domingo, 23 de agosto de 2026

JESÚS. humanidad AMIGA de toda humanidad. Mt 16, 13-20

"Y USTEDES, 
¿QUIÉN DICEN QUE SOY YO?"

Estamos ante una de las preguntas que atravesó el corazón de las primeras comunidades.
Pregunta que así como los alcanzó a los discípulos en el camino y fuera del territorio hebreo, así también nos alcanza, cuando la vida se encarga de hacernos dar cuenta de que, "somos caminantes"; y esto sobre todo cuando irrumpe una situación que nos saca y nos aleja de lo seguro y conocido.



¿Quién eres Jesús de Nazaret, en esta situación que sigue golpeando nuestras vidas y nuestras familias?
¿Dónde estás en medio de lo que nos pasa?
¿Qué es, lo de Dios, en todo esto?

Qué difícil responder a esto sin confundir a Dios con nuestras propias expectativas, o con esa catequesis aprendida hace mucho tiempo, que solo ha generado más culpa y más miedo.
Que difícil cambiar la manera de mirar... y soltar formas de pensar que traemos de años.
Que difícil entrar en la confianza, abiertos a la escucha, dejando que la vida nos enseñe... y sobre todo cuando esta toca nuestros límites.

¿Dónde está Dios cuándo somos atravesados por el dolor? ¿Dónde está Dios en la situación de guerra que deja tanta humanidad expuesta? ¿Dónde está Dios en la precariedad en la que viven tantos hermanos nuestros?

¿Dónde está Dios en la tristeza de tantos jóvenes que ya se sienten cansados de vivir o se han entregado a la droga?
¿Dónde está Dios en la situación económica donde muchos siguen pensando sólo en ellos, hasta el punto de hacer ostentación de lo que tienen?

Tal vez, estas experiencias y muchas otras con las que nos encontramos, pueden acercarnos, como si fuesen "puentes", a lo que sintieron los discípulos con Jesús.

Los discípulos, hubiesen querido que lo prometido por Dios, se acercara a ellos bajo los rasgos que ellos manejaban desde siempre... respondiendo a las expectativas que habían aprendido.

Pero Dios, les salió al paso en este hombre Jesús, con unos modos y unos gestos, que lejos estaban de todo aquello que ellos habían aprendido.
Un Dios venido de Galilea... calzado con sandalias... amigo de publicanos y pecadores... durmiendo en el camino sin lugar dónde reclinar la cabeza.

Los discípulos, no pudieron comprender de una, la novedad que allí se les presentaba…

La novedad incomoda; y por ende se la rechaza de una… o se la intenta encasillar en lo que ya se sabe, cómo una manera de manejarla.
Sin darnos cuenta que lo mejor sería callar y aceptar no saber... y abrir las manos para recibir... descubriendo así que, en nosotros sólo está el deseo de... y no el realizarlo.

"EN EL CAMINO"...
en el lugar donde los pies dejan paso al corazón, Jesús comienza a preguntar sobre lo que la gente dice de él... no tanto porque le preocupara lo que la gente pensaba de él sino porque tal vez se daba cuenta de que sus discípulos no iban entendiendo nada. 
Ellos por su parte, sienten que pueden manejar aquella pregunta... trasmitir información es algo que cualquiera puede hacer... pero de repente esa pregunta es a la propia vida:

 "Y USTEDES, ¿QUIÉN DICEN QUE SOY YO?"
No es posible contestar con definiciones de catecismo o con frases hechas.
Somos obligados a inventar una respuesta que necesariamente debe surgir de la experiencia.
Es el momento donde sentimos que la palabra que damos nos compromete... solo sabemos de Dios lo que vivimos... 
Una respuesta. Y la vida, con él, se convierte inmediatamente en una cosa seria. 

"Pedro respondió: TÚ ERES EL MESÍAS"
Es como si hubiese dejado de lado todo lo que sabía y escucho... es como si la aceptación sentida y vivida junto a Jesús le hubiese dado la claridad para poder ver en aquel hombre de galilea -que hacía lo mismo que él hacía- al Dios que tantas veces había escuchado que acompañaba y salvaba a su pueblo.

Pero esta no era la meta a la que tenía que llegar. Tal vez Pedro pensó que habría aprobado los exámenes y que el camino terminaba con descubrir esto. Pero este era un punto de partida.
Había que comenzar ahora un camino donde el rostro de Jesús se le iba a ocultar cada vez más... 
Y tal vez por eso los hace callar, la comprensión de su persona como Mesías no será del todo verdadera hasta después de la pascua.

