lunes, 13 de abril de 2026

"Y JESÚS resucitará en medio nuestro." Jn 20, 19-31

Habían escuchado el testimonio de la Magdalena. Pedro como Juan habían visto el sepulcro vacío y habían creído. No obstante, la comunidad permanece encerrada y con temor... tal vez pensando de ellos que, el dolor los había confundido y los hacía imaginar cualquier cosa.

Que difícil se hace ESPERAR -permanecer, confiar- en medio de la contradicción y la oscuridad sin que la angustia lo domine todo, sin buscar culpables, sin que la ansiedad marque las decisiones; y escaparse de esa angustia hacia un activismo que nos vuelve más intolerantes o buscando llenarla con cosas que más nos vacían.
Necesitaremos re-aprender muchas veces lo que significa ESPERAR aun cuando no comprendamos "de inmediato" lo que ocurre... 
ESPERAR y no querer cambiar las cosas según nuestra voluntad... esperar habiendo perdido el control.

Y de manera muy sencilla se hace presente Jesús, trayendo paz a esa comunidad "de puertas cerradas", y como señal de identidad les muestra las manos y el costado... 

TODO ESTÁ ALLÍ. NO HAY NECESIDAD DE PALABRAS.
TODO EL CUERPO DE JESÚS ES UNA NARRACIÓN DEL AMOR QUE HA PERMANECIDO.
DIOS HA SIDO FIEL. DIOS ES FIEL.
MOSTRANDO ASÍ QUE NO HAY NINGÚN SUFRIMIENTO NI NINGUNA LÁGRIMA QUE NO LLEVE DENTRO VIDA.

Y Jesús se hace presente de una manera sencilla - no hay nada espectacular-, solo unos gestos que son capaces de abrir y transformar aquella situación de encierro y duda en la que están.
Tal vez esta sea la luz desde dónde mirar nuestra propia resurrección... nuestras propias transformaciones.

Como aquella comunidad cristiana también nosotros somos un pueblo herido, por momento angustiado, y con mucho miedo a sufrir, que reacciona muchas veces rechazando, que buscando defenderse levanta barreras... etc... pero si sé acepta lo de Dios que está como una semilla muy pequeña en cada uno, se transforma en una comunidad que es capaz de descubrir en los límites y sufrimientos un potencial de sanación para los demás... todo se convierte en una "puerta de esperanza".

Y como si estuviese terminando la creación, Jesús "sopló sobre ellos" haciendo de la pascua un PENTECOSTÉS... dónde la comunidad recibiendo la palabra de envío es invitada a abrirse... a salir de ella: -"Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes"...
Son invitados entonces a ir hacia los demás -hacia todos los demás- y para ello tendrán que dejar de estar a la defensiva soltando el miedo a los demás -porque no se puede servir bien a quienes se teme-... y la pascua se vuelve MISIÓN.

Y la PASCUA, se vuelve también DON DEL PERDÓN... un don que crea a la comunidad y le da su forma... "hemos sido creados en el perdón porque hemos sido creados en Dios"... de tal manera que será "Comunidad discípula del Resucitado" si hace presente y expresa siempre PERDÓN.

Tomás, llamado "el Mellizo", uno de los primeros compañeros de Jesús, uno que participaba de aquella comunidad desde los inicios... no estaba en el grupo que habían recibido el anuncio de la Magdalena ni la visita de Jesús.
Y ante el testimonio de los demás, Tomás parece no fiarse, no tanto tal vez porque necesita verlo sino porque tal vez Tomás tiene ya dentro suyo una imagen de Jesús y eso le basta... una imagen tal vez muy espiritual - como si todo se tratase de una experiencia muy íntima- que tiene como consecuencia por supuesto el no compromiso con los demás... el no compromiso con la comunidad... porque esa experiencia no se identifica ni con los demás ni con la historia.

