miércoles, 30 de diciembre de 2020

AsoMbradOs por lA peQueñeZ. Lc 2, 22-40

El mundo, como la oscuridad, no se enteró del Dios hecho carne; pero a partir de ese momento TODA HISTORIA HUMANA se volvió un lugar de encuentro.
Toda situación una oportunidad para crecer... para aprender modos y posibilidades nuevas para responder... para vivir con otros.

Permanecer abiertos y fieles al encuentro que aconteció en la navidad será el desafío - dejando que se sigan iluminando nuestros miedos - abrazando nuestras ansiedades - liberándonos de nuestras heridas viejas... que muchas veces nos hacen movernos, nos hacen decir - actuar - reaccionar - de maneras y modos tan distintos al encuentro sucedido.

Recordemos que el estar habitados por la "ternura y la bondad de Dios" no es una realidad que nuestros ojos ven de una... seguiremos necesitando sabernos de camino... y que allí el Espíritu nos enseñe.

Pero si nos dejamos llevar por esa manera de mirar nos seguiremos encontrando con personas que según los criterios dominantes no tienen valor -"no brillan ni llaman la atención"- pero son los que sostienen la esperanza permaneciendo fieles aun en medio de la carencia, de la pérdida y del vacío de los años.

Simeón y Ana son encontrados en la ancianidad... en el vacío que dejan los años; y son llevados a experimentar la alegría que brota de la fidelidad.
POr permanecer fieles se vuelven fecundos.

El anciano Simeón "el que escucha" y la profetiza Ana "la agraciada... la favorecida"... han permanecido en la espera.
Los años con sus achaques y sus pérdidas podrían haber convertido sus vidas en una resignación angustiosa colmada de quejas... podrían haber atado el corazón a esa tristeza que quita hasta las ganas de vivir.

Pero ambos permanecen abiertos... a la espera... cargados de una profunda confianza que los hace abrazar la vida concreta - aun con sus momentos duros - sin que esto los vuelva indiferentes y ciegos a los pequeños y cotidianos detalles... como puede ser una madre son su niño.

Permanecen a la espera con los medios que tienen a su alcance:
Viven al servicio y en oración alrededor del templo... como si la inquietud no los dejase dormir.
No le permiten a los miedos manejar el ritmo de sus vidas... siguen saliendo de sus casas.
Permanecen atentos a los pequeños detalles... se han amigado con la lentitud que imponen los años.
Por eso podrán  abrazar la pequeñez de Dios que viene a ellos en los brazos de María.


Qué difícil se nos hace a nosotros "saber esperar"... "confiar en otro ritmo" que no sea el nuestro.

Como nos cuesta aceptar que todo en nosotros es un aprendizaje... que nos volvemos viejos cuando dejamos de aprender.

Como nos cuesta soltar la impaciencia cuando notamos que algunas cosas tienen que pasar por un lento proceso donde no manejamos los tiempos.

Aun en nuestras relaciones con los demás queremos imponer nuestro ritmo.
Como nos cuesta abrazar la fragilidad que sentimos en nuestras familias o en nuestras comunidades sin pretender cambiar a nadie.

Simeón y Ana... confiados abrazan la dureza de la vida así como es.
NO se adelantan.
No se quejan.
No permanecen fieles porque a ellos se les cumplen las cosas.
Hacen del tiempo una súplica... un servicio.
POr eso son capaces de asombrarse ante la pequeñez.


Aprenderemos a esperar si nos traemos al momento presente; conectándonos con la propia vida, aquí y ahora. Trayendo la mente a la propia casa. 

Aprenderemos a esperar poniendo la vida al servicio de los demás... a los ritmos de los demás.
NO buscando intervenir siempre... aguardando.
No buscando merecer nada... sino agradeciendo siempre.







viernes, 25 de diciembre de 2020

Cada día ha sido NAVIDAD...Jn 1, 1-18


Las palabras del evangelio nos hablan de como la Palabra -Dios, dónde no hay ayer, ni hoy ni mañana- se hace TIEMPO.
El que ni lo cielos pueden contener, cambio de lugar... "puso su tienda entre nosotros".

PARA invitarnos a descubrir que Dios siempre ha tenido ROSTRO... ahora se llama JESÚS... y ahora está acostado en un pesebre... siendo uno con toda humanidad pobre y necesitada, como siempre lo ha sido.
Por eso no será entonces en nuestras buenas intenciones o buenos deseos dónde la vida se nos juegue... sino en la capacidad de mirar... de dejarse encontrar... será en las manos abiertas... en el corazón atento y disponible.
"Lo que hiciste al más pequeños de mis hermanos,
a mí me lo hiciste..."


La NAVIDAD es una invitación a mirar, en medio de toda oscuridad, hacía abajo, hacia dentro de toda humanidad... descubriendo de que este modo de ser -de actuar- de hablar de Dios en Jesús, es la PALABRA definitiva dada por Dios para que aprendamos lo que significa, y donde encontrar, VIDA VERDADERA.

La ENCARNACIÓN nos regala entonces una clave preciosa desde donde leer este año marcado por la oscuridad de un virus que por momentos nos dejó en el miedo, en la incertidumbre, en la inquietud.... 