De seguro tiempo después, comprendieron que lo realmente importante no había sido saber esto o aquello de Jesús... ni siquiera el haberlo visto... sino que lo realmente importante había sido el aprender a mirar la vida desde una perspectiva nueva... donde sus gestos y palabras podían tener el mismo sentido que el de Jesús, el de abrir o cerrar la vida de las personas... haciendo que todo lo humano fuese siempre un espacio de posibilidad.

De ahí, las palabras que dirige Jesús a toda la comunidad, en la persona de Pedro, siendo él "expresión de unidad".
Palabras que invitan a dejarse llevar por esa fuerza que tiene la capacidad de abrir y cerrar... posibilitando vida donde hay muerte... confianza en la apertura frente a toda cerrazón... brindando ternura frente a toda dureza... 
haciendo del perdón un camino de libertad... 
brindando humanidad.
Hacer lo contrario es no ser comunidad. 
No ser Iglesia de Jesús. 
Es no ser Jesús. No ser más humano.

¿Dónde está Dios entonces hoy?
En la cercanía que se regala... en la preocupación que se brinda... en el ánimo que se comparte... en el servicio que se da... en la escucha que se recibe... en el cariño que sostiene… en la resistida esperanza.

¿Quién eres Jesús?
Tal vez nos sorprenda la respuesta:
Soy tu humanidad en camino.
Soy tu humanidad cuando se hace "samaritana".
Soy tu humanidad herida y pobre.
Soy tu humanidad atenta a todos.
Soy tu humanidad que ama y se deja amar.
Soy tu humanidad violentada y empobrecida.
Soy tu humanidad gritando justicia. 
Soy tu humanidad cuando comparte lo que tiene.
Cuando se pone del lado del más débil.

Soy tu humanidad que desea... que busca... 
que sufre... que ama... que sirve.
Soy tu humanidad amiga de toda humanidad.




lunes, 17 de agosto de 2026

el PAN de los HIJOS. Mt 15, 21-28

Qué mejor momento para "cambiar de aires" cuando se percibe en un diálogo que la mayor preocupación es la observancia exterior de leyes y normas... puede cansar mucho a una persona cuando solo se razona desde lo que "es correcto según la ley".

"Jesús partió de allí..." y habiendo estado hablando sobre lo puro y lo impuro... se retira  justamente a una tierra pagana... a un territorio marcado por la impureza... "al país de Tiro y Sidón."

Y será en territorio pagano que tendrá la posibilidad de oír, de labios de una mujer, una palabra nueva... una palabra cargada de libertad... una palabra que lo invitaba -como si fuera de su Padre- a ir más allá... más afuera... para que nadie quede excluido.

Y aunque el motivo para irse a esa región fuese solo el de apartarse, Jesús se vuelve a dejar encontrar por una mujer que se hace cuerpo y voz del mal de su hija.

¿Que no hacen las madres por sus hijos?
Serían capaces hasta de "mover montañas" si con eso se resolvieran los problemas de sus hijos.
Y lo hacen con sus cuerpos...
¿Quién de nosotros no ha visto el dolor de los hijos en el cuerpo de sus madres?

Y aunque en un principio -por el hecho de irse hacía esa región- parece que había superado la mentalidad de su pueblo... Jesús aparece en la primera respuesta al grito de la mujer como bloqueado todavía por el racismo religioso típico de los hebreos: 
- "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel"...

Es la mujer -el mal de la hija hecho confianza- ... que pone incómodos a los discípulos hasta el punto de que la quieren silenciar... la que romperá las barreras que separan y excluyen.

¿A quiénes hemos silenciado en nuestras vidas, en nuestras comunidades?
¿Quiénes nos gritan -desde sus necesidades- que los dejemos entrar?

Y sin desanimarse - aun habiendo sido tratada con dureza - aquella mujer insiste y no teme aceptar el lugar en donde Jesús la ubica...
- "No está bien tomar el pan de los hijos 
para tirárselo a los cachorros..."

Sin sentirse ofendida le da la razón a Jesús... el ejemplo de los perros le viene muy bien... desde allí logra llevar la atención de Jesús a "los cacharros"... porque ella no buscará el pan de los hijos sino el pan que cae de su mesa: 
- "¡Y sin embargo Señor, los cachorros comen las migas 
que caen de la mesa de sus dueños!"