Y  después de unos días... "estando las puertas cerradas"... parece que fueron muchas las veces que así los encontró... parece que las cosas no fueron inmediatas... fueron preciso tal vez varios encuentros.
Cuánta más dolorosa ha sido la frustración 
más dolorosa será la apertura. 
Y después de saludarlos con la paz, Jesús le pide a Tomás que toque las llagas... que ponga sus dedos en las manos abiertas y que meta su mano en el costado abierto...  y en esas llagas que puede tocar... reconocer las propias llagas -las que mantiene seguras porque están ocultas, las que avergüenzan y bloquean la vida, dejándolo en la soledad y en la incomprensión más profunda. 
Y en esas llagas que puede tocar, reconocer también las llagas de los demás, que también puede tocar... las de los hombres y mujeres de toda la historia humana... las llagas de los rechazados, de los invisibilizados del mundo, de los ocultados en los asilos, de los heridos por la soledad, de los enfermos… llagas que reclaman compasión y acompañamiento... llagas que reclaman cercanía y liberación.

Creer en el Resucitado, no es tener una experiencia interior de una idea fantástica... sino que, CREER EN EL RESUCITADO SIGNIFICA VER  -experimentar- A DIOS EN LAS LLAGAS DE LOS HERMANOS para acompañarlos y hacerles la vida más vivible vendando sus heridas con la cercanía y la solidaridad.

En Jesús, Dios se identificó totalmente con la vida humana así como es - así como está-... y se hizo solidario en la soledad y en la impotencia... y "amando en lo extremo de la vida" mostró lo que está escondido como un tesoro en cada situación.

El Resucitado entonces, está presente en las llagas de los hombres y de las mujeres "de las manos rotas y abiertas" por la pobreza, por la enfermedad, por el desempleo, por la violencia... etc... etc.

El Señor de la Pascua vive, en las "heridas abiertas del costado" de tantos que se encuentran solos, o se encuentran descartados, excluidos o padecen el dolor insoportable de la pérdida de un ser querido.

Seamos como José de Arimatea en el Calvario,
o como las Mujeres yendo al sepulcro.
Con Jesús, SUBAMOS A LAS CRUCES y bajemos de allí a todos aquellos que encontremos.
BAJEMOS A LOS SEPULCROS dónde hay tantos que ya no esperan y con Jesús convirtamos esos espacios en puertas de esperanza.
 
Y RESUCITARÁ LA VIDA
RESUCITARÁ JESÚS
EN ELLOS... EN NOSOTROS...
EN MEDIO NUESTRO.
UNA VEZ MÁS... 
SIEMPRE.

SOLOS..., no encontraremos el camino.



domingo, 12 de abril de 2026

En tus llagas, las nuestras reciben ESPERANZA. Jn 20,19-31

"Había comenzado algo nuevo".
La Pascua les había abierto los ojos - Dios era cercanía -"Abba" que amaba - los otros tan humanos - hermanos.

"A ese hombre que había sido entregado... ustedes lo hicieron morir; clavándolo en la cruz por medio de los infieles... Pero Dios lo resucitó... 

Y TODOS NOSOTROS SOMOS TESTIGOS..." (cfr. Hech 2, 1-47)

A partir de la pascua de Jesús, los discípulos experimentaron que la vida tenía otro sentido (un por qué? y un para qué? diferente)... lo percibían en la libertad con la que iban viviendo... en el sentido nuevo que les daban a las cosas... en la manera nueva que tenían de relacionarse entre ellos.

¿Cómo callar esta experiencia?
Pero también, ¿cómo transmitirla?... de allí los relatos y las palabras con las que hoy nos encontramos que no buscan otra cosa que acercarnos a esa misma experiencia.


"Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos..."

"Encerrados" y "con miedo"... así los había dejado aquel viernes santo -a nivel personal y a nivel comunitario-; que ni el anuncio de la Magdalena había logrado hacer algo.
"Encerrados" y "con miedo"  que lleva siempre a dividir "los de adentro" y "los de afuera"... que lleva "a cerrar puertas"... levantar muros... volver absolutas normas insignificantes... todo para defenderse de aquellos a los cuales son enviados.