¿Qué nació en nosotros en este largo ADVIENTO?
¿Hacía donde caminamos nosotros en este adviento, en esta larga noche de miedo y espera? 
¿Qué estuvimos buscando? ¿hacía donde miramos...? 
¿Dónde encontramos vida?.

Dios haciéndose tiempo nos descubrió que no hay tiempos mejores o peores... no hay nada que pueda impedirnos vivir en clave de Reino -en clave de escucha, de atención, de servicio,  de perdón, etc-
Que podamos tener la capacidad de dar gracias hoy, por los muchos nacimientos de Jesús -de sus modos- en cada uno de nosotros y en los demás.

"Dios despojado de todo"
... es la LUZ que nos llegó en medio de la noche de este año, desnudando las caretas con las que vivíamos, y también los sentimientos de superioridad con respecto a los demás.
Un anuncio que invita a encontrar a Dios en medio de un pesebre pobre y lleno de olores... rompió con los prejuicios y el chisme con el que nos acercamos a los demás.
Un Dios "envuelto en pañales"... una humanidad atada por la pandemia... desnudó nuestra falta de empatía y nuestra indiferencia con la que vivíamos y que justamente eso es lo que nos estaba enfermando.

Unos pastores, una pobre gente, es la primera que se acerca... nos descubrió quiénes fueron los primeros en acercarse a los sufridos de este tiempo... que no siempre fueron los que se definen por su rol, o por su título o por la función que cumplen.

Dios despojado de todo nos mostro lo más genuino de su corazón... una humanidad despojada de toda seguridad también.
Nuestra humanidad alcanzada por la debilidad, hizo NAVIDAD en cada gesto donde la mirada del otro, la vida del otro -su sufrimiento y su debilidad- fueron el centro de la atención, de la contención y del servicio.

Pero sabemos que no ha sido fácil... que no es fácil... dejar que nuestra vida... toda ella, sea navidad... exprese Jesús. Esto supone el esfuerzo de caminar hacía el propio pesebre donde junto a lo más precioso que llevamos dentro, también se encuentra lo que reprimimos... lo que no aceptamos... lo que sentimos no reconciliado... lo que rechazamos de nosotros mismos... nuestras desvalorizaciones... lo que consideramos perdido y errado... nuestros miedos... lo que experimentamos como oscuro y como fango... nuestro pecado...




Hoy nos vuelven a anunciar que TODO PUEDE ESTAR.
Que así como el establo que no tenía puertas ni ventanas con que defenderse del frío o del calor.
TODO PUEDE ABRIRSE.


NAVIDAD es también dejar el miedo de mirar lo oculto de nuestras vidas... 
Es permitirle a Jesús que desde dentro, con nosotros... haciendo camino... nos descubra una mirada nueva o un sentido nuevo a eso que percibimos que traba la vida... y nos hace quejosos, pocos tiernos con los demás.

La oscuridad -con sus compañeras de viaje como son el miedo y la incertidumbre... la impaciencia y el desgano...- pueden endurecernos -bloqueando la compasión-; y pueden encerrarnos de tal manera que todo, lo de adentro y lo de afuera, lo sintamos como amenaza... 

PERO ES INCREÍBLE EL ESPACIO QUE SE LIBERA
CUÁNDO NOS DEJAMOS DE DEFENDER 
Y CUÁNDO NOS DEJAMOS DE OCULTAR.

Demos gracias... sencillamente aceptemos... que un establo como el nuestro celebro a lo largo del año muchas navidades...
Demos gracias por habernos encontrado rescatando vida de la mano de Jesús... tratando a toda humanidad como un lugar sagrado.

La NAVIDAD... no es un tiempo... es la vida cuando se desbloquea... cuando se abre a la ternura... cuando se deja llevar por la compasión... cuando se convierte en servicio a los demás.

CADA DÍA ENTONCES ES NAVIDAD.


domingo, 13 de diciembre de 2020

AleGría, un CamiNo a travÉs del dEsierTo. Jn 1, 6-8, 19-28

"ALÉGRENSE... Estén siempre ALEGRES."  1Tes 5,16
Al acercarse la Noche Buena somos invitados a experimentar en nosotros una ALEGRÍA que no se identifica con la satisfacción de todas nuestras necesidades o tal vez con la ausencia de conflictos... o con la ausencia de situaciones difíciles como las que estamos atravesando.
ALÉGRENSE!!!
Para hacer experiencia de lo que se nos está invitando habrá que ponerse en camino hacia Belén (podríamos decir)... hacia los lugares propios y de los demás donde la fragilidad se encuentra.
Allí,  como frente a la pequeñez del Niño de Belén, frente a la pobreza y humildad del lugar, nuestras vidas serán despojadas de las ansias de poder... del querer aparentar... como así también de ese deseo posesivo que enferma todas las relaciones humanas... y tal vez podremos aprender a mirar de otra manera, descubriendo que es lo esencial en la vida y que nos acerca la experiencia de la alegría verdadera.
ALÉGRENSE!!!
Hacer experiencia de esa alegría que permanece, a la que somos invitados, no puede entonces resultar de los parches con que intentamos conservarla; como son el comprar cada vez más cosas o dejarnos llevar por la sola búsqueda de placer.
Esa alegría no podrá nacer sólo de nosotros ni dependerá de nuestros esfuerzos. 
NO PUEDE DEPENDER DEL AFUERA.