Con un razonamiento muy creativo logra que aquella mesa sea una mesa para todos... donde unos y otros pueden ser atendidos al mismo tiempo... los hijos y los cachorros.

Y Jesús reacciona de manera sorprendente... logra cambiar su postura... se deja enseñar... escucha en las palabras de la mujer la "buena nueva" que él anuncia... donde el débil... el más pobre... el que no cuenta... al que nadie defiende... es invitado a sentarse a la mesa... a comer el pan... a reconocerse hijo.

Jesús se deja vencer por las palabras de aquella mujer.
-"Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo..."

Aquella Mujer se siente tenida en cuenta... se sabe valorada en su palabra... se sabe escuchada.
Es reconocida en su lucha... y en su confianza.
Es sanada en su propia marginación y dolor.

Se sabe liberada.
Y se hace portadora de libertad para su hija.
¡Cuántas situaciones de los hijos se sanarían
si las madres se encontrarán con ellas mismas!.

Seamos nosotros también enseñados por aquella Mujer...
Porque son muchos los que necesitan "ser escuchados"... contar con otros para alcanzar un poco de libertad... o un poco de dignidad en sus vidas.
Porque son muchos los que necesitan sentirse no condenados ni juzgados para encontrarse con ellos mismos y volver la mirada a Dios.
Son muchos los que permanecen lejos de nuestras comunidades por sentir la intolerancia con la que hablamos y juzgamos las situaciones de los demás.

Pero nosotros, muchas veces, seguimos siendo intolerantes; sintiéndonos superiores a los demás... buenos con los lejanos pero indiferentes con los vecinos.

Nos encontramos abiertos a recibir a los que vienen pero después, buscamos imponerles nuestros modos y nuestros gustos o enojándonos porque cuestionan nuestras formas.

Cuántas veces nos hemos encontrado con gente que ya no cree en nuestras comunidades ni se la pasa por la cabeza acercarse a alguna de ellas. Que difícil suscitar el deseo de venir a compartir la vida de Dios con nosotros cuando es más saludable estar lejos.

Que nos anime Jesús a romper formas de pensamientos -estructuras mentales- para "dar vida"...
Porque son muchas las carencias - los comportamientos inadecuados - que vienen a nosotros como gritos que pueden molestar como a los discípulos  pero que reclaman nuestra atención y ponen en peligro nuestra comodidad.
POrque son muchos los que reclaman ser tratados como hijos... sentirse en casa... compartir la mesa del pan -el material y aquel que no se ve- que es un Don para todos.


eN nuestro camino... al que encontremos perdido... luchando... excluido... abandonado... huérfano...
anunciemos-le con la escucha y el buen trato que en la mesa de Jesús también hay pan para ellos.







domingo, 16 de agosto de 2026

María, Madre solícita de la Visitación. "Festividad de la Virgen de La Peña"

Y nos permitimos, una vez más, ser visitados por la Virgen.
Y una vez más renovamos nuestra alianza con ella.
Y así como el peregrinar de la Virgen, hacia la casa de Isabel, fue una confesión de fe; así también nosotros al haber peregrinado, no hemos hecho conscientes de que siempre estamos de camino y con otros…
Descubramos entonces que somos portadores de una bendición… de una alegría que tiene como fundamento que Dios viene con nosotros.
Esa es la confesión de la Virgen… esa es nuestra confesión de fe.
El caminar de la Virgen fue un canto de esperanza… al igual que nuestro caminar.
Al caminar, anunciamos que creemos en la cultura del encuentro, en medio de la indiferencia y la división.
Anunciamos que la cerrazón nos empequeñece… y que la misericordia y la compasión engrandecen el corazón.

El caminar es ya apertura… 
es salida de lo estrecho, de lo siempre igual, de siempre los mismos… 
el caminar nos abre a la posibilidad para acoger, recibir, abrazar.

El encuentro de aquellas dos mujeres es el encuentro de corazón con corazón… su llegada es encuentro que se da en el Amor que las abrazo a las dos…
Esto mismo acontece en nosotros cuando somos capaces de estar ante Dios, así como estamos… así como somos…o cuando entre nosotros nos animamos a recibirnos sin prisas, sin prejuicios y sin condenas.
Su llegada anuncia, en medio de un mundo cargado de malos entendidos, que es más fuerte la hospitalidad, la acogida y la ternura.
Así como fuimos recibidos por Dios… así como Dios nos acogió en su misterio a través de la carne de Jesucristo…María es la mujer de ese nuevo tiempo.