Pero seguir al Resucitado es seguir al "hijo del carpintero" que hace puertas y ventanas y no al "hijo del piedrero" que hace muros y paredes; por eso habrá que dejar que los miedos se aflojen y sean transformados en anuncios de vida... y se abran las puertas y con libertad y sin condiciones se acoja a los demás.

"Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a ustedes.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado..."

En medio de aquellas relaciones que iban dejando espacio a un modo de amar que no calcula y no pone condiciones... perciben que Jesús está porque "en esto reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros..." (cfr Jn 13, 35).

Y pueden dejar que las propias llagas queden expuestas porque TOCAR LAS LLAGAS DE LOS OTROS ES TOCAR LAS LLAGAS DE JESÚS... "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos lo hicieron conmigo..." (cfr Mt 25, 40)


Las llagas, abiertas y presentes en Jesús, son el más contundente testimonio de que, de nuestras propias llagas brotará también vida.
Sus "heridas abiertas" no acusan... traen PAZ... abren el horizonte... quita los miedos... libera de las miradas cerradas y estrechas donde las propias llagas encierran.
Y anuncian que toda lágrima... toda pena y angustia... todo dolor y muerte... toda entrega y abandono... han entrado para siempre en el camino de transformación iniciado por Él en la pascua.

Sus llagas -sus heridas- sus marcas son las nuestras...  tocar entonces nuestras llagas es entrar en contacto con lo más sagrado de nuestras vidas -con aquello que guarda como un "tesoro escondido"- con el "... AMOR derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado." (cfr Rm 5,5) 

"Soplo sobre ellos y añadió:
Reciban el Espíritu Santo..."

Pero Tomás "no estaba con ellos cuando llegó Jesús...", y su miedo a ser descubierto en sus dudas y en sus heridas más profundas lo llevan a descreer del testimonio de la comunidad... de alguna manera él necesita tener experiencia...

SÓLO EN COMUNIDAD PODEMOS PONERNOS EN CONTACTO CON EL VIVIENTE... porque si no, corremos el riesgo de que nuestra fe se vacíe de sentido...


Y allí está Tomás... y Jesús se hace presente -"porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre yo estoy presente en medio de ellos..." (cfr. Mt 18,20) e invita a dejar los miedos regalando paz aún en medio de las dudas...
Invita a Tomás a dejarse mirar y amar... a percibir que sus mayores heridas son comprendidas y amadas.

"Trae aquí tu dedo, aquí están mis manos...
Acerca tu mano, métela en mi costado..."

Jesús lo invita a entrar en su modo de estar y acercarse a través de sus manos atravesadas... en su manera de amar a través de su costado abierto.

Y a experimentar que, así como HAN PERMANECIDO SUS LLAGAS y están ahora llenas de vida y misericordia... así también SU AMOR HA PERMANECIDO...PORQUE DIOS ES INMUTABLE EN LA FIDELIDAD DE SU AMOR.

Tomás puede animarse a tocar sus propias llagas porque ahora son de Jesús...
La COMUNIDAD se ha transformado en lugar  y expresión del DIOS que ama desde siempre y para siempre... y también hoy.

Y las llagas de Tomás -que ejercían poder y exclusión para él y para los demás- quedaban vencidas por esa Incondicionalidad...


"Tomás respondió: SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO" 

Y podían permanecer ahora abiertas... y dejar que de ellas brote compasión y ternura para los demás.








domingo, 5 de abril de 2026

RESURRECCION. BUSCAR AL QUÉ ES LA VIDA. Jn 20, 1-9

Las "mujeres del alba" como los discípulos corren a buscar lo que habían perdido al mismo lugar de siempre.

En una tumba, en la oscuridad de los esquemas conocidos de cómo hay que vivir; en lo frío de los razonamientos o de eso que se considera justo; en lo sin vida de los encierros; en la dureza de las defensas que se levantan para evitar el encuentro; en la desolación o desencanto que dejan muchas veces los afectos...
 
