viernes, 3 de abril de 2026

Sobre el madero de la Cruz... Jn 18, 1–19, 42

 
“Todo está cumplido”, 
e inclinando la cabeza, entregó el espíritu...

Y la Palabra se hizo silencio. 
Hasta su "espíritu" ... todo cuanto tenía para vivir.
Muere, como vivió... siendo el "entregado del Padre".

Su actitud vital frente a la muerte, como frente a la vida, nos habla de cómo es Dios y también nos habla de nosotros mismos... de que es posible llegar a ser plenamente humanos aprendiendo a Amar ... aprendiendo a aceptar las limitaciones y miserias de toda vida humana...aun la traición que vino desde dentro.

Hoy celebramos una entrega, no celebramos un sufrimiento.
¡Cuánta insistencia en el sufrimiento seguimos sosteniendo!
No es el sufrimiento de Jesús lo que nos salva.
Es su actitud de entrega sin límites...  es su Amor aun en la cruz.

La cruz, nos aporta la certeza de que es posible amar hasta en los extremos de la vida... de que no hay excusas para no hacerlo.

Por eso, lo que nos salva, no es si el Padre quiso o no quiso la muerte de su Hijo... o si la recibió como pago de nuestros pecados... etc.

Jesús, al permanecer en su decisión de amar, no sólo que lo hace creíble y digno de confianza, 
sino que además le aporta al amor, toda autenticidad.

De esa manera, al afrontar la pasión sin resistencias, aceptando lo que se le presenta, entregándose... ha desarmado toda oscuridad... le ha quitado a la muerte todo poder y toda tragicidad... ha transformado las heridas de la muerte en aberturas por dónde puede fluir la vida.

Toda situación humana, en Jesús, ha sido alcanzada; porque 
"no hay nada dónde Dios no ha amado".

Por su solidaridad con toda la humanidad, se convirtió en el hambriento, en el sediento, en el preso, en el enfermo, al que tenemos que auxiliar.

"Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen"

Allí dónde nosotros cerramos... allí donde nosotros, podemos llegar a herir hasta aniquilar... Jesús responde dándose todavía más.
Perdonar es seguir dando...
Su perdón es resurrección.

Su perdón no justifica ni disimula el mal. 
Permanece "no violento", en medio de nuestros arrebatos.
Desarmado se hace perdón... y de esa forma nos libera de ese círculo de culpas, venganzas y vergüenzas, que nos asfixia.
No sabemos lo que hacemos, cuándo nos negamos a recibir este perdón.

No sabemos lo que hacemos, 
cuándo no sabemos quiénes somos.

Tampoco sabemos lo que hacemos, cuándo seguimos clavando letreros y rótulos a las personas, cómo aquel otro cartel que pendía de la cruz.
Y tampoco sabemos lo que hacemos, cuándo estamos sordos al “tengo sed” - de vida, de respeto, de dignidad, de mirada, de reconocimiento, etc- de tanta gente alrededor nuestro.

La Cruz - el Crucificado - el que "pende de un madero" - el "Inocente"... nos recuerda hoy quienes somos... 

Atrayéndonos busca despertarnos a nuestra verdadera esencia... a nuestra verdadera identidad... 

Somos don, espacio, capacidad... para que Dios se siga dando.


"TOMÓ el pan, lo PARTIÓ y se lo DIÓ a sus discípulos..." Jn 13, 1-15

 
"...se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos..."
 

El Señor se hace siervo...  el Grande se hace esclavo... Dios a los pies de la humanidad... no para mostrar nada... sino para volver a recordarnos dónde podemos encontrarlo... hacia dónde caminar para encontrar "Verdadera Vida"... una Vida con sentido.

Los gestos de Jesús son simples, iluminan y rompen con esas pretensiones de poder que a veces llevamos dentro... o esa búsqueda de querer estar por encima de los demás o de creernos mejores... o de buscar algún tipo de beneficio con lo que se hace... 
Los gestos de Jesús, cambian la manera de ejercer la autoridad en medio nuestro... dónde el que tiene más poder, más servidor se tiene que hacer... y más humildad tiene que aprender.