María, madre solícita en la Visitación
enséñanos a escuchar la Palabra,
una escucha que nos hace estremecer y, a toda prisa,
hace que nos dirijamos hacia todas las situaciones de pobreza
donde se necesita la presencia de tu Hijo.
Enséñanos a llevar a Jesús
en silencio y con humildad, como tú lo hiciste.
Que nuestras familias (y comunidades) se hagan presentes
entre los que no lo conocen
para difundir su Evangelio,
dando testimonio de él, no con palabras, sino con la vida;
no anunciándolo, sino viviéndolo.

Enséñanos a viajar con sencillez
como tú hiciste,
con la mirada puesta siempre en Jesús
presente en tu vientre:
contemplándolo, adorándolo e imitándolo.
María, mujer del Magnificat
enséñanos a ser fieles a nuestra misión:
llevar a Jesús a la gente.

Oh amada Madre, esta es tu propia misión,
la primera que Jesús te confió,
y que te has dignado a compartir con nosotros.
Ayúdanos e intercede por nosotros para que podamos hacer
lo que tu hiciste en la casa de Zacarías,
glorificando a Dios y santificando a las personas en Jesús,
¡por Él y para Él! ¡Amén!

(Beato Carlos de Foucauld)

martes, 11 de agosto de 2026

CLARA. MIRADAS. ESCUCHA

Alguna de las notas más esenciales de Clara,  es esa escucha atenta… esa mirada que ve más allá de las apariencias.
Mientras que todo el mundo lo consideraba un “loco” a Francisco, en sus inicios de la conversión, Clara capta, intuye “algo más”.

Detrás de esas “exageraciones” … de esos “extremos” en la pobreza, en el cambio… Clara percibe que Dios está haciendo de las suyas… que Dios se está mostrando con rostros nuevos… Clara percibe que detrás de las estructuras que se rompen… que son declaradas no esenciales… o detrás de los lugares en la sociedad denunciadas como no determinantes… está Dios… está Jesús y el llamado al evangelio.

Clara, es la mujer de los signos.

Aquella primera escucha, y disposición a mirar lo que lleva dentro, lo que clama, lo que está escondido, lo que invita a mirar la vida desde otro lugar, serán las actitudes permanentes con la que cada signo se transformará para ella en una puerta, en un umbral por dónde entrar a la realidad de otra manera, desde otro lugar; para saberse y encontrarse, para darse.

Cada signo la invitará a peregrinar hacia su interior, dejando de lado las identificaciones que la hubiesen atado a más acá; porque para ir hacia lo que está más allá, habrá que dejar morir lo que está más cerca; eso que controlamos, evaluamos, medimos y sentimos que es mérito nuestro.

Cada signo la despoja. 
La descentra.


La vida está cargada de signos… de sentidos… lo contrario es vivir abandonados a lo que llamamos destino que es ciego y es cuestión de suerte…

Necesitamos aprender a leer la vida…
Abra que abrir los ojos bien grandes…
Callar … 
Ir hacia el interior… 
Respirar profundo… 

sino, todo será, 
una repetición constante 
de las propias búsquedas, 
de las quejas y caprichos…

Cómo el grano de trigo...

domingo, 9 de agosto de 2026

DÓNDE MIS PIES pueden fallar. Mt 14, 22-33

Después de haber convertido al desierto, por la compasión, en un lugar de sanación; después de haberlo transformado en un lugar de alimento para todos, habiendo abierto las manos de todos para dar lo que cada uno tenía, Jesús vuelve a buscar la soledad en lo alto de un monte.
Vuelve a buscar el encuentro... porque sólo lo más importante nos roba el tiempo.
Así la gente... así Dios.


Mientras tanto los discípulos  son obligados a "pasar a la otra orilla"... Imagen que nos habla de cambio desde dónde se miran las cosas – cambio de perspectiva que muchas veces surge cuando nos hacemos cargo de algo… cuando nos ponemos en contacto con lo que llevamos dentro y dejamos de echarle la culpa a la vida.

Y en el esfuerzo por navegar se desata la tormenta... el mar -como la vida- no los deja avanzar como quisieran... frente al anhelo de que todo sea rápido y salga bien se presentan dificultades.