ALLÍ SERÁ DIFÍCIL ENCONTRARSE CON LA VIDA.


Allí no encuentran nada, solo unos elementos que les dicen que allí a la VIDA no es posible encontrar.
Por eso, tanto ellos como nosotros ahora, tendrán que atravesar esa dinámica que está grabada en el corazón del "camino" humano: "SÍ EL GRANO DE TRIGO NO MUERE..."

La VIDA que estaba en ellos como está en nosotros no es posible encontrarla si antes algo no muere.
La tumba y los elementos encontrados no son más que anuncios de que existe una VIDA -un modo de entenderla y vivirla- que no se limita, que no está limitada a esta vida biológica, que no está limitada a lo que pensamos, a lo que sentimos ni a lo que podemos.

Pero como aquellas primeras discípulas y discípulos, nosotros también nos ponemos a correr - nos aceleramos dramáticamente - cuando algo nos quitan, cuando algo oscurece nuestro camino, cuándo sentimos que perdemos.

SI LA VIDA ESTÁ EN NOSOTROS, no hay necesidad de correr detrás de nada ni de nadie, todo momento no será más que un espacio para encontrarse con ella y con todo lo que allí guarda, de más vida.

Lo que mezquinamos a los demás es proporcional al espacio que buscamos llenar en las tumbas de los actos repetitivos y automáticos dónde nada encontramos.

Por eso será necesario entonces una decisión en la que le demos más valor a esa VIDA que llevamos dentro que a todo aquello que nos hace andar a las corridas.
Será necesario aprender a mirarnos de otra manera y desde otro lugar, agudizando nuestra atención interior, abandonando las prisas y creyendo más en los procesos.

Que muera -que se rinda- entonces ese que busca defenderse en los mismos lugares de siempre, sobre todo cuándo se encuentra con el límite. 
PORQUE, LA VERDADERA VIDA ESTÁ EN NOSOTROS.


 
“Santa María, mujer del tercer día, 
danos la certeza de que, a pesar de todo, 
la muerte ya no tendrá poder sobre nosotros. 

Que los días de las injusticias 
de los pueblos están contados. 
Que los destellos de las guerras 
se están reduciendo a luces crepusculares. 
Que los sufrimientos de los pobres 
han llegado a sus últimos estertores. […] 

Y que, por fin, las lágrimas 
de todas las víctimas de la violencia 
y el dolor pronto se secarán, 
como la escarcha bajo el sol de la primavera”.

(Oración del Siervo de Dios, el Obispo Tonino Bello)


El AMOR ha vencido. Mt 28, 1-10

La memoria del cuerpo de Jesús empuja a las mujeres a actuar comprando los perfumes para ungir el cuerpo de Jesús, y dirigirse de madrugada al sepulcro. La ausencia despierta en ellas el deseo y la búsqueda.

LAS MANOS 
Y LOS PIES HABLAN.

Para hacer experiencia del Resucitado tendremos que ir detrás de las huellas de las mujeres.

Las vemos llegar al sepulcro y se encuentran con la piedra quitada y la tumba vacía… y reciben el anuncio: El Crucificado no está aquí. ¡Ha Resucitado!
Ante el anuncio las mujeres pierden de repente toda capacidad de acción; se quedan paralizadas… y huyen y no hablan.

El puedo vivir sin ese peso que ha marcado mis opciones.
El puedo vivir sin la queja que nubla todo nuevo comienzo.
El puedo vivir sin echarle la culpa a los demás de mis estados de ánimo.
El “hay una alternativa”, es algo que realmente puede paralizar.
El que nuestra vida tenga posibilidades de vivir aún con esa situación es algo que realmente desconcierta.

LA VIDA SE ABRIÓ CAMINO. 
Habrá que buscarlo en otro lugar.
El sepulcro vacío es el anuncio de un nuevo comienzo.
No hay necesidad de embalsamar a nadie ni encerrar a nadie detrás de una piedra.