Tal vez será un  constante camino en donde hemos de ejercitarnos en la paciencia -de quienes confían en que los procesos de transformación son lentos-  y en la renuncia -de quienes aferrados a una promesa -"Dios en nosotros"- confían que lo que más ansían llegará no por los caminos que tal vez hubiesen querido.

Hacer experiencia de esta ALEGRÍA que permanece independientemente del afuera, será caminar hacia donde sabemos que somos sostenidos... será un camino hacía dentro... hacia donde están nuestras verdades; desde la cuales entonces, podremos responder a lo que nos pase sin que esto nos desanime ni nos vuelva tremendamente pesimistas y rígidos.

Pero el gran conflicto es que seguimos identificando lo que somos - o  nos seguimos valorando y aceptando - según una medida rígida y estrecha que viene de fuera... o que viene tal vez de nuestras propias heridas... o de nuestro ego que busca incansablemente sentirse en el centro.

JESÚS ES 
NUESTRA ALEGRÍA!!!

¿A qué sabe la alegría de quienes entregaron toda su fe a caminar en sus huellas...?


¿Quiénes podrían explicarnos lo que se vive cuando se está en contacto con el propio corazón?

Cuando el corazón está satisfecho... ni una VOZ en medio del desierto puede asombrar.
Es como si el evangelio nos mostrará -en este contexto de Alegría- como fueron los inicios del acostumbrarse de Dios a nosotros... y nosotros a Dios.

La duda y la indiferencia... la búsqueda de pruebas... la reacción frente a la inseguridad que despierta la presencia del otro... el que otros vayan y pregunten... actitudes y gestos que aparecen en el evangelio de hoy, son parte también de nuestros propios caminos y opciones frente a la vida... frente a la fe.

Como a los hombres del evangelio -no como los fariseos y escribas- nosotros también necesitamos seguir buscando alternativas a las cosas que vivimos hoy.
Y eso significará dejarnos interpelar... y no pasar por las situaciones de la vida como si fueran meras atracciones como lo hicieron tal vez aquellos hombres que fueron a ver a Juan.

Será necesario, como Juan, entrar en contacto con nuestra verdad que no necesita de nada para decir quién es... y es libre para despojarse hasta de la necesidad de que las cosas cambien con él.

Juan, revestido de los  "no soy" - es decir, haciéndose cargo de la propia verdad y debilidad- anuncia la llegada del "más fuerte"... de Aquel que bautizará "en el Espíritu Santo".

Necesitamos como Juan encontrar alegría al despojarnos de tantos protagonismos con los que andamos en la vida...
Juan anuncia que Otro -el que viene detrás de él- es el verdadero protagonista de esta historia haciendo presente a Dios en la manera de estar... en el modo de amar.

Y el desierto -los vacíos, los despojos y silencios provocados por la vida- serán el camino que el anuncio encontrará, para llegar al corazón... para hacernos el gran regalo de una alegría que no se identifica con esto o con aquello... pero que viene de la mano de nuestra verdad.

Más de una vez nos encontraremos con la necesidad de reencontrarnos con el sentido que le queremos dar la vida... sobre todo cuando se nos presenten la dificultad o la duda o el miedo... y es justamente allí, cuando nuestras fuerzas no alcancen, cuando podremos percibir que Alguien más está en nuestra vida regalándonos esa verdadera experiencia de alegría.


lunes, 7 de diciembre de 2020

ComiEnzo de la BuenA NotiCia de JESÚS. Mc 1, 1-8

Como si hubiese encontrado algo de mucho valor... y lejos de querer darnos una doctrina o un conjunto de normas... Marcos nos anuncia una ALEGRE NOTICIA.
Una historia que afecta a la vida... y por ende a la fe.
Una historia... un rostro... un nombre.
JESÚS.

De Jesús es la "buena noticia" y al mismo tiempo, él mismo es la "buena noticia".
JESÚS ES BUENA NOTICIA.

Si JESÚS ES BUENA NOTICIA significa que es siempre novedad; de ahí que su vida, su palabra será siempre principio... comienzo de camino... posibilidad de recomenzar siempre.

CON JESÚS SE TENDRÁ SIEMPRE LA SENSACIÓN 
DE ESTAR COMENZANDO. SIEMPRE.

Pero, ¿será Jesús buena noticia para nuestras vidas?
¿Será Jesús una alternativa para nuestras vidas?
¿Será Jesús una relación que va tocando todos los aspectos de nuestra vida?
¿O sigue siendo una costumbre... o un conjunto de normas a cumplir... o algo que hemos recibido como herencia familiar?

Y es una "buena noticia" que no viene bajo los rasgos del poder que busca dominar, imponer y amenazar, sino bajo los rasgos de la debilidad, de la derrota y de la pobreza... 
Se presentará siempre como una "alternativa de vida" bajo los rasgos de una vida gastada en favor de los demás... de un amor "sin límites", dispuesto a no correrse jamás.
TODO ESTO ES BUENA NOTICIA.
Y tal vez ésta sea la novedad.
 

