domingo, 28 de junio de 2026

DIOS, UN GRAN PROBLEMA. Mt 10, 37-42

Acercarnos a la Palabra es percibir que el Dios de Jesús es un gran problema para nuestra humanidad... humanidad que habitualmente busca tranquilidad y que nada la incomode... o al menos sentirse conforme consigo misma.

La llamada que nos viene del evangelio nos sensibiliza aún más con respecto a nuestra fragilidad... a nuestras constantes metidas de pata... por ende, no es para nada una garantía de tranquilidad.

Podemos sentir en nosotros que la propuesta de vida que nos viene de Jesús nos atrae pero al mismo tiempo nos genera muchas resistencias.
Vamos descubriendo con el tiempo que ir detrás de él no es un camino lineal - sino que es un camino hecho de idas y venidas... de divisiones internas... de lentas adhesiones.

Que fácil que resulta seguir a un Dios que viene a resolvernos los problemas... o nos tranquiliza la conciencia con el perdón... o nos protege de la soledad...
Pero qué complicado resulta seguir a un Dios que busca que nos identifiquemos con sus modos de amar... con sus maneras de perdonar... con su pasión por el servicio... invitándonos desde dentro... habitando en nosotros... contando con aquello que nosotros muchas veces queremos negar: nuestra fragilidad.

Somos invitados a QUERER Y AMAR LO QUE DIOS QUIERE Y AMA descubriendo en primer lugar que con estas posibilidades está hecho nuestro corazón.


Pero nosotros seguimos identificando esto con algunas formas que solo nos tranquilizan... quedándonos así con lo menos verdadero.

Cómo nos gustaría pararnos algún día frente a Dios y decirle que ciertas cosas no estaban presentes en el programa cuando decidimos creerle... o que algunas cosas no las sabíamos al momento de elegirlo.

Ir detrás del Dios cristiano supone atravesar una crisis donde la opción por Jesús se vuelve pregunta personal sobre aquello en donde hemos fundamentado la vida... que es lo que priorizamos en nuestra vida… de donde sacamos nuestra verdadera fuerza...  que es lo que alimenta nuestra esperanza.

ÁMEN más allá de los límites familiares... pero nosotros seguimos sosteniendo que lo más es la familia.
EL REINO DE DIOS ES LO MÁS… LOS MODOS DE AMAR DE JESÚS SON LO MÁS.

Cuántas relaciones de familia siguen siendo asfixiantes para sus integrantes.
Cuánto amor de familia sigue siendo posesivo, buscando una exclusividad enfermiza… cuánto chantaje sigue habiendo en el afecto de nuestras familias buscando –eso dicen- el bien de los demás.
Cuánto amor de familia no es escuela de buen trato a todos.
Cuánto amor de familia somete – aísla – y no enseña que el valor de la vida está en el servicio y en la misericordia a todos – sobre todo a aquellos que más sufren.

¿Cuánto amor de familia enseña que la debilidad es oportunidad – que los más débiles son Jesús? 
El amor de familia debería ser la escuela que enseñe que nuestra humanidad crece en la medida en que el corazón se ensancha cada vez más para que entren otros -los más lejanos, los más pobres, los que nadie tiene en cuenta, los que son mal vistos- y de esa forma los vínculos más cercanos serán más verdaderos.


AMAR MÁS ALLÁ DE NUESTROS VÍNCULOS FAMILIARES es haber comprendido que el sentido de la vida –en cristiano- pasa por GASTAR LA VIDA EN FAVOR DE LOS DEMÁS.

Y que cuánto más gratuito es eso más ha crecido en nosotros la consciencia de que todo ha sido don en nuestras vidas.
Solo el que cree que tiene derechos… el “desagradecido”… se apropia y somete y es cruel con los demás.

Es mucho!!! es demasiado riesgo... grita nuestro corazón “miedoso” que prefiere contentarse con menos... que prefiere que todo esté tranquilo y cómodo... que no quiere diferenciarse del resto aunque se crea único.
Es mucho lo que se nos pide... no es posible!... grita el corazón que se encuentra muchas veces no sabiendo que creer o que es lo quiere realmente.

