martes, 7 de julio de 2026

"Deseando ser alcanzados..." Mt 11, 25-30

"En aquel tiempo, Jesús dijo: 
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. 
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar." 

Sólo los sencillos... los que intentan no calcular... los que dejan las segundas intenciones... los simples... los que viven sin doblez... pueden aceptar "estas cosas" de parte del Dios de Jesús.

La "simplicidad" se ha convertido en la puerta de acceso a una experiencia que nunca dejará de ser DON... que no nace de nuestros esfuerzos o de nuestras buenas intenciones... y que no depende de nuestros conocimientos.

Muchos que se tenían por sabios se creían poseedores de la verdad... no solo que no tenían ya nada que aprender sino que además imponían con prepotencia normas y preceptos en nombre de Dios de manera absoluta...  todo, por el simple hecho de creer conocer a Dios.
Y creyeron conocer a Jesús... y Jesús los descolocó...

Pero los que eran considerados afuera y lejos de la ley... los que nada podían perder... los que no contaban - los "sin voz"... los excluidos... se abrieron sin "peros" a la novedad de Jesús... tal vez por necesidad o tal vez por desesperación.
Pero el Amor -capaz de transformar la vida- convirtió la necesidad en encuentro y la desesperación en cercanía de Dios y en seguimiento.

Unos y otros se encontraron con el Dios de Jesús que era palabra y gesto de liberación.
Liberación de esa sentencia de ser parte de esos que Dios olvido... que ya pueden darse por perdidos...  lejos de toda posibilidad de encuentro.
Liberación de esa opresión que venía de una falsa interpretación de que la enfermedad era causada por un pecado cometido... que era castigo de Dios.
Liberación también para otros de esa escrupulosa obsesión por el cumplimiento de la ley... que amargaba la vida y la volvía rígida... que los hacía temerosos y los frustraba todo el tiempo.

Cuánta interpretación errónea... cuánta carga inútil...  que nos aleja de nuestra verdad... que nos impide ser nosotros mismos.

"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."

Jesús no está proponiendo una vida sin esfuerzos y sin luchas... no sólo esto sería una propuesta que provocaría una continua frustración por no poder nunca llegar a vivirla sino que además perderíamos lo que tiene la vida como oportunidad para crecer.

Hay una aflicción... hay un agobio que proviene de la continua búsqueda de aparecer como perfectos... fieles cumplidores de lo mandado.
Cuánto tormento... cuánta culpa y cuanto miedo por no llegar nunca a cumplir con todo.
Por sentir con todas las cosas la ambigüedad del corazón.

Hay una aflicción... que proviene de la insatisfacción por no alcanzar nunca a llenar ciertos vacíos... un agobio que molesta y que ocultamos buscando cosas que a nada conducen... que en nada nos hacen crecer.

Jesús nos propone en el ENCUENTRO CON ÉL, un  "yugo" que nos posibilita desplegar todas nuestras mejores posibilidades como personas.
Un "yugo" - expresión de lucha y de tensión - por querer vivir aquella vida por la cual vale la pena vivir.
Solo aquello que da VIDA VERDADERA... que nos hace crecer en humanidad... hace de la lucha como del cansancio cotidiano algo liviano.

Pero nosotros también nos revelamos contra Jesús.
Muchas veces nosotros, creemos saber mejor que Él, qué es aquello que nos da vida y en dónde debemos buscarla.
Nos hemos olvidado que solo conocemos de Jesús lo que vivimos.
Seguimos separando la vida de lo creemos.
Cuánta seguridad tal vez seguimos poniendo en lo que sabemos... o en lo que rezamos.

Nos hemos olvidado que Jesús nos anunció la liberación de toda opresión... de todo cuanto limita que la persona humana desarrolle lo mejor de sí.
A cuánta presión inútil - a cuánto cumplimiento - nos seguimos sometiendo y condenando.
Cuánta seguridad nos da el cumplir -o el sentirnos limpios - separando a Dios del amor a nosotros mismos y a los demás.

Una doctrina no es capaz de sostener una vida.
Una norma no es suficiente para que sea centro de una vida.
La seguridad que da el "tener ciertas cosas claras" o "llevar una vida buena" no son suficientes para salvarnos de la tristeza.