Entonces,
No está en lo cerrado del siempre se hizo así... o nosotros valemos más que los demás.
No está en los cálculos -dónde nuestras búsquedas personales están en el centro- que determinan hasta dónde hacer caridad o servir.
No está en esas cosas que parecen haber domesticado la creatividad.
No está en el control que cierra toda búsqueda.
    ¡AQUÍ NO ESTÁ!
Hay que ir a Galilea. Hay que ponerse en camino.
Hay que volver al lugar dónde todo comenzó. 
Hay que ir hacia dónde se desarrolla la vida.
En la vida…
¡ALLÍ LO VERÁN!
JESÚS RESUCITADO es el anuncio de que AMAR como Dios ama, vale la pena. 
JESÚS RESUCITADO es Dios dando la razón a los vencidos de la historia, a los humillados, a los débiles.
JESÚS RESUCITADO es el gesto con que el Padre da la razón al Hijo condenado y rechazado por los poderosos. Que dice que las palabras y las opciones de Jesús conducen a la vida.
JESÚS RESUCITADO explica cuál es el sentido de nuestra esperanza.

Con Jesús RESUCITAN los perdidos, los derrotados, las víctimas de la opresión, los explotados, los ancianos descartados, los niños golpeados y abandonados, los jóvenes en consumos problemáticos dados por perdidos, los sufrientes de la guerra que abrazaron la muerte en el desamparo y el miedo.

En un mundo donde parece que el “no te metas” gana la calle.
Dónde la duda y la comodidad son fuertes.
Con el Resucitado RESUCITAN los que luchan contra la injusticia; los que están de parte de los más pobres; los que son voz de los que no tienen voz.


JESÚS RESUCITADO rompe el círculo del odio que engendra la venganza.
Y con él RESUCITAN los que trabajan por una convivencia más fraterna… los que creen en la debilidad inquebrantable del amor… los que rechazan la violencia y eligen vivir desde el perdón.

En JESÚS RESUCITADO resucitan los tercos “incurables” de esperanza… que son capaces de no dar nada por perdido en las historias humanas.

Resucitan los “locos” que se niegan a participar en los juegos sucios del poder y del engaño.
Resucitan los pequeños que no buscan defenderse detrás de las barreras del chisme y de las intrigas y abrazan la simplicidad de la vida con un corazón abierto.
Resucitan los "franciscos de asís" de este tiempo que no ponen condiciones para construir con los demás -con todos los demás- una historia más fraterna y solidaria.
Resucitan los que siguen buscando optar por la vida, junto a los demás...

Sorprendidas… de seguro sabemos que las mujeres se fueron a Galilea.
A la vida cotidiana… 
con la posibilidad de ir resucitando en cada momento.



“Santa María, mujer del tercer día, 
danos la certeza de que, a pesar de todo, 
la muerte ya no tendrá poder sobre nosotros. 
Que los días de las injusticias 
de los pueblos están contados. 
Que los destellos de las guerras 
se están reduciendo a luces crepusculares. 
Que los sufrimientos de los pobres 
han llegado a sus últimos estertores. […] 
Y que, por fin, las lágrimas 
de todas las víctimas de la violencia 
y el dolor pronto se secarán, 
como la escarcha bajo el sol de la primavera”.

(Oración del Siervo de Dios, el Obispo Tonino Bello)


viernes, 3 de abril de 2026

Sobre el madero de la Cruz... Jn 18, 1–19, 42

 
“Todo está cumplido”, 
e inclinando la cabeza, entregó el espíritu...

Y la Palabra se hizo silencio. 
Hasta su "espíritu" ... todo cuanto tenía para vivir.
Muere, como vivió... siendo el "entregado del Padre".

Su actitud vital frente a la muerte, como frente a la vida, nos habla de cómo es Dios y también nos habla de nosotros mismos... de que es posible llegar a ser plenamente humanos aprendiendo a Amar ... aprendiendo a aceptar las limitaciones y miserias de toda vida humana...aun la traición que vino desde dentro.