El EVANGELIO de JESÚS es una gran invitación a la libertad y a la responsabilidad personal.

Vivir en clave de libertad y responsabilidad es sabernos creadores de nuestra propia vida.
Es hacernos cargo de lo que nos pasa - aún de los sufrimientos - sin echarle la culpa a nadie por eso... es salir del lugar de la víctima.

Vivir en clave de libertad y responsabilidad es saber que es fatigoso elegir desde lo más verdadero que somos... y que muchas veces la soledad nos acompañará.
Es hacer el esfuerzo por preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos... o desde donde estamos viviendo y eligiendo... es romper con la comodidad que calla toda inquietud... es renunciar a vivir solo respondiendo a los propios impulsos.

Vivir en clave de libertad y responsabilidad es haber descubierto que todo en nosotros es proceso... supone tiempo... y que nada nos sale de una vez.


Y que no podemos “mejorarnos” solos, por eso tendremos que salir muchas veces de ese “aislamiento”  donde los otros se han convertido en molestia y no es posibilidad para seguir creciendo.

Es renunciar a vivir el día a día como siempre... sin pensar.
Vivir en clave de libertad y responsabilidad es dejarse llevar por la gratuidad que se expresa en los pequeños gestos (no siempre bien valorados)... es aprender que significa vivir en clave de desmesura – en clave de escucha, de servicio y de solidaridad… porque

                          “el que los reciba a ustedes me recibe a mí, 
                          y el que me recibe recibe al que me ha enviado…”





martes, 23 de junio de 2026

Bendita confianza que nos arroja. Mt 10, 26-33

 ¡No tengan miedo!
nos dice Jesús reiteradamente.

Y cómo no hacerlo cuándo nos sentimos amenazados en aquellas cosas que deberían, de alguna manera, estar seguras... cómo por ejemplo, el cuidado amoroso de quienes dicen amarnos cuándo se experimenta chantaje o violencia... o cuándo desconocemos las reacciones de esas mismas personas frente a nuestras equivocaciones...etc.

Qué difícil transitar otros miedos más recientes cuándo hemos sido heridos justamente allí dónde tendría que haber habido una palabra incondicional, una cercanía inquebrantable.

Cuántas veces sentimos que el miedo nos gana. Miedo a perder lo que tenemos, a ese lugar que logramos con tanto esfuerzo y dedicación; miedo al que dirán, que condiciona entregas y creatividades; miedo al futuro que no podremos jamás controlar; miedo a no ser suficientes, sintiendo que nada alcanza;  miedo a que nos dejen solos, perdiendo de esa manera lo que nos daba seguridad; etc.

Es cómo si las situaciones de la vida nos volvieran a golpear en los mismos lugares de siempre.
¿Será posible otra mirada? ¿De dónde el "no tengas miedo" de Jesús?

Creo que es posible mirar "esos nuevos golpes" de otra manera... tal vez cómo posibilidades dónde volver a ponernos en contacto con lo que nos quedó en el camino atrapado en aquellos miedos más primordiales.

Es verdad que, para eso sera muy necesario poner en perspectiva lo que está pasando... y descubrir que no todo depende de nosotros... que dentro, con nuestros demonios, no estamos solos... será necesario volver a poner nuestra vida en relación con ese Dios que sostiene, acompaña, recrea, perdona y transforma.

Creo que Dios nos quiere completos... con todas las partes de nuestra historia -de nuestra vida- iluminadas, reconciliadas, abiertas a que surja lo mejor de nosotros... 
que no es otra cosa que lo que el sembró en cada uno de nosotros: JESÚS.

Instalados en el miedo, nos volvemos rígidos, controladores, calculadores, demandantes y tremendamente posesivos.
Confundiendo actitudes verdaderas, de entrega y servicio, con necesidades muy básicas.

Descubramos que, el reverso del miedo es la pregunta por el lugar que tienen las cosas, lo que hacemos, las demás personas, en nuestra vida... es la pregunta por aquello que creemos le dará valor a nuestra vida... es la pregunta sobre quién tiene nuestra confianza absoluta, total... a quién le hemos confiado la vida.