Y entre lo antiguo y lo nuevo aparece "Juan, el Bautista" como punto de contacto convirtiéndose en TESTIGO de lo viejo y de lo nuevo.

Hacía tiempo que la palabra de Dios no resonaba en medio de su pueblo.
De allí el anuncio en el DESIERTO como imagen de la ausencia y del vacío creados por la indiferencia y por la dispersión en tantas cosas que nos distraen de lo esencial..
Ausencia y vacío que aparecen detrás de esa obsesión -muchas veces desconocida- por mantener un personaje; estando lejos de nosotros mismos.
Ausencia y vacío generado por nosotros mismos cuando solo nos mueve la satisfacción de nuestras necesidades; haciendo que nuestras heridas se profundicen. 
Ausencia y vacío generado en tantos otros por la injusticia y la indiferencia con la que vivimos.

Ausencia y vacío que se convierten por la presencia de Juan en una posibilidad de escucha... de que algo nuevo puede nacer.
Es como si Dios le hubiese cambiado el laburo a todas las situaciones que limitan y oscurecen la vida.

Lo que nos hace ponernos en contacto con el desierto nos invita a "cambiar la manera de pensar" (conversión)... a dejar de creernos en el centro de todos y de todas las cosas...
La ausencia y el vacío se convierten entonces en una oportunidad para reorientar la vida hacía Aquel que solo puede darle un verdadero sentido.

JUAN EN EL DESIERTO CREA UNA ESPERA.
ALGO NUEVO ESTÁ POR NACER.
Pero nuestra ansiedad e impaciencia son tan fuertes a veces… que no nos bancamos la espera… y buscamos calmar el vacío que nos produjo el límite repitiendo hábitos que no hacen más que dejarnos más vacíos y más solos. 

Necesitamos recuperar el sentido del silencio y del desierto como lugar de encuentro... como espacio de comunión.
Necesitamos recuperar el coraje de la soledad como escuela para relacionarnos en verdad con los demás.

QUIÉN NO SABE ESTAR SOLO CONSIGO MISMO
NO SABRÁ ESTAR BIEN CON LOS DEMÁS...
SIN MÁSCARAS, SIN ROLES, SIN DEMANDAS, SIN BÚSQUEDAS EGOÍSTAS.

En el silencio las palabras se limpian de las costumbres... recobran su significado original.

En el silencio nos conocemos a nosotros mismos...

En el silencio nos despojamos de buscar siempre la atención... en el anuncio de Juan la atención la debe tener "el que viene detrás de mí".

POdemos recibir la invitación del profeta Isaías a "preparar los caminos"... sabiéndose frágiles y sostenidos.
Podemos "allanar senderos"... dejando la presunción -el creernos perfectos y fuertes- que oscurece la vida y el modo de relacionarnos con los demás.
POdemos abrazar la miseria como posibilidad para que la "fuerza de Dios" se transparente.

Pero cómo aquella gente que salían de las ciudades para ir al encuentro de Juan... también nosotros necesitaremos abandonar la ciudad de las situaciones cómodas... la ciudad de las costumbres y de los hábitos que nos hacen vivir en automático.

Necesitaremos salir de la ciudad de las estructuras que tranquilizan y vivir la experiencia de la intemperie... de lo no seguro...
PARA HACER DE NUESTRA VIDA
UN ESPACIO DE ESPERA.
UN ESPACIO DE ESCUCHA.
UN ESPACIO DE ENCUENTRO.

eN el silencio del desierto, Dios nos espera.
En la fragilidad de nuestra carne, Dios nos elige.
Se hace camino para nosotros...
Siempre comenzando.


domingo, 29 de noviembre de 2020

Bienaventurado Francisco de Asís. Octubre 2020

Celebrar a Francisco de Asís es celebrar lo que Dios hace y quiere hacer en cada uno de nosotros, si nos dejamos llevar. 

Es celebrar como y hasta donde los “modos de Jesús” son capaces de reconciliar, de sanar y de transformar la vida de una persona. 

Pero también es volver a caer en la cuenta de que dentro de cada uno de nosotros vive un santo y un demonio. Como en Francisco.

Detrás del Santo se oculta una persona que ha conocido lo oscuro que también hay en el corazón humano, aquellas cosas que nos desgarran: instintos de muerte conviviendo con instintos de vida; impulsos de comunión y donación y pulsiones de egoísmo, de rechazo y de mezquindad; deseos de Dios (de bondad, de verdad, de justicia, de servicio…) junto a todo eso que nos vuelve cómodos, indiferentes, lejanos a los demás… hasta la negación de lo trascendente en nosotros.

Nada de todo esto está ausente en la vida de Francisco. Sería ingenuo y también desconocimiento de sí mismo, creer que la vida de un santo ha sido siempre fácil, risueña.

Si es santo, justamente es porque ha sentido todo esto, pero tal vez no con-sintió con estas fuerzas oscuras; pero no las reprimió (las sintió) y optó haciendo que el proyecto de Jesús trazará un camino para todas ellas. 