Los gestos de Jesús son gestos gratuitos... no hay doblez en ellos... no buscan engañar a nadie... son fáciles de aceptar o rechazar... no se hacen pensando en lo que recibirán... sino en lo que dan -un sentido nuevo para la vida-... en la posibilidad que buscan despertar... por eso no hay cálculos ni medidas.
  
Son gestos de una apertura tal, que no generan dependencias -después de ellos los discípulos tuvieron que seguir eligiendo si seguirlo o no-; ni buscan manejar la vida de nadie, porque Jesús es una persona libre, y libre para darse de un modo nuevo, dónde Amar cómo Dios ama, lo es todo... por eso, no tiene nada que demostrar ni nada que defender. 


Sus gestos, son cómo el pan que se parte...

Son esos gestos dónde toda la persona queda entregada y totalmente disponible... 

Una vez que el pan se partió es para repartirse... es para darse... no es para ser almacenado -porque con el tiempo se pudre-; ni tampoco para que algunos agarren todo, dejando a algunos sin nada.

Todo en Jesús, fluye en una misma dirección, no hay doblez y no hay necesidad de explicación.

Son gestos de una verdad que viene de lejos y de adentro... huelen a hogar -su presencia genera que la gente se sienta recibida, aceptada, valorada, sin miedos a mostrarse tal cómo son-  son gestos que crean HOGAR... 

Son gestos que, por ser incondicionales –porque son sólo amor- e inclaudicables –no se agotan ni se cansaran jamás de nosotros-, son capaces de sostener nuestra precariedad en la fe, cuando hoy decimos sí creo y al momento decidimos -vivimos- cómo si no creyéramos –como los impulsos de Pedro-… 
Y son también capaces de sostenernos, desde dentro, en la desnudez del corazón cuándo hemos sido capaces de traicionar los valores más sagrados en los que creíamos –como Judas-… 
Son gestos que hablan de perdón y de segundas y terceras y cuartas, y nuevas oportunidades.

Son gestos libres que han elegido no esperar ni reclamar nada para sí... están desnudos de todo poder y de toda ambición… totalmente desprovistos de la intolerancia y de la impaciencia.

Son gestos para la vida... 
capaces de transformar
las heridas en don, en servicio y en disponibilidad
el individualismo en fraternidad
la ofensa en perdón
la cerrazón en apertura
la indiferencia en servicio
"mi pan" en "nuestro pan"


Son cómo el vino que se derrama...

¿Quién puede comprender tanto derroche?
¿Quién es capaz de recoger la vida que allí se entrega?
¿Quién es todo lo libre para hacer suyos estos modos?






"Señor, 
que nuestra vida sea 
cual una quena simple y recta, 
para que Tú puedas llenarla, 
llenarla con tu música."


domingo, 29 de marzo de 2026

LO QUE SALVA ES EL AMOR. Dar la vida, transforma el corazón. Mt 21, 1-11

Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén; decide ir por el camino de darlo todo y de no reservarse nada para sí aun en medio de la aceptación o del rechazo... como si este fuese el último recurso para que pudiesen comprender la novedad del Reino.

Y entra a la ciudad no como un príncipe guerrero dispuesto a conquistar con la fuerza sino como un rey pacifico... pobre y expuesto a todo comentario y rechazo.
ES UN GESTO PROFÉTICO.

¿Quiénes entendieron el signo?
Escuchando a la gente que lo recibe aclamándole como "Rey y Mesías" da la sensación que le gritan a otro tipo de Mesías.
Qué lejano podemos poner a Dios cuando queremos seguir alimentando nuestras expectativas o nuestros modos de entenderlo... cuando la verdad parece no entusiasmarnos demasiado.
Cuánto más lejos, más inconscientes vivimos.

Ante las falsas expectativas de algunos que solo le entusiasman las conquistas... ante el rechazo o la indiferencia de otros... ante la incomprensión de los propios discípulos... Jesús permanece en la decisión de ir hasta el final en su decisión de "Amar como Dios ama"...
SÓLO SERÁ AUTÉNTICO SI NO SE CORRE.