Volver a Jesús... "aprender de Él"... ir hacía él... es reconocer la necesidad en nosotros de una experiencia que reoriente nuestros afectos... que dé sentido a los esfuerzos... a las luchas... a los cansancios... a las caídas... a la vida.

Tal vez sea necesario -como disposición del corazón- caminar poniendo nuestros pies en las huellas de Jesús -como dice una canción-... abiertos... dejando que al corazón lo ensanchen.
DESEANDO SER ALCANZADOS.

Y tal vez sea necesario -para expresar la liberación que Jesús anuncia-: 
Dejar de condenar tanto.
Abrir más las puertas.
Sonreír soltando la presión de las manos para alcanzar a otros que también caminan; dejándonos de ocultar tras la fachada de buenas personas.






domingo, 28 de junio de 2026

DIOS, UN GRAN PROBLEMA. Mt 10, 37-42

Acercarnos a la Palabra es percibir que el Dios de Jesús es un gran problema para nuestra humanidad... humanidad que habitualmente busca tranquilidad y que nada la incomode... o al menos sentirse conforme consigo misma.

La llamada que nos viene del evangelio nos sensibiliza aún más con respecto a nuestra fragilidad... a nuestras constantes metidas de pata... por ende, no es para nada una garantía de tranquilidad.

Podemos sentir en nosotros que la propuesta de vida que nos viene de Jesús nos atrae pero al mismo tiempo nos genera muchas resistencias.
Vamos descubriendo con el tiempo que ir detrás de él no es un camino lineal - sino que es un camino hecho de idas y venidas... de divisiones internas... de lentas adhesiones.

Que fácil que resulta seguir a un Dios que viene a resolvernos los problemas... o nos tranquiliza la conciencia con el perdón... o nos protege de la soledad...
Pero qué complicado resulta seguir a un Dios que busca que nos identifiquemos con sus modos de amar... con sus maneras de perdonar... con su pasión por el servicio... invitándonos desde dentro... habitando en nosotros... contando con aquello que nosotros muchas veces queremos negar: nuestra fragilidad.

Somos invitados a QUERER Y AMAR LO QUE DIOS QUIERE Y AMA descubriendo en primer lugar que con estas posibilidades está hecho nuestro corazón.


Pero nosotros seguimos identificando esto con algunas formas que solo nos tranquilizan... quedándonos así con lo menos verdadero.

Cómo nos gustaría pararnos algún día frente a Dios y decirle que ciertas cosas no estaban presentes en el programa cuando decidimos creerle... o que algunas cosas no las sabíamos al momento de elegirlo.

Ir detrás del Dios cristiano supone atravesar una crisis donde la opción por Jesús se vuelve pregunta personal sobre aquello en donde hemos fundamentado la vida... que es lo que priorizamos en nuestra vida… de donde sacamos nuestra verdadera fuerza...  que es lo que alimenta nuestra esperanza.

ÁMEN más allá de los límites familiares... pero nosotros seguimos sosteniendo que lo más es la familia.
EL REINO DE DIOS ES LO MÁS… LOS MODOS DE AMAR DE JESÚS SON LO MÁS.

Cuántas relaciones de familia siguen siendo asfixiantes para sus integrantes.
Cuánto amor de familia sigue siendo posesivo, buscando una exclusividad enfermiza… cuánto chantaje sigue habiendo en el afecto de nuestras familias buscando –eso dicen- el bien de los demás.
Cuánto amor de familia no es escuela de buen trato a todos.
Cuánto amor de familia somete – aísla – y no enseña que el valor de la vida está en el servicio y en la misericordia a todos – sobre todo a aquellos que más sufren.

¿Cuánto amor de familia enseña que la debilidad es oportunidad – que los más débiles son Jesús? 
El amor de familia debería ser la escuela que enseñe que nuestra humanidad crece en la medida en que el corazón se ensancha cada vez más para que entren otros -los más lejanos, los más pobres, los que nadie tiene en cuenta, los que son mal vistos- y de esa forma los vínculos más cercanos serán más verdaderos.