Hoy celebramos una entrega, no celebramos un sufrimiento.
¡Cuánta insistencia en el sufrimiento seguimos sosteniendo!
No es el sufrimiento de Jesús lo que nos salva.
Es su actitud de entrega sin límites...  es su Amor aun en la cruz.

La cruz, nos aporta la certeza de que es posible amar hasta en los extremos de la vida... de que no hay excusas para no hacerlo.

Por eso, lo que nos salva, no es si el Padre quiso o no quiso la muerte de su Hijo... o si la recibió como pago de nuestros pecados... etc.

Jesús, al permanecer en su decisión de amar, no sólo que lo hace creíble y digno de confianza, 
sino que además le aporta al amor, toda autenticidad.

De esa manera, al afrontar la pasión sin resistencias, aceptando lo que se le presenta, entregándose... ha desarmado toda oscuridad... le ha quitado a la muerte todo poder y toda tragicidad... ha transformado las heridas de la muerte en aberturas por dónde puede fluir la vida.

Toda situación humana, en Jesús, ha sido alcanzada; porque 
"no hay nada dónde Dios no ha amado".

Por su solidaridad con toda la humanidad, se convirtió en el hambriento, en el sediento, en el preso, en el enfermo, al que tenemos que auxiliar.

"Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen"

Allí dónde nosotros cerramos... allí donde nosotros, podemos llegar a herir hasta aniquilar... Jesús responde dándose todavía más.
Perdonar es seguir dando...
Su perdón es resurrección.

Su perdón no justifica ni disimula el mal. 
Permanece "no violento", en medio de nuestros arrebatos.
Desarmado se hace perdón... y de esa forma nos libera de ese círculo de culpas, venganzas y vergüenzas, que nos asfixia.
No sabemos lo que hacemos, cuándo nos negamos a recibir este perdón.

No sabemos lo que hacemos, 
cuándo no sabemos quiénes somos.

Tampoco sabemos lo que hacemos, cuándo seguimos clavando letreros y rótulos a las personas, cómo aquel otro cartel que pendía de la cruz.
Y tampoco sabemos lo que hacemos, cuándo estamos sordos al “tengo sed” - de vida, de respeto, de dignidad, de mirada, de reconocimiento, etc- de tanta gente alrededor nuestro.

La Cruz - el Crucificado - el que "pende de un madero" - el "Inocente"... nos recuerda hoy quienes somos... 

Atrayéndonos busca despertarnos a nuestra verdadera esencia... a nuestra verdadera identidad... 

Somos don, espacio, capacidad... para que Dios se siga dando.


"TOMÓ el pan, lo PARTIÓ y se lo DIÓ a sus discípulos..." Jn 13, 1-15

 
"...se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos..."
 

El Señor se hace siervo...  el Grande se hace esclavo... Dios a los pies de la humanidad... no para mostrar nada... sino para volver a recordarnos dónde podemos encontrarlo... hacia dónde caminar para encontrar "Verdadera Vida"... una Vida con sentido.

Los gestos de Jesús son simples, iluminan y rompen con esas pretensiones de poder que a veces llevamos dentro... o esa búsqueda de querer estar por encima de los demás o de creernos mejores... o de buscar algún tipo de beneficio con lo que se hace... 
Los gestos de Jesús, cambian la manera de ejercer la autoridad en medio nuestro... dónde el que tiene más poder, más servidor se tiene que hacer... y más humildad tiene que aprender.

Los gestos de Jesús son gestos gratuitos... no hay doblez en ellos... no buscan engañar a nadie... son fáciles de aceptar o rechazar... no se hacen pensando en lo que recibirán... sino en lo que dan -un sentido nuevo para la vida-... en la posibilidad que buscan despertar... por eso no hay cálculos ni medidas.
  
Son gestos de una apertura tal, que no generan dependencias -después de ellos los discípulos tuvieron que seguir eligiendo si seguirlo o no-; ni buscan manejar la vida de nadie, porque Jesús es una persona libre, y libre para darse de un modo nuevo, dónde Amar cómo Dios ama, lo es todo... por eso, no tiene nada que demostrar ni nada que defender. 