Y a los cantos de adhesión le seguirán los gritos de "crucifícalo"... las palmas y mantas se cambiarán por una cruz y unos clavos... a las expectativas frustradas le seguirá la crueldad de la cruz.
Seamos conscientes de cuánta violencia pasiva se esconde entre nosotros porque nos sentimos defraudados, o despechados o frustrados por algo o por alguien.
Y a cuánta gente rechazamos por menos.


¿Cómo interpretamos semejante desenlace?
Atendamos a esto... porque la interpretación que hagamos de la pasión de Jesús determinará nuestro modo de ser cristianos... más aún... nuestro modo de alcanzar mayor humanidad.

Comencemos por darnos cuenta de que tal vez hemos reducido la pasión de Jesús a un simple recuerdo de algo que por momentos nos hace sentir culpables... o nos emociona... centrando nuestra atención en el dolor o en el sufrimiento o en el pecado... volviendo a quedar nosotros en el centro de atención.

O tal vez, seguimos pensando que la pasión de Jesús es iniciativa de un Dios que quiere el sufrimiento de su Hijo para salvarnos... o cómo pago de nuestros pecados... como si Dios necesitara de sangre para perdonarnos (¿cuánto sacrificio hacemos creyendo que Dios nos escuchará más porque hacemos eso?)... vivimos y nos culpamos cómo si nuestros pecados tuviesen algún poder sobre Dios... creyendo que Dios se enoja cuándo nos equivocamos.

Para acercarnos a una lectura de la muerte de Jesús que no cierra todo al sufrimiento, es necesario dejarse iluminar por sus palabras... por sus gestos... es necesario mirar como él vivió: dando vida... poniéndose al servicio... no condenando a nadie... rescatando dignidad... poniéndose siempre de parte del más débil - del más pobre - del que no cuenta. Y esto lo hizo no de cualquier manera sino dándose... haciéndose DON PARA LOS DEMÁS.

Jesús muere entregado como vivió entregado. 
LO IMPORTANTE ES LA ACTITUD VITAL CON LA QUE VIVIÓ 
CADA MOMENTO DE LA VIDA... Y DE LA PASIÓN.

Muere, cómo consecuencia de su opción de vida... de su humanidad atravesada por un "Amor que vale más que la propia vida"...

Muere, por permanecer en una Verdad que desafío un sistema de creencias, que anulaba y excluía personas...

Muere, porque molestaba su forma de entender a Dios... "un Dios al servicio de la vida del hombre" liberaba personas de cualquier búsqueda de poder.

Muere, expulsado y fuera de las murallas de Jerusalén, identificándose, aun ahí, con los rechazados y excluidos de todos los tiempos... para que se alce otra voz en medio de esa situación: "¿Se olvida una madre de su criatura...? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! Yo te llevo tatuado en las palmas de mis manos..."  Is 49,15-16

Muere, para decirnos que el Amor de Dios no se aleja jamás de nuestras vidas... que Dios es Fiel aun en medio de nuestros rechazos.

Creer esto te hace amar la vida, y crea un modo nuevo de vivir, dónde no hay lugar para dominar ni oprimir ni controlar a nadie, ni juzgar a nadie... ni aun teniendo buenas razones para hacerlo.
Creer esto, te hace amar la vida, y la vida de todos (no sólo de los que te agradan), creando así un modo de vivir dónde el darse a los demás –perdonar, mirar de otra manera, servir, escuchar, consolar, etc-, aun en medio de la debilidad y dolor, nos hace más verdaderos, más humanos... y nos hace felices porque estamos siendo lo que somos: DON.
Pero nosotros buscamos que la vida nos sirva de algo... 

"...y hagan del amor la norma de sus vidas,
a ejemplo de Cristo que nos amó y se entregó
así mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio..." Ef 5,2


COMPARTIR LA PASIÓN DE JESÚS, no es subir a la cruz con Jesús, sino en vivir pendiente de aquellos que todavía permanecen en la cruz, y ayudarlos a bajar de allí.