Allí en el mar se encuentran con el miedo y la oscuridad.
Y surgen las dudas... se experimenta el miedo y también el enojo.
Enojo porque no está todo bien... todo tranquilo...... porque lo que se busca está amenazado por situaciones que no son posibles de advertir… y en muchos casos surge la culpa sin darnos cuenta que no podemos controlarlo todo.
¿Quién de nosotros puede adivinar cuándo aparecerán las dificultades o cuando terminarán?

Y surge la decepción.
Se creía que "ir detrás de él" incluía un camino sin obstáculos ni dificultades... se pensaba -tal vez- que su presencia aseguraba la vida en todos sus proyectos... y más cuando se tenía la serenidad de estar cumpliendo o haciendo todo lo que supuesta-mente él mandaba.

Y surge la negación.
¿Será que a Dios le importa lo que nos pasa?...
Si no hace nada... si parece callado.
¿Será que realmente existe?

CUÁNTAS SITUACIONES PUEDEN LLEVARNOS A NO SABER QUIEN ES DIOS... DÓNDE ESTÁ DIOS.
Y QUIENES SOMOS NOSOTROS.

¿QUE SE HACE ENTONCES'
Se puede decidir no avanzar y quedarse con la seguridad que han dado las mismas cosas de siempre intentando calmar la angustia y el dolor; abandonando toda búsqueda y toda forma de servicio.
O se opta por seguir navegando "hacia la otra orilla" teniendo la firme convicción de estar aprendiendo...


Y cuando ya estaban cansados y desesperados... "a la madrugada" - como aquel primer día de la semana en los relatos de la pascua - ven venir sobre el agua a Jesús...
Y no es posible reconocerlo porque la situación que viven parece haber ocupado todo el espacio... no hay lugar para ninguna otra cosa... como si esto fuese todo... no hay lugar para ninguna otra manera de interpretar las cosas…como si la situación y la propia percepción fuesen la “verdad de las cosas”.
Y es justamente allí... cuando las seguridades que se tenían ya no salvan... que entramos en contacto con ese espacio tan sagrado que todos llevamos dentro -imagen de esto es Jesús acercándose a la barca-.

"Pero Jesús les dijo: Tranquilícense, soy yo; no teman.
Entonces Pedro le respondió: Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua.
VEN, le dijo Jesús..."

Como si las palabras de Jesús los hubiesen despertado... Pedro frente a la seguridad de las palabras de su Maestro quiere probarse también él.
Pedro -que sigue con una imagen falsa de Dios - de un dios que cambia la vida con un toque de magia- quiere ir por ese camino.
Pedro se olvida rápidamente que todo en nosotros es camino – es proceso- y que su Presencia en nosotros no asegura rapidez.

Pero como Jesús quiere seguir formando el corazón de sus discípulos lo invita a caminar...
"¡VEN!, le dijo Jesús..."

En esas aguas -imagen del propio corazón- Pedro hará experiencia de quién es él - y de las fuerzas que lo habitan y que no conoce- y por donde está invitado a caminar para encontrarse con Aquel que todo lo espera, que todo lo cree y que todo lo soporta.
En esas aguas que pueden llevarlo a la desesperanza - hasta hundirse en ellas porque no se ve nada y nada ocurre como se desea - Pedro hará experiencia del Dios que está también en el caos del propio corazón.

Pedro hace experiencia de que el Dios de Jesús no es el de los milagros rápidos sino Aquel que acompaña el lento proceso de transformación... para llevar lo que no es a lo que debería ser... del Dios que hace de la debilidad una posibilidad de camino y de encuentro con lo que hay de don.

Pedro se encuentra con Jesús allí donde siente que se hunde...

¡SEÑOR, SÁLVAME...!

Señor sálvame!, de creer que podemos manejar todo cuanto sentimos.
Señor sálvame!, de buscar cambios mágicos.
Señor sálvame!, del desprecio hacía la propia debilidad y fragilidad.
Señor sálvame!, de nuestras falsas ideas de Dios.
Señor sálvame!, de buscar seguridad en lo que sale bien.
Señor sálvame!, de nuestra propia mirada.

Que podamos creer más en lo que tú mirada nos descubre.
Que podamos creer más en lo que tú mirada abraza.
Que podamos creer más en lo que tú mirada transforma.




domingo, 2 de agosto de 2026

El mundo tiene necesidad de perdón. 2 de Agosto de 2026

Celebrando el "perdón de Asís", Dios nos dice que, nos hace mucho bien perdonar siempre, y sin medidas - hasta 70 veces 7- ... y que allí el corazón encontrará esperanza.
Sin perdón no hay esperanza... sin perdón no hay paz.

