Alguna de las notas más esenciales de Clara, es esa escucha atenta… esa mirada que ve más allá de las apariencias.
Mientras que todo el mundo lo consideraba un “loco” a Francisco, en sus inicios de la conversión, Clara capta, intuye “algo más”.
Mientras que todo el mundo lo consideraba un “loco” a Francisco, en sus inicios de la conversión, Clara capta, intuye “algo más”.
Detrás de esas “exageraciones” … de esos “extremos” en la pobreza, en el cambio… Clara percibe que Dios está haciendo de las suyas… que Dios se está mostrando con rostros nuevos… Clara percibe que detrás de las estructuras que se rompen… que son declaradas no esenciales… o detrás de los lugares en la sociedad denunciadas como no determinantes… está Dios… está Jesús y el llamado al evangelio.
Clara, es la mujer de los signos.
Aquella primera escucha, y disposición a mirar lo que lleva dentro, lo que clama, lo que está escondido, lo que invita a mirar la vida desde otro lugar, serán las actitudes permanentes con la que cada signo se transformará para ella en una puerta, en un umbral por dónde entrar a la realidad de otra manera, desde otro lugar; para saberse y encontrarse, para darse.
Cada signo la invitará a peregrinar hacia su interior, dejando de lado las identificaciones que la hubiesen atado a más acá; porque para ir hacia lo que está más allá, habrá que dejar morir lo que está más cerca; eso que controlamos, evaluamos, medimos y sentimos que es mérito nuestro.
Cada signo la despoja.
La descentra.
La vida está cargada de signos… de sentidos… lo contrario es vivir abandonados a lo que llamamos destino que es ciego y es cuestión de suerte…
Abra que abrir los ojos bien grandes…
Callar …
Ir hacia el interior…
Respirar profundo…
sino, todo será,
una repetición constante
de las propias búsquedas,
de las quejas y caprichos…
Cómo el grano de trigo...



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