Francisco se dejó poseer por la fuerza del deseo que lleva a totalizar la vida, las energías, los afectos.  Todos llevamos dentro esta fuerza… fuerza que por su propia naturaleza constituye la energía básica de la vida y que se expanden en todas las direcciones.  

Es fuerza que se presta a la construcción como a la destrucción (puede ser ángel o demonio); es fuerza que busca saciar algo que no tiene (carencia-satisfacción), por esa razón podrá ser fuerza que se expresa como entrega, como amor que se abre… o se expresará de manera posesiva, rechazando y usando.

Una vida sin este deseo, sin está fuerza vital será una vida llevada por la apatía –contraria a la pasión- y por la indiferencia –contraria al amor-.

Pero tendremos, como Francisco hacer camino de reconciliación de estos dos polos que no podrán nunca ser destruidos dentro nuestro.

¿Cuáles fueron los caminos por los cuales Francisco se puso en relación con estas fuerzas? ¿Cuál fue el comportamiento que le permitió crecer en la libertad?

Podríamos decir que ante nosotros, como ante Francisco, se presentan dos opciones, dos caminos: el del perfecto (figura de la flecha que orienta y apunta) o la de aquel que abraza sin rechazar (figura del círculo, que engloba e integra).

El primero intenta no escuchar lo que puede llegar a sentir como contrario a lo que ansía vivir. Trata de “demonio” lo que siente como “malo”. Existe el riesgo de reprimir lo que no entra en los moldes de lo que llama “perfección”. Y esto no significa que las fuerzas negadas desaparezcan o dejen de existir. Cree controlarlas pero están presentes pero negadas. Y tironean la vida haciéndola insoportable y volviéndola rígida y dura, como sin corazón (sin ternura).

El segundo, sin saberlo tal vez, fue el camino de Francisco. Es capaz de abrazar todo cuanto se experimenta a partir de una intuición que se percibe como esencial. No reprime nada… no le teme a sus pasiones… se anima a dialogar con ellas. 

Y al no condenar ni tratarlas con violencia, lo negativo pierde fuerza y se va de a poco comportando como una fiera domesticada. Y se rompe con el deseo de controlar… dando paso a gestos de una profunda ternura.

La razón y el control nos acartonan… y tras el pretexto de “querer hacer las cosas bien” se deshumanizan las relaciones con los demás. .es capaz entonces de romper con lo razonable… con el deseo de control… 

Francisco fue capaz de sentir y vivir un amor tierno porque antes se encontró con lo oscuro del propio corazón; porque si se niega una, se pierde la otra. 

Y supo por experiencia que este abrazo que integra es un camino con muchas idas y venidas, ascensos y caídas, renuncias y reconquistas. Supo que la presencia de esa oscuridad que divide es un duro golpe contra el “Yo” que busca afirmarse, que no quiere reconocer su parte negativa, sino que busca ocultarla e incluso negarla.

Cuando se considera “gusanito pecador” está justamente hablando de esas zonas donde habitan “los lobos” que precisan continuamente diálogo “sin juicio ni condenas”… diálogo con tiempo para integrarlos… 

Y allí se experimentó liberado…

¿Cómo domesticar las cuestiones que a nosotros nos afligen? Es más que elaborar unas teorías. Significa hacer camino que debe ser andado día a día sin esa falsa ilusión de que algún día desaparecerán. Y justamente porque no desaparecen, nos enojamos… nos desalentamos y abandonamos la búsqueda.

Lo más curioso, en Francisco, es que la conciencia de lo negativo no fue acompañada en él, como suele suceder, por un sentimiento de tristeza y de amargura, sino de una profunda alegría.

Alegría nacida de una profunda experiencia de la Misericordia de Dios. Misericordia que significa el amor compasivo y tierno de Dios, que es infinitamente más grande que todas nuestras debilidades (aún de nuestro pecado).


MISERICORDIA QUE SIGNIFICA QUE DIOS 

ES MÁS GRANDE QUE NUESTRO CORAZÓN.

La consecuencia es que todo en nosotros puede ser también camino de encuentro. Francisco tiene experiencia de que nada, jamás, podrá impedir que Dios lo siga amando. De ahí que las relaciones entre hermanos deberían expresar esa misma misericordia sin límites.

Aceptar lo sombrío –lo oscuro- de los hermanos es expresión de la aceptación de las propias sombras.

Francisco comprende que esto hace más humana la vida y al mismo tiempo rompe con todo fariseísmo y distanciamiento, que son como barreras que ponemos ante lo negativo.

Francisco dice sobre la “perfecta alegría” o la “perfecta libertad”:

FLORECILLAS, cap. VIII 

Cómo San Francisco enseñó al hermano León en qué consiste la alegría perfecta

Iba una vez San Francisco con el hermano León de Perusa a Santa María de los Ángeles en tiempo de invierno. Sintiéndose atormentado por la intensidad del frío, llamó al hermano León, que caminaba un poco delante , y le habló así: ¡Oh hermano León!: aun cuando los hermanos menores dieran en todo el mundo grande ejemplo de santidad y de buena edificación, escribe y toma nota diligentemente que no está en eso la alegría perfecta.