La confianza es un camino de regresos... es un itinerario de verdad... es andar despacio... es dejar de correr..
Es sentirse a salvo, aun en medio de la tormenta.
La confianza es un abrazo en medio de la desesperación. 
Son manos abiertas.
Es una mesa servida, con amigos, en medio del dolor.
La confianza es ese descanso de hogar, en medio de la violencia de la calumnia y el juicio.
Es una mirada que entiende, que libera de la ansiedad porque te saca del tener que rendir.
Es un entrar en la "tierra sagrada" de los demás, sin pretensiones ni prejuicios, con los "pies descalzos".

La confianza brota desde adentro... cómo de una fuente... fluye en lo que somos, en lo que decimos, en lo que hacemos.
Nos hace auténticos... nos hace felices.

Bendita confianza que nos arroja...
porque en buenas manos estamos.

lunes, 22 de junio de 2026

Un camino hacia nosotros mismos... Mt 10, 26-33

"¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros..."

¿De dónde entonces esos miedos que nos paralizan?
¿En dónde se asienta esa confianza a la que nos invita Jesús en su Palabra?
¿Qué es aquello que ninguna situación ni ninguna persona puede quitarnos?

La CONFIANZA -de la que nos habla Jesús- es un DON – como el AMOR que él nos tiene-.  No es algo entonces que podamos conseguir con nuestros esfuerzos o con nuestros logros... es un CAMINO que podemos transitar.
Es un camino que tiene entonces como fundamento la certeza de que el AMOR DE DIOS no se correrá jamás ni nos abandonará aunque nosotros lo hagamos.
La CONFIANZA a la que Jesús nos invita surge de que DIOS ESTÁ... y que para saber esto no es necesario que todo esté bien o que todo esté tranquilo.

Necesitamos confiarnos a una PALABRA que no surge de nosotros pero que nos dice dónde está nuestra mayor verdad siendo esta la fuente de nuestra verdadera libertad.

Todos, con sus más o con sus menos… transitamos hoy ciertos miedos: miedo a caer enfermos; miedo a perder el trabajo; a no tener con qué sostener a nuestras familias; miedo al dolor; miedo a la muerte de nuestros seres queridos; miedo a perder un lugar, un rol; miedo al que dirán, miedo al conflicto, etc.

Y justamente es en medio de todos estos miedos que nos invitan a caminar hacia la Confianza… que no se apoya en un optimismo de que “todo saldrá bien”… sino que se apoya en la certeza de que porque Dios está… todo puede estar. 
 Pero también necesitamos descubrir que más allá de lo nos pasa existe en todos nosotros un miedo que traemos desde el mismo hecho de existir y que se muestra en todas las demás cosas que hacemos, que pensamos, que sentimos… sobre todo cuando nos resulta desagradable o inadecuado….  es esa sensación de no sentirnos “bienvenidos en la vida”. Cuántas veces, por las cosas feas y desagradables que pasamos, pensamos que mejor hubiese sido no haber vivido.

Es realmente una lucha a quién le queremos creer más… si a las voces que provienen de todas esas situaciones o a esa Voz que le ha dado a la vida la bienvenida diciéndonos que “todo lo del Padre es nuestro”… que su hogar es el nuestro.

Necesitamos descubrir que el temor o el miedo que paraliza surge de un engaño –de una ilusión- que nos cuesta mucho despertar.

Por eso el "no tengan miedo" de Jesús es el revés de la pregunta por nuestra identidad... por aquello en donde hemos puesto el valor de nuestra vida... o por aquello que creemos le da seguridad… es la pregunta sobre la Voz a la que hemos decidido confiarle la vida.

Por eso caminar hacia la CONFIANZA es un camino hacía dentro... hacía lo profundo de nuestras vidas...  donde las voces que escuchamos habitualmente dejan de tironear-nos... Donde las exigencias que provienen de las necesidades humanas de afecto, atención y consuelo dejan DE presionar.

Caminar hacía la CONFIANZA es regresar a ese lugar firme que nace del Sí dado por Dios a la propia vida (aunque no lo sintamos) liberándonos–como podamos, como nos salga, según el propio ritmo- de esa sensación de sentir que la vida corre peligro porque la propia imagen corre peligro. 