AMAR MÁS ALLÁ DE NUESTROS VÍNCULOS FAMILIARES es haber comprendido que el sentido de la vida –en cristiano- pasa por GASTAR LA VIDA EN FAVOR DE LOS DEMÁS.

Y que cuánto más gratuito es eso más ha crecido en nosotros la consciencia de que todo ha sido don en nuestras vidas.
Solo el que cree que tiene derechos… el “desagradecido”… se apropia y somete y es cruel con los demás.

Es mucho!!! es demasiado riesgo... grita nuestro corazón “miedoso” que prefiere contentarse con menos... que prefiere que todo esté tranquilo y cómodo... que no quiere diferenciarse del resto aunque se crea único.
Es mucho lo que se nos pide... no es posible!... grita el corazón que se encuentra muchas veces no sabiendo que creer o que es lo quiere realmente.

El EVANGELIO de JESÚS es una gran invitación a la libertad y a la responsabilidad personal.

Vivir en clave de libertad y responsabilidad es sabernos creadores de nuestra propia vida.
Es hacernos cargo de lo que nos pasa - aún de los sufrimientos - sin echarle la culpa a nadie por eso... es salir del lugar de la víctima.

Vivir en clave de libertad y responsabilidad es saber que es fatigoso elegir desde lo más verdadero que somos... y que muchas veces la soledad nos acompañará.
Es hacer el esfuerzo por preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos... o desde donde estamos viviendo y eligiendo... es romper con la comodidad que calla toda inquietud... es renunciar a vivir solo respondiendo a los propios impulsos.

Vivir en clave de libertad y responsabilidad es haber descubierto que todo en nosotros es proceso... supone tiempo... y que nada nos sale de una vez.


Y que no podemos “mejorarnos” solos, por eso tendremos que salir muchas veces de ese “aislamiento”  donde los otros se han convertido en molestia y no es posibilidad para seguir creciendo.

Es renunciar a vivir el día a día como siempre... sin pensar.
Vivir en clave de libertad y responsabilidad es dejarse llevar por la gratuidad que se expresa en los pequeños gestos (no siempre bien valorados)... es aprender que significa vivir en clave de desmesura – en clave de escucha, de servicio y de solidaridad… porque

                          “el que los reciba a ustedes me recibe a mí, 
                          y el que me recibe recibe al que me ha enviado…”





martes, 23 de junio de 2026

Bendita confianza que nos arroja. Mt 10, 26-33

 ¡No tengan miedo!
nos dice Jesús reiteradamente.

Y cómo no hacerlo cuándo nos sentimos amenazados en aquellas cosas que deberían, de alguna manera, estar seguras... cómo por ejemplo, el cuidado amoroso de quienes dicen amarnos cuándo se experimenta chantaje o violencia... o cuándo desconocemos las reacciones de esas mismas personas frente a nuestras equivocaciones...etc.

Qué difícil transitar otros miedos más recientes cuándo hemos sido heridos justamente allí dónde tendría que haber habido una palabra incondicional, una cercanía inquebrantable.

Cuántas veces sentimos que el miedo nos gana. Miedo a perder lo que tenemos, a ese lugar que logramos con tanto esfuerzo y dedicación; miedo al que dirán, que condiciona entregas y creatividades; miedo al futuro que no podremos jamás controlar; miedo a no ser suficientes, sintiendo que nada alcanza;  miedo a que nos dejen solos, perdiendo de esa manera lo que nos daba seguridad; etc.

Es cómo si las situaciones de la vida nos volvieran a golpear en los mismos lugares de siempre.
¿Será posible otra mirada? ¿De dónde el "no tengas miedo" de Jesús?

Creo que es posible mirar "esos nuevos golpes" de otra manera... tal vez cómo posibilidades dónde volver a ponernos en contacto con lo que nos quedó en el camino atrapado en aquellos miedos más primordiales.

Es verdad que, para eso sera muy necesario poner en perspectiva lo que está pasando... y descubrir que no todo depende de nosotros... que dentro, con nuestros demonios, no estamos solos... será necesario volver a poner nuestra vida en relación con ese Dios que sostiene, acompaña, recrea, perdona y transforma.