Siguiendo más adelante, le llamó San Francisco segunda vez: ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor devuelva la vista a los ciegos, enderece a los tullidos, expulse a los demonios, haga oír a los sordos, andar a los cojos, hablar a los mudos y, lo que aún es más, resucite a un muerto de cuatro días, escribe que no está en eso la alegría perfecta. 

Caminando luego un poco más, San Francisco gritó con fuerza: ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor llegara a saber todas las lenguas, y todas las ciencias, y todas las Escrituras, hasta poder profetizar y revelar no sólo las cosas futuras, sino aun los secretos de las conciencias y de las almas, escribe que no es ésa la alegría perfecta.

Yendo un poco más adelante, San Francisco volvió a llamarle fuerte: ¡Oh hermano León, ovejuela de Dios!: aunque el hermano menor hablara la lengua de los ángeles, y conociera el curso de las estrellas y las virtudes de las hierbas, y le fueran descubiertos todos los tesoros de la tierra, y conociera todas las propiedades de las aves y de los peces y de todos los animales, y de los hombres, y de los árboles, y de las piedras, y de las raíces, y de las aguas, escribe que no está en eso la alegría perfecta.

Y, caminando todavía otro poco, San Francisco gritó fuerte: ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor supiera predicar tan bien que llegase a convertir a todos los infieles a la fe de Jesucristo, escribe que ésa no es la alegría perfecta. Así fue continuando por espacio de dos millas. Por fin, el hermano León, lleno de asombro, le preguntó: Padre, te pido, de parte de Dios, que me digas en que está la alegría perfecta. Y San Francisco le respondió:

Si, cuando lleguemos a Santa María de los Ángeles, mojados como estamos por la lluvia y pasmados de frío, cubiertos de lodo y desfallecidos de hambre, llamamos a la puerta del lugar y llega malhumorado el portero y grita: "¿Quiénes sois vosotros?" Y nosotros le decimos: "Somos dos de vuestros hermanos". Y él dice: "¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!" Y no nos abre y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche. Si sabemos soportar con paciencia, sin alterarnos y sin murmurar contra él, todas esas injurias, esa crueldad y ese rechazo, y si, más bien, pensamos, con humildad y caridad, que el portero nos conoce bien y que es Dios quien le hace hablar así contra nosotros, escribe ¡oh hermano León! que aquí hay alegría perfecta. 

Y si nosotros seguimos llamando, y él sale fuera furioso y nos echa entre insultos y golpes, como a indeseables importunos, diciendo: "¡Fuera de aquí, ladronzuelos miserables; id al hospital, porque aquí no hay comida ni hospedaje para vosotros!" Si lo sobrellevamos con paciencia y alegría y en buena caridad, ¡oh hermano León!, escribe que aquí hay alegría perfecta. 

Y si nosotros, obligados por el hambre y el frío de la noche, volvemos todavía a llamar, gritando y suplicando entre llantos por el amor de Dios, que nos abra y nos permita entrar, y él más enfurecido dice: "¡Vaya con estos pesados indeseables! Yo les voy a dar su merecido". Y sale fuera con un palo nudoso y nos coge por el capucho, y nos tira a tierra, y nos arrastra por la nieve, y nos apalea con todos los nudos de aquel palo; si todo esto lo soportamos con paciencia y con gozo, acordándonos de los padecimientos de Cristo bendito, que nosotros hemos de sobrellevar por su amor, ¡oh hermano León!, escribe que aquí hay alegría perfecta.

Y ahora escucha la conclusión, hermano León: por encima de todas las gracias y de todos los dones del Espíritu Santo que Cristo concede a sus amigos, está el de vencerse a sí mismo y de sobrellevar gustosamente, por amor de Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades. Porque en todos los demás dones de Dios no podemos gloriarnos, ya que no son nuestros, sino de Dios; por eso dice el Apóstol: ¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios? Y si lo has recibido de El, por qué te glorías como si lo tuvieras de ti mismo? Pero en la cruz de la tribulación y de la aflicción podemos gloriarnos, ya que esto es nuestro; por lo cual dice el Apóstol: No me quiero gloriar sino en la cruz de Cristo. A él sea siempre loor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Queda claro que la perfecta alegría no tiene que ver con todo lo positivo que podamos tener o por más religiosos que seamos, sino en la negatividad asumida con amor.

La perfecta alegría o la perfecta libertad no consisten en ser un gran santo, ni un sanador portentoso, ni un sabio genial, ni un misionero capaz de convertir a todos los infieles, sino en aceptar lo que la vida tiene de conflicto, de ruptura, de contra tiempo, de crisis… 

Consiste en recibir eso que llega, dejando de renegar… creciendo con eso que viene a nosotros bajo muchos ropajes (rechazos, indiferencias, no ser reconocidos, dudas, críticas, murmuraciones, juicios, proyectos frustrados, etc) que pueden desalentarnos y hacer que abandonemos aun lo que creíamos o lo que estábamos haciendo por los demás.


La perfecta alegría o la libertad perfecta provienen de un amor tan intenso que no sólo es capaz de soportar, sino de amar y abrazar alegremente la propia negatividad. 