Volver a la tierra firme – elegir ese SÍ dado por Dios a la propia vida – es liberarse de esa manera de pensar que identifica lo que en verdad somos con lo que pensamos... o sentimos... o hacemos... o con lo que nos pasa.

Necesitamos dejar de correr… y descubrir que nuestro “verdadero hogar” es allí dónde estamos verdaderamente a salvo. 
Y este no está afuera ni a la par de ninguna situación por más favorable que sea.

Creer que somos la imagen que damos... haber puesto la seguridad en el prestigio conseguido o en el rol que ejercemos...  sentirnos valiosos o reconocidos por eso… 
o creer que nos quieren menos o nos cuidan menos por el sufrimiento que llevamos o por el dolor que padecemos.. nos hace andar con muchos miedos.

MIEDOS... TEMORES...
A perder lo conseguido... a no ser tenidos en cuenta... a que otros ocupen nuestro espacio... a ser olvidados... a desaparecer... etc.
MIEDOS... TEMORES... que van más allá de ese miedo frente a la amenaza real y concreta.

MIEDOS... que quitan libertad.
Que limitan nuestra capacidad de entrega.
Que frenan nuestra creatividad.

Tu verdadera Identidad es ser HIJO – ser HIJA.
Necesitamos aceptarla.
Y si la sostenemos en el tiempo… y nos instalamos allí, podemos vivir recibiendo lo que sea como una “inmensa oportunidad” para fortalecer esa IDENTIDAD que está más allá de las valoraciones que podamos recibir o de las culpas por lo no hecho o por lo no conseguido.

CONFiemos... confiemos en nosotros... si así lo hacemos estamos confiando en Dios.
Y esto no puede ser arrebatado por nada ni por nadie.
ES DON.

Entonces nada más alejado que usar a Dios para generar miedo o para conseguir adhesiones que no cuestionen ni busquen más allá de las formas establecidas.
DIOS CONFÍA EN NOSOTROS...
SU CONFIANZA ES UN REGALO.


Confiar en nosotros porque somos buenos o hacemos las cosas bien es por ende dejar de confiar en Dios.

domingo, 14 de junio de 2026

Todo lo nuestro, en Jesús... Mt 9, 36—10, 8

El evangelio vuelve a recordar que la manera de proclamar a Dios, es haciendo que los demás se pongan también en contacto, con esa vida nueva que todo lo atraviesa... desde la cuál todo fluye.

Las palabras de Jesús cómo un llamado a redescubrir nuestra misión en medio del mundo.

Creemos en el Dios de Jesús que nos envía a mirar de una manera... a sentir de forma diferente... a salir al encuentro.

Celebrar a Jesús en la eucaristía es misión. "Hacer esto en menoría mía", cada día, lo que Jesús hizo de una vez y para siempre. 

Una misión. Una llamada...
Dónde todo comienza con una escucha - una búsqueda - un encuentro.

          En unos y otros... en el pueblo pobre y sufriente que busca a Jesús, y en los discípulos, con las necesidades de cada uno y con las ideas de Dios que defendían... hay una búsqueda de algo más -tal vez, de palabras más verdaderas, de algo más auténtico, etc.-...  que los hacía estar estar abiertos a escuchar,  a estar atentos, aun a cosas desapercibidas ("un galileo predicador"); abiertos a dejarse sorprender,  a ser interpelados - cuestionados - en su indiferencia, en sus juicios, en su comodidad. 
Abiertos a una búsqueda - a ser salvados vaya a saber de qué -; y por eso mismo abiertos a recibir una  llamada... un algo que despertó en ellos tales inquietudes que, después no pudieron dejar de ir detrás de Jesús.

Cómo nuestros propios caminos, que vamos y venimos - dejamos y volvemos... dónde la necesidad de que algo se sane o libere... o que tenga sentido nos hace conectarnos con esa búsqueda de Dios... que nos lleva a dejarnos encontrar.


Jesús es una llamada a volver allí dónde somos acogidos - recibidos - cómo en casa; a sentirnos en nuestro hogar, libres de los mandatos o exigencias que vienen de fuera.