Creo que Dios nos quiere completos... con todas las partes de nuestra historia -de nuestra vida- iluminadas, reconciliadas, abiertas a que surja lo mejor de nosotros... 
que no es otra cosa que lo que el sembró en cada uno de nosotros: JESÚS.

Instalados en el miedo, nos volvemos rígidos, controladores, calculadores, demandantes y tremendamente posesivos.
Confundiendo actitudes verdaderas, de entrega y servicio, con necesidades muy básicas.

Descubramos que, el reverso del miedo es la pregunta por el lugar que tienen las cosas, lo que hacemos, las demás personas, en nuestra vida... es la pregunta por aquello que creemos le dará valor a nuestra vida... es la pregunta sobre quién tiene nuestra confianza absoluta, total... a quién le hemos confiado la vida.

La confianza es un camino de regresos... es un itinerario de verdad... es andar despacio... es dejar de correr..
Es sentirse a salvo, aun en medio de la tormenta.
La confianza es un abrazo en medio de la desesperación. 
Son manos abiertas.
Es una mesa servida, con amigos, en medio del dolor.
La confianza es ese descanso de hogar, en medio de la violencia de la calumnia y el juicio.
Es una mirada que entiende, que libera de la ansiedad porque te saca del tener que rendir.
Es un entrar en la "tierra sagrada" de los demás, sin pretensiones ni prejuicios, con los "pies descalzos".

La confianza brota desde adentro... cómo de una fuente... fluye en lo que somos, en lo que decimos, en lo que hacemos.
Nos hace auténticos... nos hace felices.

Bendita confianza que nos arroja...
porque en buenas manos estamos.

lunes, 22 de junio de 2026

Un camino hacia nosotros mismos... Mt 10, 26-33

"¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros..."

¿De dónde entonces esos miedos que nos paralizan?
¿En dónde se asienta esa confianza a la que nos invita Jesús en su Palabra?
¿Qué es aquello que ninguna situación ni ninguna persona puede quitarnos?

La CONFIANZA -de la que nos habla Jesús- es un DON – como el AMOR que él nos tiene-.  No es algo entonces que podamos conseguir con nuestros esfuerzos o con nuestros logros... es un CAMINO que podemos transitar.
Es un camino que tiene entonces como fundamento la certeza de que el AMOR DE DIOS no se correrá jamás ni nos abandonará aunque nosotros lo hagamos.
La CONFIANZA a la que Jesús nos invita surge de que DIOS ESTÁ... y que para saber esto no es necesario que todo esté bien o que todo esté tranquilo.

Necesitamos confiarnos a una PALABRA que no surge de nosotros pero que nos dice dónde está nuestra mayor verdad siendo esta la fuente de nuestra verdadera libertad.

Todos, con sus más o con sus menos… transitamos hoy ciertos miedos: miedo a caer enfermos; miedo a perder el trabajo; a no tener con qué sostener a nuestras familias; miedo al dolor; miedo a la muerte de nuestros seres queridos; miedo a perder un lugar, un rol; miedo al que dirán, miedo al conflicto, etc.

Y justamente es en medio de todos estos miedos que nos invitan a caminar hacia la Confianza… que no se apoya en un optimismo de que “todo saldrá bien”… sino que se apoya en la certeza de que porque Dios está… todo puede estar. 
 Pero también necesitamos descubrir que más allá de lo nos pasa existe en todos nosotros un miedo que traemos desde el mismo hecho de existir y que se muestra en todas las demás cosas que hacemos, que pensamos, que sentimos… sobre todo cuando nos resulta desagradable o inadecuado….  es esa sensación de no sentirnos “bienvenidos en la vida”. Cuántas veces, por las cosas feas y desagradables que pasamos, pensamos que mejor hubiese sido no haber vivido.

Es realmente una lucha a quién le queremos creer más… si a las voces que provienen de todas esas situaciones o a esa Voz que le ha dado a la vida la bienvenida diciéndonos que “todo lo del Padre es nuestro”… que su hogar es el nuestro.