Quién vive desde aquí es verdaderamente libre, pues nada lo vive como amenaza… y por ende nada transforma su actitud en amargura. Se sabe libre porque se posee totalmente a sí mismo y se sabe en las manos de Alguien que es más grande que su propio corazón. 


martes, 20 de octubre de 2020

Donde eStaMos, TÚ nos enCuentRas. Mt 25, 1-13

"...el Reino de los Cielos es semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo... y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas..."   

Para acercarnos a esta Palabra necesitamos despegarnos de esas lecturas cerradas y moralizantes que han hecho hincapié en que dios está detrás de una puerta para agarrarnos desprevenidos y no confesados.
Pensar así ha hecho crecer en nosotros la sospecha y la duda sobre nuestra dignidad y estima porque "hagamos lo que hagamos al final seremos juzgados y de seguro saldremos perdiendo".

Pero el evangelio de hoy es la Palabra celebrada por una comunidad que tuvo que re-ubicarse frente al momento que vivía cuando todas sus expectativas estaban puestas en la inminente llegada de Jesús.
¿Qué había pasado que Jesús no volvió a ellos inmediatamente?...
¿Acaso habían entendido mal?...

¿COMO ENTONCES MANTENER VIVA LA FE.?
¿Qué es lo que podría mantener viva la llama de la esperanza?…

POr eso la parábola de hoy no es una Palabra que habla de lo que vendrá... es para el hoy… interpela nuestro hoy…  el ahora de cada uno de nosotros invitándonos a leer el hoy y el ahora en clave de espera... en clave de encuentro... en clave de alianza.

Pero nosotros que tendemos a rechazar lo que vivimos porque duele... porque nos confunde... seguimos pensando que lo mejor está siempre por venir.
Soñamos con el mañana… que será diferente…
Mañana seremos felices… si esto que nos pesa no esta…
Mañana seremos felices... si esto que nos aburre desaparece…
Mañana seremos felices... si este conflicto se termina... etc... etc.
Y esto nunca llega… y nos enojamos...
Y nos adormilamos porque en todos nosotros habita la necia y la prudente.

La parábola viene entonces a nuestro encuentro COMO UNA INVITACIÓN A DESCUBRIR EN PRIMER LUGAR LO QUE TENEMOS DE DIOS EN NOSOTROS.
Descubrirlo… reconocerlo… desplegar-lo… como una realidad que está en nosotros más allá de lo que hoy sentimos... o pensamos... y hacemos.
Pero esto no se puede improvisar en un instante - como las necias-.

Necesitamos seguir descubriéndonos en camino...
Necesitamos aprender a dialogar con nosotros mismos y preguntarnos sobre lo que esperamos en verdad.
Al detenernos podemos tomar distancia de lo que sentimos y de lo que pensamos... aun de lo que estamos viviendo y rechazamos...
Y descubrir que la esperanza no es una perspectiva de futuro de que mañana las cosas estarán mejor y entonces podremos ser felices... sino que es una actitud frente al presente que nace de la certeza de que Dios está en nuestra humanidad abriéndose paso a través de todo lo que nos pasa.

De ahí que todo en nuestra vida puede tener otro sentido...
PERO PARA QUE ALGO NUEVO SURJA ALGO TIENE QUE MORIR...
ALGO TIENE QUE ABRIRSE.
Y qué lento y que doloroso puede ser este proceso.

¿QUIENES NOS GRITARÁN QUE VIENES SEÑOR?

En medio del silencio te esperamos pero te apareces haciendo ruido con la gente que hace fiesta o que llora o que protesta.
Te esperamos trayendo claridad y vienes en medio de la oscuridad.
Te esperamos buscándote con la mirada y nos estas llamando desde dentro.

Creemos saber por dónde vendrás y tú eres experto en abrir caminos.
La propia debilidad nos lo grita.
Lo vulnerable del otro nos los grita.
TU HUMANIDAD ABIERTA NOS LO GRITA.

Llegas en las oscuras quebradas donde el miedo tiende a vencernos.
Llegas en medio del oleaje del mar de nuestros afectos que nos tironean y que muchas veces nos hunden.
Llegas en medio de tantas voces que buscan decirnos quienes somos.

Llegas en medio de la impotencia que provoca la espera.
Llegas con el grito de dolor por la pérdida del hijo... o del amigo... o del compañero/a de vida.
Llegas con las palabras justas cuando la soledad pareció decirnos que no hay salidas.

Llegas en medio de nuestras manos dispuestas a soltar la bronca y el enojo.
Llegas con el corazón que permanece abierto aun cuando se siente morir.

Llegas cuando nos descalzamos para comprender la vida del otro.
Llegas con la posibilidad nueva que dimos y con el perdón que fuimos capaces de recibir.
Llegas con los intentos de confiar en la vida y en la vida de los demás.

Llegas en tu Palabra que despierta, levanta, consuela, ilumina y envía.
Llegas en la Mesa de la Comunidad renovando la memoria de que vale la pena vivir para los demás.
Llegas en nuestra humanidad rota, incompleta y fallada para mostrarnos el Tesoro de la que es capaz de guardar.