Jesús es una llamada a la autenticidad... a dejar de mentirnos o de ocultarnos frente a lo que hacemos; a no tener miedo.

Jesús es una llamada a vivir en verdad; y esto no cómo si fuese una exigencia moral, sino como expresión de lo que somos.


Jesús, es una llamada a participar de la Vida de Dios que está dentro nuestro, y que quiere darse al mundo "dando vida".
Es una llamada a mirar la vida desde los margenes... desde esa gente que lo busca por lo que sea.

Es una llamada a la compasión... 
a rogar con fuerza cuándo las situaciones nos superan...

Cómo aquella primera comunidad, necesitamos aprender a ver... aprender a escuchar...
Cuánta agitación interior, cuánta ansiedad llevamos dentro, porque no estamos viendo ni escuchando bien.

El haberlo visto... porque había espacio... los descanso de otras miradas.
El haberse dejado encontrar en esa mirada, los sereno... los conectó con lo más verdadero y esencial.
Y entonces pudieron escuchar... y la escucha se convirtió en camino... en seguimiento... en hacer aquello que Jesús había hecho en ellos.

No estamos llamados para estar bien entre nosotros... o para recibir consuelos... o para sentirnos bien... 
Somos mirados para aprender a mirar de esa manera...
Somos reconocidos, nombrados, para hacer lo mismo con los demás... 

Somos llamados, convocados por nuestro nombre, "reconciliados con nosotros mismos", para ser enviados a proclamar que Dios está en nosotros, y con nosotros trabaja por un mundo más humano y más fraterno.

Somos llamados a  "curar enfermos", liberando a las personas de tanto sufrimiento inútil por sentirse débiles o diferentes.  Acercándonos para compartir el peso de la vida que a veces desespera, o para escuchar con paciencia las heridas que traemos.

Somos llamados a "resucitar muertos", comenzando por reconocer la vida del otro, su existencia, su nombre, sus luchas... paso primero y esencial para su reconstrucción... 

Somos llamados a "limpiar leprosos", haciendo de la cercanía -sin juicios ni reproches- un espacio para la aceptación, para la verdad, para la libertad. 

Somos llamados a "arrojar demonios", buscando ser espacio dónde se ilumine lo que oprime, lo que atormenta... lo que hace sufrir... lo que violenta a las personas. 

Aprendiendo a comunicarnos de otra manera... estando atento a los detalles, al gesto, a los modos, al último comentario, etc... porque todo comunica, todo puede herir o sanar, liberar u oprimir... puede sembrar división o puede dar esperanza en que podemos caminar juntos.

En Jesús se ha recapitulado toda la vida humana. 
Todo lo nuestro, en él, se transforma en una ocasión, en una oportunidad, en una palabra, en un espacio, dónde volvemos a descubrir quiénes somos - de quién somos- y para qué hemos sido traídos a la existencia.

Llamados y enviados. 
siempre buscando
escuchando
para estar más disponibles
mas abiertos

más Jesús.


domingo, 7 de junio de 2026

En la MesA comPartiDa. Jn 6, 51-58

"Los judíos discutían entre sí, diciendo:
¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?..."


Acercarse a Jesús para aquellos hombres era como acercarse a un precipicio... tan seguros de sí mismos y de su relación con Dios que la invitación de Jesús les resultaba extraña y descabellada.

No sólo es condición para seguirle "el comer su cuerpo y beber su sangre" sino que además es la condición para tener VIDA... para que "él habite en nosotros y nosotros en él".

Escuchadas literalmente resulta un lenguaje duro y demasiado complicado para llevarlo a cabo.
No pueden descubrir que lo que está en juego es un proyecto de humanidad... un modo de vivir que se expresa en cómo se comparte el pan alrededor de una mesa donde todos son iguales... donde no hay diferencias y todos tienen lugar.

También nosotros, aún después de tanto tiempo seguimos sin entender a Jesús... que llega a ser plenamente pan cuando se abre totalmente.
Seguimos sin aceptar a un Dios que su ser más profundo es ser Don; y que hace de la mesa compartida un lugar de familiaridad, de inclusión y de perdón.