El perdón rompe con la culpa que aísla y encierra... y nos libera de los miedos... porque no hay nada más fuerte que su perdón.
El perdón desarma el círculo de la venganza; cura el veneno del rencor y desbarata el odio que nos enferma.

El perdón sana las enfermedades del corazón.
El perdón nos hace más responsables de lo que hicimos, o de lo que nos hicieron. Dejamos de buscar culpables... aquí el perdón transforma la vida... la trastoca... dándonos una nueva mirada, un nuevo sentido... aprendemos... seguimos aprendiendo.


Y si pedimos perdón... no podemos nosotros no perdonar. 
Ambos van juntos. Es un rescatador de vínculos. 
El perdón, es cómo aire nuevo que renueva el mundo.
Es lo que nos conecta con nuestro ser criatura.

Sin perdón no hay vida...
Necesitamos del perdón. 
Necesitamos perdonarnos. 
Necesitamos perdonar.
 
Y con el perdón, regalo de Dios y de la Virgen a Francisco de Asís, comenzamos nuestro tiempo de fiesta.
Una fiesta, marcada por una palabra, dirigida de parte de Dios a la Virgen: "ALEGRATE!, NO TEMAS. DIOS ES CONTIGO"

Esta palabra, está dicha hoy, sobre cada uno de nosotros.
Alégrate!, porque Dios está en nosotros y nosotros estamos en Dios.
Alégrate!, jamás estaremos solos/as en el dolor o el sufrimiento.
Alégrate!, lo que hoy vivimos, no es más fuerte que la presencia de Dios y de la Virgen en nuestra vida

Alégrate!, levantemos la mirada... de lo que nos aflige, de lo que nos angustia, de esa ansiedad que no deja vivir, de los miedos, de la culpa...

La entronización de la Virgen que hoy hacemos en el Santuario, y que los invito a hacer en sus casas -cómo si fuese la primera vez-, es el anuncio feliz de que nunca estamos solos.
Es una invitación a recuperar la alegría verdadera.
Es el ALÉGRATE del Ángel a la vida de cada uno de nosotros.

ALÉGRATE!, levanta la mirada, 
porque ahí tienes a tu madre.

Necesitamos para esto, una vez más, superar la imagen de Dios y de la Virgen de que todo lo pueden... esa manera de pensar "muy mágica", nos ha hecho daño; ¿cuántos enojos con Dios y abandonos de la fe tienen que ver con esa imagen?... necesitamos interpretar las palabras de Dios a la Virgen, de otra manera.

CON DIOS, TODO ES POSIBLE.
CON LA VIRGEN, TODO ES POSIBLE.

Vivirlo así, no nos quita responsabilidad, al contrario, nos llama a implicarnos más -a involucrarnos más-, a ser mas responsables con lo que está pasando, porque si no las cosas no cambian, la vida no avanza, se estanca o retrocede.

CON DIOS, TODO ES POSIBLE.
CON LA VIRGEN, TODO ES POSIBLE.
De ahí brota esa confianza que hace que las dificultades no sean tantas... se encuentran caminos hacia otras posibilidades... hace que el corazón se entregue, haciéndonos entender las cosas de otra manera aunque no estén bien.

CON DIOS, TODO ES POSIBLE.
CON LA VIRGEN, TODO ES POSIBLE.
No es necesario "que todo esté bien", para animarnos a salir al camino, a acompañar la vida allí dónde se encuentra más frágil... cómo Dios lo hizo con María... cómo María lo hizo con Isabel... cómo Jesús que andaba por los caminos... porque cuando acompañamos, es Dios quién acompaña; cuándo escuchamos, es Dios quién escucha... porque así lo vive el otro, cuándo se sabe escuchado o ayudado, se sabe escuchado y ayudado por Dios... (¿o acaso no lo hemos experimentado nosotros en la confesión, o cuándo alguien en nombre de Dios nos visito en nuestro hogar?).


CON DIOS, TODO ES POSIBLE.
CON LA VIRGEN, TODO ES POSIBLE.

Hagamos de este tiempo, algo nuevo.
Empecemos por perdonar...
Empecemos por levantar la mirada...
Empecemos por salir por los caminos...

