descubrimos en la vida!
“porque lo que hiciste con el más pequeño de mis hermanos a mí me lo hiciste”.