Tal vez nosotros, seguimos buscando en nosotros, razones por las que Dios se hace presente en nuestras vidas y de esa forma buscamos que siga satisfaciendo nuestros pequeños deseos de sentirnos buenos o calmando nuestros miedos frente a un futuro cielo que depende de cumplir con todo.

Como aquellos hombres nos seguimos quedando en lo literal de las palabras de Jesús sin tener en cuenta la pretensión de Jesús que es totalizar nuestra vida en torno a un proyecto de humanidad dónde pueden ser restauradas todas las relaciones humanas.

"COMER SU CARNE, BEBER SU SANGRE...",
no es otra cosa que hacerse uno con Jesús en la entrega y en la compasión... en el amor y en la misericordia... en el deseo de incluir a todos... algo que comienza asumiendo y aceptando lo que somos... algo que sólo el Espíritu puede hacer.

Tal vez convenga también preguntarnos: ¿Qué hemos hecho nosotros de la Eucaristía?
Cuánta preocupación seguimos teniendo por lo que podemos o no hacer en misa... por los que pueden o no acercarse a comulgar... etc... olvidándonos que esta mesa es expresión de la decisión de Jesús de estar a los pies de toda humanidad... al alcance de toda vida... descubriéndonos que somos uno... lo débil y lo fuerte es de todos.
Es posible que necesitemos hacernos conscientes de que tal vez  nos cuesta seguir creyendo en el sueño de una humanidad más hermana, más justa y más solidaria, que decide caminar junta... y por eso es mejor conservar esta mesa como si fuese un rito más del cual podemos desprendernos como tantos otros ritos que han pasado de moda.

"Quién come mi carne,
y bebe mi sangre tiene VIDA..." 
es expresión de la actitud existencial de una persona que ha decidido vivir en clave de Reino, es decir, en clave de fraternidad, de inclusión y de perdón con los demás... y esto supondrá un cierto desgarro, algún tipo de pérdida o de muerte.

Hacer Eucaristía es la comunidad que reunida alrededor de una mesa vuelve a recibir lo que es -aceptación agradecida de la propia vida-  y que sólo se experimentará si se transforma en gesto y en palabra de vida para los demás.

Hacer Eucaristía es Jesús que nos vuelve a gritar que lo mejor que nos puede pasar es vivir para los demás... que es allí justamente -cuando decidimos renunciar a esa pulsión de apropiación - cuándo la vida nos revela todas las posibilidades que lleva dentro.
Hacer Eucaristía es dejarse partir... es experimentar el paso de la tierra dónde se busca retener para sí a la tierra de la donación... es hacer pascua.

Comulgar entonces no es un acto de devoción sino que es un acto de seguimiento hacía dónde nos encontró Jesús... hacía abajo... hacía la pequeñez... dónde nadie queda afuera.
Comulgar es decirnos a nosotros mismos -"así quiero vivir"- partiendo mi vida - muriendo a lo que pienso, a lo que siento, a lo que hago- para que surjan los modos y las palabras de Jesús.


Comulgar es soltar las viejas imágenes de Dios cuando en alguna situación o en alguna persona nos cuesta ver a Dios porque DIOS ES AMAR.
Comulgar es descubrir que la vida no nos pertenece -es renunciar a toda apropiación- y que sólo dándonos nos hacemos "todo en todos".

"por la mirada podemos saber
con que alimentan su ser"






sábado, 30 de mayo de 2026

EspeJos del Dios faMIliA. Jn 3, 16-18

"TÚ ERES TRINO Y UNO. 
DIOS DE DIOSES.
TÚ ERES EL BIEN,
SUMO BIEN, 
TODO BIEN"

Celebramos hoy la Verdad de Dios que es el origen y la meta de nuestro Camino como peregrinos.
Allí en el interior DE Dios fuimos pensados y creados... y sólo allí nuestro corazón encontrará descanso y libertad.

Por eso celebrar a Dios "Uno y Trino" no es recordar un dogma que todavía nos resulta difícil entender sino que es dejar que una vez más esa VIDA que nos habita pase  por el corazón dejando que nos desinstalé... nos desapropie... nos siga poniendo en movimiento hacía lo que es más verdadero en nosotros y que nos hace crecer en humanidad.