Sus gestos, son cómo el pan que se parte...

Son esos gestos dónde toda la persona queda entregada y totalmente disponible... 

Una vez que el pan se partió es para repartirse... es para darse... no es para ser almacenado -porque con el tiempo se pudre-; ni tampoco para que algunos agarren todo, dejando a algunos sin nada.

Todo en Jesús, fluye en una misma dirección, no hay doblez y no hay necesidad de explicación.

Son gestos de una verdad que viene de lejos y de adentro... huelen a hogar -su presencia genera que la gente se sienta recibida, aceptada, valorada, sin miedos a mostrarse tal cómo son-  son gestos que crean HOGAR... 

Son gestos que, por ser incondicionales –porque son sólo amor- e inclaudicables –no se agotan ni se cansaran jamás de nosotros-, son capaces de sostener nuestra precariedad en la fe, cuando hoy decimos sí creo y al momento decidimos -vivimos- cómo si no creyéramos –como los impulsos de Pedro-… 
Y son también capaces de sostenernos, desde dentro, en la desnudez del corazón cuándo hemos sido capaces de traicionar los valores más sagrados en los que creíamos –como Judas-… 
Son gestos que hablan de perdón y de segundas y terceras y cuartas, y nuevas oportunidades.

Son gestos libres que han elegido no esperar ni reclamar nada para sí... están desnudos de todo poder y de toda ambición… totalmente desprovistos de la intolerancia y de la impaciencia.

Son gestos para la vida... 
capaces de transformar
las heridas en don, en servicio y en disponibilidad
el individualismo en fraternidad
la ofensa en perdón
la cerrazón en apertura
la indiferencia en servicio
"mi pan" en "nuestro pan"


Son cómo el vino que se derrama...

¿Quién puede comprender tanto derroche?
¿Quién es capaz de recoger la vida que allí se entrega?
¿Quién es todo lo libre para hacer suyos estos modos?






"Señor, 
que nuestra vida sea 
cual una quena simple y recta, 
para que Tú puedas llenarla, 
llenarla con tu música."


domingo, 29 de marzo de 2026

LO QUE SALVA ES EL AMOR. Dar la vida, transforma el corazón. Mt 21, 1-11

Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén; decide ir por el camino de darlo todo y de no reservarse nada para sí aun en medio de la aceptación o del rechazo... como si este fuese el último recurso para que pudiesen comprender la novedad del Reino.

Y entra a la ciudad no como un príncipe guerrero dispuesto a conquistar con la fuerza sino como un rey pacifico... pobre y expuesto a todo comentario y rechazo.
ES UN GESTO PROFÉTICO.

¿Quiénes entendieron el signo?
Escuchando a la gente que lo recibe aclamándole como "Rey y Mesías" da la sensación que le gritan a otro tipo de Mesías.
Qué lejano podemos poner a Dios cuando queremos seguir alimentando nuestras expectativas o nuestros modos de entenderlo... cuando la verdad parece no entusiasmarnos demasiado.
Cuánto más lejos, más inconscientes vivimos.

Ante las falsas expectativas de algunos que solo le entusiasman las conquistas... ante el rechazo o la indiferencia de otros... ante la incomprensión de los propios discípulos... Jesús permanece en la decisión de ir hasta el final en su decisión de "Amar como Dios ama"...
SÓLO SERÁ AUTÉNTICO SI NO SE CORRE.

Y a los cantos de adhesión le seguirán los gritos de "crucifícalo"... las palmas y mantas se cambiarán por una cruz y unos clavos... a las expectativas frustradas le seguirá la crueldad de la cruz.
Seamos conscientes de cuánta violencia pasiva se esconde entre nosotros porque nos sentimos defraudados, o despechados o frustrados por algo o por alguien.
Y a cuánta gente rechazamos por menos.