Necesitamos descubrir que el temor o el miedo que paraliza surge de un engaño –de una ilusión- que nos cuesta mucho despertar.

Por eso el "no tengan miedo" de Jesús es el revés de la pregunta por nuestra identidad... por aquello en donde hemos puesto el valor de nuestra vida... o por aquello que creemos le da seguridad… es la pregunta sobre la Voz a la que hemos decidido confiarle la vida.

Por eso caminar hacia la CONFIANZA es un camino hacía dentro... hacía lo profundo de nuestras vidas...  donde las voces que escuchamos habitualmente dejan de tironear-nos... Donde las exigencias que provienen de las necesidades humanas de afecto, atención y consuelo dejan DE presionar.

Caminar hacía la CONFIANZA es regresar a ese lugar firme que nace del Sí dado por Dios a la propia vida (aunque no lo sintamos) liberándonos–como podamos, como nos salga, según el propio ritmo- de esa sensación de sentir que la vida corre peligro porque la propia imagen corre peligro. 

Volver a la tierra firme – elegir ese SÍ dado por Dios a la propia vida – es liberarse de esa manera de pensar que identifica lo que en verdad somos con lo que pensamos... o sentimos... o hacemos... o con lo que nos pasa.

Necesitamos dejar de correr… y descubrir que nuestro “verdadero hogar” es allí dónde estamos verdaderamente a salvo. 
Y este no está afuera ni a la par de ninguna situación por más favorable que sea.

Creer que somos la imagen que damos... haber puesto la seguridad en el prestigio conseguido o en el rol que ejercemos...  sentirnos valiosos o reconocidos por eso… 
o creer que nos quieren menos o nos cuidan menos por el sufrimiento que llevamos o por el dolor que padecemos.. nos hace andar con muchos miedos.

MIEDOS... TEMORES...
A perder lo conseguido... a no ser tenidos en cuenta... a que otros ocupen nuestro espacio... a ser olvidados... a desaparecer... etc.
MIEDOS... TEMORES... que van más allá de ese miedo frente a la amenaza real y concreta.

MIEDOS... que quitan libertad.
Que limitan nuestra capacidad de entrega.
Que frenan nuestra creatividad.

Tu verdadera Identidad es ser HIJO – ser HIJA.
Necesitamos aceptarla.
Y si la sostenemos en el tiempo… y nos instalamos allí, podemos vivir recibiendo lo que sea como una “inmensa oportunidad” para fortalecer esa IDENTIDAD que está más allá de las valoraciones que podamos recibir o de las culpas por lo no hecho o por lo no conseguido.

CONFiemos... confiemos en nosotros... si así lo hacemos estamos confiando en Dios.
Y esto no puede ser arrebatado por nada ni por nadie.
ES DON.

Entonces nada más alejado que usar a Dios para generar miedo o para conseguir adhesiones que no cuestionen ni busquen más allá de las formas establecidas.
DIOS CONFÍA EN NOSOTROS...
SU CONFIANZA ES UN REGALO.


Confiar en nosotros porque somos buenos o hacemos las cosas bien es por ende dejar de confiar en Dios.

domingo, 14 de junio de 2026

Todo lo nuestro, en Jesús... Mt 9, 36—10, 8

El evangelio vuelve a recordar que la manera de proclamar a Dios, es haciendo que los demás se pongan también en contacto, con esa vida nueva que todo lo atraviesa... desde la cuál todo fluye.

Las palabras de Jesús cómo un llamado a redescubrir nuestra misión en medio del mundo.

Creemos en el Dios de Jesús que nos envía a mirar de una manera... a sentir de forma diferente... a salir al encuentro.

Celebrar a Jesús en la eucaristía es misión. "Hacer esto en menoría mía", cada día, lo que Jesús hizo de una vez y para siempre. 

Una misión. Una llamada...
Dónde todo comienza con una escucha - una búsqueda - un encuentro.