Compartir la pasión de Jesús es darle la  bienvenida a quienes el mundo rechaza.

Lo que nos salva no es la cruz, sino el Amor.
La cruz aporta una sola cosa:
AMAR ES POSIBLE EN TODA CIRCUNSTANCIA.
NO hay excusas.

CREER ASÍ. VIVIR ASÍ. AMAR ASÍ,
TRANSFORMA CUALQUIER CORAZÓN.

domingo, 22 de marzo de 2026

Cada uno de nosotros es LÁZARO. Jn 11, 1-45

Aunque sabemos que después de una pérdida viene un tiempo llamado "duelo", eso no significa que lo aceptamos de buena gana o que lo transitamos de buena manera... cómo si hubiese una buena manera.

Más de una vez hemos corrido el riesgo de alargar esos tiempos tal vez por miedo a olvidar, o por la culpa de no haber hecho lo suficiente; haciéndose dificultoso poder reconocer que algo nuevo puede llegar.

Cuántos de nosotros hemos experimentado cómo queda desgarrado el corazón cuando hemos perdido lo amado... y no sólo sentimos que algo nos arrebataron sino que además, en algo eso le daba sentido a la vida. Cuántas veces hemos escuchado después de una pérdida: "¿... y ahora que voy a hacer?" 

Tal vez necesitamos un baño de sinceridad y reconocer que la mayoría de las veces el llanto es por nosotros... siendo la angustia por la pérdida el lugar dónde nos encerramos... y el querer entender, el modo en cómo alargamos el dolor y el sufrimiento.
¿Quién está preparado para una pérdida?
Qué difícil resulta ver en medio de ella y más aún tener esperanza en la "vida escondida" en toda situación humana.

A cuántas maneras de pensar... a cuántas culpas... a cuánto sufrimiento inútil... nos aferramos...
que nos detiene y nos aísla. 

Lázaro es una imagen de la dificultad que tenemos en vivir desde esa Vida que no está atada ni se rige por las creencias o imágenes que llevamos dentro.
Por esperar no sé qué vida o forma de vivir... nos seguimos encerrando en los sepulcros esperando a saber qué cosa o a quién...

Estamos transitando una muerte... el riesgo es atarnos al sepulcro por el miedo al vacío que produce dicha muerte.
Cuántas ideas -como vivencias- de Dios y de cómo debe ser la vida están muriendo... y qué difícil se hace no aferrarnos a lo que ya hemos reconocido incapaz de dar vida. 

Enfrentados al límite... desnudados de toda seguridad que dan las ideas... somos invitados a permanecer en el vacío... no solos sino sostenidos por una comunidad... 

Somos invitados a permanecer en el vacío, pero no de cualquier manera, sino abiertos a la escucha de una Palabra que invita a salir... a dejar de esperar en lo que ya hemos experimentado como "sin sentido"... que invita a la libertad de todo mandato... y a encontrarse con ese "núcleo escondido" que no se banca que lo reduzcamos a nuestras necesidades o heridas.

Es una Palabra que, levantando las losas pesadas de tantas creencias y culpas, pretende despertarnos de las ilusiones dónde instalados, nos sentimos seguros... descubriéndonos las posibilidades latentes que la misma vida posee como don a los demás.
Es una Palabra, de apertura frente a la cerrazón del sepulcro que, limita la vida a lo que se ve o se siente o se piensa, y que por miedo tiende a volver a lo seguro -regresión- y al "siempre se hizo así".

Es una Palabra, que impulsa... que pone en movimiento... que levanta... que nos saca de esa tendencia a replegarse -a encerrarse- en el sufrimiento del cual nos aferramos.

Es una Palabra, que invita a caminar "sueltos de toda atadura" sin buscar retener lo conseguido porque en el morir ... como el grano de trigo... encuentra la razón de su existencia.
Es una Palabra, que invita a andar despacio... con los ojos bien abiertos... respetuosos de la vida de los demás qué frágil se va abriendo camino en medio de lo dificultoso o duro de la existencia.