¿Cómo interpretamos semejante desenlace?
Atendamos a esto... porque la interpretación que hagamos de la pasión de Jesús determinará nuestro modo de ser cristianos... más aún... nuestro modo de alcanzar mayor humanidad.

Comencemos por darnos cuenta de que tal vez hemos reducido la pasión de Jesús a un simple recuerdo de algo que por momentos nos hace sentir culpables... o nos emociona... centrando nuestra atención en el dolor o en el sufrimiento o en el pecado... volviendo a quedar nosotros en el centro de atención.

O tal vez, seguimos pensando que la pasión de Jesús es iniciativa de un Dios que quiere el sufrimiento de su Hijo para salvarnos... o cómo pago de nuestros pecados... como si Dios necesitara de sangre para perdonarnos (¿cuánto sacrificio hacemos creyendo que Dios nos escuchará más porque hacemos eso?)... vivimos y nos culpamos cómo si nuestros pecados tuviesen algún poder sobre Dios... creyendo que Dios se enoja cuándo nos equivocamos.

Para acercarnos a una lectura de la muerte de Jesús que no cierra todo al sufrimiento, es necesario dejarse iluminar por sus palabras... por sus gestos... es necesario mirar como él vivió: dando vida... poniéndose al servicio... no condenando a nadie... rescatando dignidad... poniéndose siempre de parte del más débil - del más pobre - del que no cuenta. Y esto lo hizo no de cualquier manera sino dándose... haciéndose DON PARA LOS DEMÁS.

Jesús muere entregado como vivió entregado. 
LO IMPORTANTE ES LA ACTITUD VITAL CON LA QUE VIVIÓ 
CADA MOMENTO DE LA VIDA... Y DE LA PASIÓN.

Muere, cómo consecuencia de su opción de vida... de su humanidad atravesada por un "Amor que vale más que la propia vida"...

Muere, por permanecer en una Verdad que desafío un sistema de creencias, que anulaba y excluía personas...

Muere, porque molestaba su forma de entender a Dios... "un Dios al servicio de la vida del hombre" liberaba personas de cualquier búsqueda de poder.

Muere, expulsado y fuera de las murallas de Jerusalén, identificándose, aun ahí, con los rechazados y excluidos de todos los tiempos... para que se alce otra voz en medio de esa situación: "¿Se olvida una madre de su criatura...? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! Yo te llevo tatuado en las palmas de mis manos..."  Is 49,15-16

Muere, para decirnos que el Amor de Dios no se aleja jamás de nuestras vidas... que Dios es Fiel aun en medio de nuestros rechazos.

Creer esto te hace amar la vida, y crea un modo nuevo de vivir, dónde no hay lugar para dominar ni oprimir ni controlar a nadie, ni juzgar a nadie... ni aun teniendo buenas razones para hacerlo.
Creer esto, te hace amar la vida, y la vida de todos (no sólo de los que te agradan), creando así un modo de vivir dónde el darse a los demás –perdonar, mirar de otra manera, servir, escuchar, consolar, etc-, aun en medio de la debilidad y dolor, nos hace más verdaderos, más humanos... y nos hace felices porque estamos siendo lo que somos: DON.
Pero nosotros buscamos que la vida nos sirva de algo... 

"...y hagan del amor la norma de sus vidas,
a ejemplo de Cristo que nos amó y se entregó
así mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio..." Ef 5,2


COMPARTIR LA PASIÓN DE JESÚS, no es subir a la cruz con Jesús, sino en vivir pendiente de aquellos que todavía permanecen en la cruz, y ayudarlos a bajar de allí.

Compartir la pasión de Jesús es darle la  bienvenida a quienes el mundo rechaza.

Lo que nos salva no es la cruz, sino el Amor.
La cruz aporta una sola cosa:
AMAR ES POSIBLE EN TODA CIRCUNSTANCIA.
NO hay excusas.

CREER ASÍ. VIVIR ASÍ. AMAR ASÍ,
TRANSFORMA CUALQUIER CORAZÓN.