          En unos y otros... en el pueblo pobre y sufriente que busca a Jesús, y en los discípulos, con las necesidades de cada uno y con las ideas de Dios que defendían... hay una búsqueda de algo más -tal vez, de palabras más verdaderas, de algo más auténtico, etc.-...  que los hacía estar estar abiertos a escuchar,  a estar atentos, aun a cosas desapercibidas ("un galileo predicador"); abiertos a dejarse sorprender,  a ser interpelados - cuestionados - en su indiferencia, en sus juicios, en su comodidad. 
Abiertos a una búsqueda - a ser salvados vaya a saber de qué -; y por eso mismo abiertos a recibir una  llamada... un algo que despertó en ellos tales inquietudes que, después no pudieron dejar de ir detrás de Jesús.

Cómo nuestros propios caminos, que vamos y venimos - dejamos y volvemos... dónde la necesidad de que algo se sane o libere... o que tenga sentido nos hace conectarnos con esa búsqueda de Dios... que nos lleva a dejarnos encontrar.


Jesús es una llamada a volver allí dónde somos acogidos - recibidos - cómo en casa; a sentirnos en nuestro hogar, libres de los mandatos o exigencias que vienen de fuera.

Jesús es una llamada a la autenticidad... a dejar de mentirnos o de ocultarnos frente a lo que hacemos; a no tener miedo.

Jesús es una llamada a vivir en verdad; y esto no cómo si fuese una exigencia moral, sino como expresión de lo que somos.


Jesús, es una llamada a participar de la Vida de Dios que está dentro nuestro, y que quiere darse al mundo "dando vida".
Es una llamada a mirar la vida desde los margenes... desde esa gente que lo busca por lo que sea.

Es una llamada a la compasión... 
a rogar con fuerza cuándo las situaciones nos superan...

Cómo aquella primera comunidad, necesitamos aprender a ver... aprender a escuchar...
Cuánta agitación interior, cuánta ansiedad llevamos dentro, porque no estamos viendo ni escuchando bien.

El haberlo visto... porque había espacio... los descanso de otras miradas.
El haberse dejado encontrar en esa mirada, los sereno... los conectó con lo más verdadero y esencial.
Y entonces pudieron escuchar... y la escucha se convirtió en camino... en seguimiento... en hacer aquello que Jesús había hecho en ellos.

No estamos llamados para estar bien entre nosotros... o para recibir consuelos... o para sentirnos bien... 
Somos mirados para aprender a mirar de esa manera...
Somos reconocidos, nombrados, para hacer lo mismo con los demás... 

Somos llamados, convocados por nuestro nombre, "reconciliados con nosotros mismos", para ser enviados a proclamar que Dios está en nosotros, y con nosotros trabaja por un mundo más humano y más fraterno.

Somos llamados a  "curar enfermos", liberando a las personas de tanto sufrimiento inútil por sentirse débiles o diferentes.  Acercándonos para compartir el peso de la vida que a veces desespera, o para escuchar con paciencia las heridas que traemos.

Somos llamados a "resucitar muertos", comenzando por reconocer la vida del otro, su existencia, su nombre, sus luchas... paso primero y esencial para su reconstrucción... 

Somos llamados a "limpiar leprosos", haciendo de la cercanía -sin juicios ni reproches- un espacio para la aceptación, para la verdad, para la libertad. 

Somos llamados a "arrojar demonios", buscando ser espacio dónde se ilumine lo que oprime, lo que atormenta... lo que hace sufrir... lo que violenta a las personas. 

Aprendiendo a comunicarnos de otra manera... estando atento a los detalles, al gesto, a los modos, al último comentario, etc... porque todo comunica, todo puede herir o sanar, liberar u oprimir... puede sembrar división o puede dar esperanza en que podemos caminar juntos.

En Jesús se ha recapitulado toda la vida humana. 
Todo lo nuestro, en él, se transforma en una ocasión, en una oportunidad, en una palabra, en un espacio, dónde volvemos a descubrir quiénes somos - de quién somos- y para qué hemos sido traídos a la existencia.

Llamados y enviados. 
siempre buscando
escuchando
para estar más disponibles
mas abiertos

más Jesús.


domingo, 7 de junio de 2026

En la MesA comPartiDa. Jn 6, 51-58

"Los judíos discutían entre sí, diciendo:
¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?..."