Celebramos la Buena Noticia de Jesús - la de un Dios que es RELACIÓN - amigo de la vida - compañero de camino - la de Dios que es Amor y que sólo se lo conoce amando.
La de un Dios que es salida a los demás y que se lo encuentra en el camino hacia los ellos.


Dios es "con otros"
Dios es Comunidad.
Dios es Entrega.
Dios es Relación.

Pero cuántos sentimientos y emociones brotan de estas palabras a partir de las vivencias de nuestras vidas. Necesitamos hacer un gran esfuerzo para liberarlas de todo eso que ha atado “nuestra manera de ser familia, de hacer comunidad”  a situaciones que por momentos distorsionan nuestro diálogo, nuestro compartir, aun nuestra entrega… será un camino –una lucha interior- el ir más allá de lo vivido y encontrarnos que hemos sido hecho a imagen de un Dios que es apertura, diálogo, perdón, servicio, entrega.

Pero tal vez hay una tarea aún mayor que tenemos que hacer para encontrarnos con el Dios de JESÚS y es la de superar las imágenes distorsionadas  que seguimos teniendo de Él.


A quién le rezamos?
Al DIOS de JESÚS  o a esa imagen creada - fabricada - por nuestras búsquedas infantiles de seguridad y contención o creada por esa necesidad tan básica de que alguien nos haga sentir buenos.

El Dios de Jesús no es el dios que exige sacrificios o nos manda dolor y sufrimiento para probar nuestra fe.
El Dios de Jesús no es el dios que nos concede  lo que le pedimos porqué nos portamos bien.
El Dios de Jesús no es el dios que manejó con mis oraciones y ritos... o con mis promesas y peregrinaciones.
El Dios de Jesús no es el dios que juzga e imparte castigos... obsesionado por lo sexual... que espera agarrarnos infragantes.
El Dios de Jesús no es el dios todopoderoso que no quita el mal del mundo porqué no quiere.
El Dios de Jesús no es el dios intimista - de la religiosidad sin el otro - sin lucha o sin conflicto por la búsqueda del bien de los demás.



Celebrar a Dios en nuestras vidas es celebrar la presencia de un Dios que es AMOR... INCONDICIONAL que nos aMa por lo que somos y no por lo que hacemos.

Dios es AMOR - GRATUITO
donde todo es DON - donde todo es regalo y nada se comercia.

Dios es AMOR - LIBRE y CONFIADO
que hace soltar de nuestras manos todo cuánto nos encierra y ata - o nos culpa y amarga.

Dios es AMOR - ENTREGADO y POBRE
que no fuerza ni presiona - que da sentido a nuestras entregas que muchas veces no ven fruto ni encuentran reconocimiento.

Dios es AMOR - PROYECTO DE REINO
donde el encuentro con el otro convierte nuestras heridas en don y los gestos de compasión y de justicia transforman la vida.

Dios es AMOR - INQUEBRANTABLE
que nada de lo que piense... o sienta... o haga lo podrá romper.


Celebrarlo en la vida es estar deseando que toda ella- cada día más - sea un espejo de esa Buena Noticia.



domingo, 24 de mayo de 2026

CoN el cOmpaÑero del noVio..." Jn 20, 19-23

Un compaÑEro nos han DADO para el CAmino...


Esta es la experiencia que tuvo aquella primera comunidad... Alguien animaba sus vidas. Que todo era DON.
Presentían una Presencia que los invitaba a la apertura... a dejar el encierro y el miedo... a no darle toda la fuerza.
ESPÍRITU era llamada esa Presencia.

El Espíritu es Dios dándose a nosotros.
Es Dios habitando en nuestras vidas.


Es el AMOR en NOSOTROS.
Por eso el ESPÍRITU es RELACIÓN.
NO es un privilegio.

Al ser relación es principio de Libertad.
Al ser Libertad es principio de Unidad - de armonía - de la propia persona.
Porque solo nos relacionamos desde quienes somos.

El sabernos habitados -sin ninguna condición previa- nos hace libres.
EL SABERNOS AMADOS NOS HACE LIBRES.

