nos dice Jesús reiteradamente.
Y cómo no hacerlo cuándo nos sentimos amenazados en aquellas cosas que deberían, de alguna manera, estar seguras... cómo por ejemplo, el cuidado amoroso de quienes dicen amarnos cuándo se experimenta chantaje o violencia... o cuándo desconocemos las reacciones de esas mismas personas frente a nuestras equivocaciones...etc.
Qué difícil transitar otros miedos más recientes cuándo hemos sido heridos justamente allí dónde tendría que haber habido una palabra incondicional, una cercanía inquebrantable.
Cuántas veces sentimos que el miedo nos gana. Miedo a perder lo que tenemos, a ese lugar que logramos con tanto esfuerzo y dedicación; miedo al que dirán, que condiciona entregas y creatividades; miedo al futuro que no podremos jamás controlar; miedo a no ser suficientes, sintiendo que nada alcanza; miedo a que nos dejen solos, perdiendo de esa manera lo que nos daba seguridad; etc.
Es cómo si las situaciones de la vida nos volvieran a golpear en los mismos lugares de siempre.
¿Será posible otra mirada? ¿De dónde el "no tengas miedo" de Jesús?
Creo que es posible mirar "esos nuevos golpes" de otra manera... tal vez cómo posibilidades dónde volver a ponernos en contacto con lo que nos quedó en el camino atrapado en aquellos miedos más primordiales.
Es verdad que, para eso sera muy necesario poner en perspectiva lo que está pasando... y descubrir que no todo depende de nosotros... que dentro, con nuestros demonios, no estamos solos... será necesario volver a poner nuestra vida en relación con ese Dios que sostiene, acompaña, recrea, perdona y transforma.
Creo que Dios nos quiere completos... con todas las partes de nuestra historia -de nuestra vida- iluminadas, reconciliadas, abiertas a que surja lo mejor de nosotros...
que no es otra cosa que lo que el sembró en cada uno de nosotros: JESÚS.
Instalados en el miedo, nos volvemos rígidos, controladores, calculadores, demandantes y tremendamente posesivos.
Confundiendo actitudes verdaderas, de entrega y servicio, con necesidades muy básicas.
Descubramos que, el reverso del miedo es la pregunta por el lugar que tienen las cosas, lo que hacemos, las demás personas, en nuestra vida... es la pregunta por aquello que creemos le dará valor a nuestra vida... es la pregunta sobre quién tiene nuestra confianza absoluta, total... a quién le hemos confiado la vida.
La confianza es un camino de regresos... es un itinerario de verdad... es andar despacio... es dejar de correr..
Es sentirse a salvo, aun en medio de la tormenta.
La confianza es un abrazo en medio de la desesperación.
Son manos abiertas.
Es una mesa servida, con amigos, en medio del dolor.
La confianza es ese descanso de hogar, en medio de la violencia de la calumnia y el juicio.
Es una mirada que entiende, que libera de la ansiedad porque te saca del tener que rendir.
Es un entrar en la "tierra sagrada" de los demás, sin pretensiones ni prejuicios, con los "pies descalzos".
La confianza brota desde adentro... cómo de una fuente... fluye en lo que somos, en lo que decimos, en lo que hacemos.
Nos hace auténticos... nos hace felices.
Bendita confianza que nos arroja...
porque en buenas manos estamos.