Acercarse a Jesús para aquellos hombres era como acercarse a un precipicio... tan seguros de sí mismos y de su relación con Dios que la invitación de Jesús les resultaba extraña y descabellada.

No sólo es condición para seguirle "el comer su cuerpo y beber su sangre" sino que además es la condición para tener VIDA... para que "él habite en nosotros y nosotros en él".

Escuchadas literalmente resulta un lenguaje duro y demasiado complicado para llevarlo a cabo.
No pueden descubrir que lo que está en juego es un proyecto de humanidad... un modo de vivir que se expresa en cómo se comparte el pan alrededor de una mesa donde todos son iguales... donde no hay diferencias y todos tienen lugar.

También nosotros, aún después de tanto tiempo seguimos sin entender a Jesús... que llega a ser plenamente pan cuando se abre totalmente.
Seguimos sin aceptar a un Dios que su ser más profundo es ser Don; y que hace de la mesa compartida un lugar de familiaridad, de inclusión y de perdón.

Tal vez nosotros, seguimos buscando en nosotros, razones por las que Dios se hace presente en nuestras vidas y de esa forma buscamos que siga satisfaciendo nuestros pequeños deseos de sentirnos buenos o calmando nuestros miedos frente a un futuro cielo que depende de cumplir con todo.

Como aquellos hombres nos seguimos quedando en lo literal de las palabras de Jesús sin tener en cuenta la pretensión de Jesús que es totalizar nuestra vida en torno a un proyecto de humanidad dónde pueden ser restauradas todas las relaciones humanas.

"COMER SU CARNE, BEBER SU SANGRE...",
no es otra cosa que hacerse uno con Jesús en la entrega y en la compasión... en el amor y en la misericordia... en el deseo de incluir a todos... algo que comienza asumiendo y aceptando lo que somos... algo que sólo el Espíritu puede hacer.

Tal vez convenga también preguntarnos: ¿Qué hemos hecho nosotros de la Eucaristía?
Cuánta preocupación seguimos teniendo por lo que podemos o no hacer en misa... por los que pueden o no acercarse a comulgar... etc... olvidándonos que esta mesa es expresión de la decisión de Jesús de estar a los pies de toda humanidad... al alcance de toda vida... descubriéndonos que somos uno... lo débil y lo fuerte es de todos.
Es posible que necesitemos hacernos conscientes de que tal vez  nos cuesta seguir creyendo en el sueño de una humanidad más hermana, más justa y más solidaria, que decide caminar junta... y por eso es mejor conservar esta mesa como si fuese un rito más del cual podemos desprendernos como tantos otros ritos que han pasado de moda.

"Quién come mi carne,
y bebe mi sangre tiene VIDA..." 
es expresión de la actitud existencial de una persona que ha decidido vivir en clave de Reino, es decir, en clave de fraternidad, de inclusión y de perdón con los demás... y esto supondrá un cierto desgarro, algún tipo de pérdida o de muerte.

Hacer Eucaristía es la comunidad que reunida alrededor de una mesa vuelve a recibir lo que es -aceptación agradecida de la propia vida-  y que sólo se experimentará si se transforma en gesto y en palabra de vida para los demás.

Hacer Eucaristía es Jesús que nos vuelve a gritar que lo mejor que nos puede pasar es vivir para los demás... que es allí justamente -cuando decidimos renunciar a esa pulsión de apropiación - cuándo la vida nos revela todas las posibilidades que lleva dentro.
Hacer Eucaristía es dejarse partir... es experimentar el paso de la tierra dónde se busca retener para sí a la tierra de la donación... es hacer pascua.

Comulgar entonces no es un acto de devoción sino que es un acto de seguimiento hacía dónde nos encontró Jesús... hacía abajo... hacía la pequeñez... dónde nadie queda afuera.
Comulgar es decirnos a nosotros mismos -"así quiero vivir"- partiendo mi vida - muriendo a lo que pienso, a lo que siento, a lo que hago- para que surjan los modos y las palabras de Jesús.


Comulgar es soltar las viejas imágenes de Dios cuando en alguna situación o en alguna persona nos cuesta ver a Dios porque DIOS ES AMAR.
Comulgar es descubrir que la vida no nos pertenece -es renunciar a toda apropiación- y que sólo dándonos nos hacemos "todo en todos".