...Dios y la Virgen vienen con nosotros,
o ¿acaso no lo crees?


sábado, 1 de agosto de 2026

TODOS hambrientos. TODOS COMPASIVOS. Mt 14, 13-21

Habiéndose enterado de la muerte de JUAN, Jesús se aleja a un lugar desierto junto a sus discípulos... "para estar a solas" dice el evangelio... tal vez para dar lugar al corazón movilizado por la noticia.
Como si hubiese necesidad de volver a la fuente... como si hubiese necesidad de reencontrarse -una vez más- con aquello que da sentido a que la vida sea DON.

tAL vez por eso no hay enojo cuando la gente rompe con el descanso, al contrario, el corazón de Jesús nos introduce a la MISERICORDIA a través de gestos de sanación.
LA SOLEDAD SE VUELVE COMUNIÓN.
                     "Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y compadeciéndose de ella, curó a los enfermos..."

Donde nada se espera la COMPASIÓN pone en movimiento la vida.
La «compasión» es el verdadero lugar en el que se ambienta el milagro.

COMPASIÓN que no es lástima de parte de alguien que se siente más que los demás... sino expresión de ser uno con los demás... que crece cuando nos alcanza la debilidad.

Un "lugar desierto" se ha convertido, por la compasión, en un lugar de sanación y de alimento.
La compasión transforma los miedos.
POne en movimiento la creatividad.
Es fuente de FELICIDAD.


Pero los discípulos tan acostumbrados a los cálculos y a las previsiones piden a Jesús que despida a la gente... le dicen: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos..."

El tiempo de soledad con Jesús será ahora un lugar de misericordia y también un lugar donde seguir aprendiendo la "praxis de las manos"... es decir... la de las manos abiertas al DON... no para recibir ni para comprar.
Si el encuentro con Dios - si los espacios de intimidad con Él- no hacen crecer en nosotros la compasión... si no nos vuelven más humanos... son una ilusión.

Pero los discípulos frente a lo imposible -"dar de comer a tanta gente"- inmediatamente se resignan y le piden a Jesús que pase por alto el momento...
La percepción de que no hay nada que hacer los hace incapaces de ver aún lo poco que tienen... convirtiendo eso en una mínima seguridad.


Y Jesús frente a la resignación invita a dar lo poco que se tiene.

El milagro comenzará así... siendo capaces de ofrecerle a Jesús lo que no bastaría ni siquiera para ellos... ¿que son "cinco panes y dos pescados" para tantos?.
El milagro no se compra... no nace de las previsiones que se hacen.
Cuántas previsiones se hacen solo para “acaparar más"... para "tener más".
Cuántos cálculos se hacen que no sirven para nada... o cuantos se hacen para destruir.

Jesús libera a los discípulos de los cálculos que siguen dejando a muchos afuera y sin pan... en sus manos unos pocos panes se convierten en abundancia que sacia a todos.

Cuánto cuesta entrar en la dinámica de que "LA ABUNDANCIA VIENE DEL DON".
DON que comienza cuando -como a Jesús y a sus discípulos- nos dejamos "robar el tiempo" ... cuando nos dejamos encontrar por  los demás donde ellos están y no dónde nosotros quisiéramos.


"TODOS comieron hasta saciarse... 
En aquellos hombres y mujeres -enfermos y hambrientos- el milagro comenzó cuando se fiaron de una palabra que los invitaba a confiar...
"...y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas."
Significa que el alimento que se ha dado no se agota... continúa siendo ofrecido.

En las manos de sus discípulos... lo de Jesús se sigue multiplicando.
Porque el verdadero milagro es dejarse involucrar por la situación del otro... es compadecerse de su dolor... es dejarse afectar por la precariedad del otro.

El MILAGRO ES HABER COMPRENDIDO QUE DESPUÉS DE HABER ESCUCHADO, LA VIDA CONTINÚA EN LAS MANOS.

En el DESIERTO una mesa ofrecida.
Una MESA donde todos tienen lugar y no está cerrada para nadie.

Una MESA donde todos, volvieron a experimentarse con hambre, de algo más, que de pan.
Tal vez está será la tarea más difícil en quienes están muy satisfechos... o desencantados de todo... o aquellos que todavía creen que el tener lo da todo... hacer nacer ese DESEO de más dónde Dios dejaría de ser "algo más".

¿Se imaginan, liberarnos del esquema de lo "que está bien" o "hasta donde” para vivir desde donde somos compasión y DON PARA LOS DEMÁS?