POr eso la primera tarea del Espíritu en nosotros es hacernos personas íntegras... y libres de cualquier cosa que quiera someternos.
Miedos - mandatos culturales - el deber ser - el buscar caerle bien a todos - nuestros propios complejos... libres de ese sistema al cual quieres responder porque te deja calmado pero te vacía... libre de esas relaciones posesivas... de las adicciones... de toda rigidez...


El Espíritu viene a iluminar todo cuanto nos desintegra... nos descentra y esclaviza.
PARA QUE SEAMOS.

No tiene dones que darme porque es "Dios mismo el que se da"...
"Tú estabas dentro y yo fuera"... decía san Agustín.
Es ante todo un DON QUE SE RECIBE... que se reconoce... del cual no somos ni dueños ni podemos exigirlo... es don gratuito.

De ahí que quién se deja empujar por el Espíritu no busca apropiarse de los demás... es capaz de correrse... de apartarse para dejar vivir... para posibilitar camino... no necesita controlarlo todo...
SOLO EL INGRATO ES TIRANO.

Es capaz  -quién se deja empujar por el Espíritu- por el agradecimiento del don que ha recibido, de dejar la queja dando lugar a la transformación... al cambio... que viene de la mano de cualquier situación humana.

El Espíritu es "FUERZA INTERIOR"... desde adentro... desde abajo...
No esclaviza ni presiona.
Está preocupado por la VIDA.

Es FUERZA que integra lo diverso... Une lo distinto.
En Pentecostés todos llegan a entenderse... a abrirse a la escucha y al diálogo con la Palabra... porque Jesús había destruido los muros de separación.

Quién se deja empujar por el Espíritu es capaz de romper con las estructuras para abrir el juego... para incluir a más... porque todos tienen una verdad que manifestar.
ES UN SALVADOR DE LA RELACIONES.

Frente a nuestra pretensión de querer un orden único... frente a nuestros miedos que pretenden la uniformidad o el cumplimiento estricto de las normas... el Espíritu busca todos los modos... los diferentes lenguajes para hacerse entender... para unir en lo diverso.

Crea en nosotros una dinámica nueva que nos hace capaces de escuchar lo que va naciendo en la vida de los demás.

El Espíritu UNE EN LA LEJANÍA.
RECUERDA EN EL OLVIDO.

Pentecostés es VIDA FRATERNA...
Sin la escucha y sin la compasión rengueamos.
Solo la disponibilidad para ayudar a los demás -para expresarle mi afecto- nos hace más sensibles ante Dios.

Pero,  ¿cómo descubrirlo en nosotros?...
¿Cuáles son las condiciones para que esto crezca en nosotros?

La primera y más fundamental es crecer en la consciencia de estar habitados por ese Dios a quién llamamos Padre y Madre… y nos ama y sostiene y acompaña…
DENTRO NUESTRO NO ESTAMOS SOLOS/AS... con nuestros “demonios”… con nuestras sombras ni tampoco con las luces.
“Somos un fueguito” simplemente por estar vivos… no midamos esto por la percepción de la carencia o de la debilidad que podemos sentir.
Abracemos el hoy de la vida… seamos consciente del aquí y ahora aun en medio de lo que no gusta. NO nos vayamos con el pensamiento para adelante ni para atrás.
SOMOS PRESENTE… COMO EL ESPÍRITU ES PRESENTE.

La segunda condición será seguir descubriendo que los demás no son objetos para cambiar... ni escalones para ascender...  Animándose -como el Espíritu- a ponerse al lado para acompañar sin escandalizarse por las decisiones del otro... sabiendo esperar... sabiendo dar tiempo... rompiendo con los miedos que apuran, estropean, reclaman y tiranizan... porque la Vida de Dios que habita también en los demás es más fuerte. 


Y por último se animará a creer en la capacidad de dar sin fingimiento, no buscando nada a cambio... siendo capaz de permanecer dando aún en medio de la incomprensión.
Porque el Amor es cosa débil... no será nunca un trueque.
No impone, ni maltrata ni obliga.

ES CAPAZ DE ACERCARSE PARA QUE SURJA LO MEJOR EN EL OTRO. Porque es lo que ha experimentado que ha hecho Dios en su vida.