DÓNDE ESTAMOS... TÚ LLEGAS...
TÚ NOS ENCUENTRAS.

Que nuestras vidas - lámparas en tus manos- estén dispuestas a dejarse consumir.
Que no temamos quedarnos sin aceite -la propia vida en favor de los demás- para iluminar allí donde vienes.
Y cuando se nos acabe el aceite que podamos reponerla en vos, el único capaz de transformarlo todo en don para los demás; aun lo que huele mal... aun lo que rechazamos.


YA LLEGA, SALGAN A SU ENCUENTRO...
aunque la apariencia no sea de nuestro agrado.




domingo, 27 de septiembre de 2020

El SI, es la vida misma. Mt 21, 28- 32

No es posible acercarse a Jesús y permanecer indiferentes por mucho tiempo.
En el camino de ir detrás de él no será posible permanecer en la comodidad sin que sus palabras y gestos nos provoquen iluminando los porqué o el desde donde estamos viviendo.
Ir detrás de Jesús será siempre un encuentro con nuestra verdad, con nuestro límite... y cómo molesta cuando la acción o la palabra del otro denuncia nuestra comodidad.

Y no será posible domesticar una buena noticia que siempre nos dejará en la actitud de estar camino.
Y si nada inquieta del evangelio es porque tal vez la cerrazón nos ha ganado... como a aquellos hombres que ni el cambio de vida de los considerados "indignos" los mueve a creer. 

NUevamente la palabra se dirige a esa comunidad que ha decidido vivir desde unos vínculos que reflejen el modo de Jesús.
Jesús ya no habla de "obreros" sino de "hijoS" ubicando  la relación con Dios desde otra mirada... una relación muy conocida en el pensamiento judío donde solo se es hijo en la medida en que se hace las cosas que ve hacer al padre.

Nuestro seguimiento será entonces, 
expresar en la vida lo que uno es... hijo/a.

Pero en ese camino será necesario plantearse ciertas inquietudes respecto a las motivaciones con las cuales se vive... con las cuales se actúa... porque el riesgo a creer que no hay nada que seguir aprendiendo está presente.

La consciencia de estar aprendiendo -"de estar de camino"- nos salva de nosotros mismos.
De creernos perfectos y por ende con derechos -de tener privilegios-; y hasta sin necesidad de pedir perdón.

En el "camino de expresar lo que ya somos" Jesús nos ubica frente al contraste entre lo que se dice y lo que se hace... y la dificultad con la que nos encontramos para discernir qué es aquello que realmente expresa lo que somos.

¿Quiénes son lo que dicen NO y después van?
¿Quiénes son los que dicen SI y después no van?

¿No serán acaso momentos de nuestra vida?.
¿No serán reacciones frente al riesgo que sentimos correr al decidir ir detrás de Jesús?
¿No serán acaso expresiones de las resistencias que todos llevamos dentro, a cambiar, a dejarnos llevar por esos modos nuevos?

Creo que todos podemos notar esa dificultad de integrar lo que sentimos como impuesto y que viene de fuera y lo que parece que es más nuestro.
Creo que todos podemos notar esa rebeldía cuando el evangelio toca aquellas cosas en donde nosotros tenemos puesta nuestra seguridad: llamase tiempo, dinero, estima de sí, valor de la propia persona.

¿QUE SIGNIFICA ENTREGAR LA PROPIA LIBERTAD, entonces?

Creo que también podemos notar en nosotros esa otra actitud más sumisa... que buscando sentirse bueno o por miedo tal vez al conflicto o al qué dirán... arriesga su autenticidad utilizando una máscara de obediencia.
Cuántos mandatos familiares - aún culturales y religiosos - han favorecido a crear una fachada donde por fuera se es buena persona pero el corazón está lejos. Como amarga la vida esta manera de vivir... cuánta rigidez y cuanta ironía surgirá de acá.
Cuántas reglas y normas pueden dejar nuestro camino de seguimiento de Jesús -que se expresa en lo cotidiano de la vida- en la apariencia, lo que también da muchos beneficios.

qUE nuestros actos expresen verdad... que este sea nuestro deseo.

Y que el "NO" que muchas experimentamos no nos asuste ni nos lleve a tratarnos mal porque Dios no solo lo comprende... sino que además lo perdona y lo vuelve posibilidad.
El NO de ayer -a servir, a perdonar, a vivir de una manera distinta, a soltar algunas cosas que dañan-  no nos ata definitivamente; creamos en el poder que tiene el simple SÍ de hoy, capaz de hacer desaparecer los no anteriores.

Solo conocemos de Dios lo que vivimos.
Que nos anime el sabernos de camino.

Que no nos desaliente el descubrir que nuestras palabras no siempre son acompañadas por nuestra vida... o el percibir que muchas de nuestras acciones no responden a actitudes fundamentales. 

Tal vez esta verdad que nos acompaña no sólo es posibilidad de seguir caminando sino que también puede ser la posibilidad que se nos da para reconocer a aquellos que hoy tal vez nos llevan la delantera... y que a lo mejor nosotros hemos dado por perdidos.