"por la mirada podemos saber
con que alimentan su ser"






sábado, 30 de mayo de 2026

EspeJos del Dios faMIliA. Jn 3, 16-18

"TÚ ERES TRINO Y UNO. 
DIOS DE DIOSES.
TÚ ERES EL BIEN,
SUMO BIEN, 
TODO BIEN"

Celebramos hoy la Verdad de Dios que es el origen y la meta de nuestro Camino como peregrinos.
Allí en el interior DE Dios fuimos pensados y creados... y sólo allí nuestro corazón encontrará descanso y libertad.

Por eso celebrar a Dios "Uno y Trino" no es recordar un dogma que todavía nos resulta difícil entender sino que es dejar que una vez más esa VIDA que nos habita pase  por el corazón dejando que nos desinstalé... nos desapropie... nos siga poniendo en movimiento hacía lo que es más verdadero en nosotros y que nos hace crecer en humanidad.

Celebramos la Buena Noticia de Jesús - la de un Dios que es RELACIÓN - amigo de la vida - compañero de camino - la de Dios que es Amor y que sólo se lo conoce amando.
La de un Dios que es salida a los demás y que se lo encuentra en el camino hacia los ellos.


Dios es "con otros"
Dios es Comunidad.
Dios es Entrega.
Dios es Relación.

Pero cuántos sentimientos y emociones brotan de estas palabras a partir de las vivencias de nuestras vidas. Necesitamos hacer un gran esfuerzo para liberarlas de todo eso que ha atado “nuestra manera de ser familia, de hacer comunidad”  a situaciones que por momentos distorsionan nuestro diálogo, nuestro compartir, aun nuestra entrega… será un camino –una lucha interior- el ir más allá de lo vivido y encontrarnos que hemos sido hecho a imagen de un Dios que es apertura, diálogo, perdón, servicio, entrega.

Pero tal vez hay una tarea aún mayor que tenemos que hacer para encontrarnos con el Dios de JESÚS y es la de superar las imágenes distorsionadas  que seguimos teniendo de Él.


A quién le rezamos?
Al DIOS de JESÚS  o a esa imagen creada - fabricada - por nuestras búsquedas infantiles de seguridad y contención o creada por esa necesidad tan básica de que alguien nos haga sentir buenos.

El Dios de Jesús no es el dios que exige sacrificios o nos manda dolor y sufrimiento para probar nuestra fe.
El Dios de Jesús no es el dios que nos concede  lo que le pedimos porqué nos portamos bien.
El Dios de Jesús no es el dios que manejó con mis oraciones y ritos... o con mis promesas y peregrinaciones.
El Dios de Jesús no es el dios que juzga e imparte castigos... obsesionado por lo sexual... que espera agarrarnos infragantes.
El Dios de Jesús no es el dios todopoderoso que no quita el mal del mundo porqué no quiere.
El Dios de Jesús no es el dios intimista - de la religiosidad sin el otro - sin lucha o sin conflicto por la búsqueda del bien de los demás.



Celebrar a Dios en nuestras vidas es celebrar la presencia de un Dios que es AMOR... INCONDICIONAL que nos aMa por lo que somos y no por lo que hacemos.

Dios es AMOR - GRATUITO
donde todo es DON - donde todo es regalo y nada se comercia.

Dios es AMOR - LIBRE y CONFIADO
que hace soltar de nuestras manos todo cuánto nos encierra y ata - o nos culpa y amarga.

Dios es AMOR - ENTREGADO y POBRE
que no fuerza ni presiona - que da sentido a nuestras entregas que muchas veces no ven fruto ni encuentran reconocimiento.

Dios es AMOR - PROYECTO DE REINO
donde el encuentro con el otro convierte nuestras heridas en don y los gestos de compasión y de justicia transforman la vida.

Dios es AMOR - INQUEBRANTABLE
que nada de lo que piense... o sienta... o haga lo podrá romper.


Celebrarlo en la vida es estar deseando que toda ella- cada día más - sea un espejo de esa Buena Noticia.