Cada uno de nosotros es Lázaro.
El tiempo en el que vivimos es Lázaro.
La comunidad cristiana es Lázaro.

¿Cuáles son los sepulcros en los que estamos? ¿Qué es lo que hay que reconocer que ha muerto en nosotros?
¿Cuáles son las vendas que tienen atados los pies y las manos y nos ciegan el camino?
¿Quiénes son los que sentencian que allí ya no hay vida... quiénes atan al sepulcro porque sus creencias así lo determinan?

jueves, 19 de marzo de 2026

Y Dios duerme en brazos de un "pobre carpintero". Mt. 1, 16. 18-21. 24

José, un hombre de escucha interior... que es capaz de percibir aun en sueños... una suave invitación... para nada impositiva... animándose a correr riesgos... permaneciendo en esa escucha aun cuando tenga que dejar la seguridad... permaneciendo sin prisas y soltando el control, intuyendo que eso lo alejaría de aquello que lo supera... de aquello que intuye que acontece, que lo incluye, pero que es más grande que él.

Y no se adueña de la escena... es cómo si estuviese en la parte de atrás... sosteniendo, cuidando, dando ánimo... no se resiente por no ser el protagonista principal.

Y lo hace desde el silencio... un silencio no agresivo -no tiene nada que ganar ni nada que conseguir-... 

Es un silencio, hecho de una profunda apertura interior que se expresa en toda su vida... en todos los gestos que tendrá para con María y Jesús. Es un silencio que lo hace disponible totalmente; por eso se da sin cosas ocultas y sin calcular hasta dónde darse.

Ese espacio, que crea libertad, es el que dispone para decidir en medio de los miedos y de las incertidumbres de la vida... no reacciona ni se defiende... decide desde ese espacio abierto, no convirtiendo la situación ni a los otros en enemigos... camina hacia adelante... confía que en medio de las oscuras quebradas no quedará solo.
Y no se corre frente a lo difícil e incierto del momento; lo asume con responsabilidad, y sin lecturas culposas ni poniéndose en el lugar de una víctima. 

Es impresionante la creatividad que surge cuándo se ama lo que es y lo que se está haciendo... contando con la dificultad y el desacuerdo... etc... porque siempre y en todo momento están los otros... todo en nosotros es relacional.


También el trabajo tiene esa clave para mirar... allí lo encontraremos a san José; siendo solidario, unido a todos los trabajadores de la historia  y del mundo... encontrando allí su lugar y su identidad; sintiéndose útil desde quién es y lo que tiene para dar; aceptando el cansancio de la vida cómo entrega, como expresión también del estar desgastándose, por hacer de este mundo, un lugar más vivible para todos. 

domingo, 15 de marzo de 2026

MIRA, sin límites puestos por ti. Jn 9, 1-41

¿Qué es lo que tendríamos que descubrir con nuestra mirada?
¿Por qué lo tosco de la vida, es portador de más luz si lo aceptamos cómo es?

¿Hay algo en verdad que puede limitar la capacidad de mirar?

¿A quiénes no vemos en nuestro camino?; ¿quiénes están invisibilizados para nosotros?



Creo que estamos de acuerdo que la capacidad de ver, es uno de los sentidos que más valoramos; siendo además una facultad de la que nos enorgullece tenerla a la hora de hablar de alguna situación. 

Nos creemos lo que vemos; olvidándonos por supuesto que nuestra perspectiva es sólo eso, "nuestra perspectiva", una entre muchas... que depende de nuestra percepción, la cual está bajo la influencia de creencias y mandatos.

¿Qué es lo que no podía ver aquel hombre ciego?
Y ¿qué es lo que los demás decían ver, pero tampoco lo estaban haciendo?

"no hay peor ciego que aquel que no quiere ver ... cómo no hay peor sordo que aquel que no quiere escuchar"

"al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento..."

La VIDA, y Jesús ahí, se encarga muchas veces, de tomar la iniciativa en buscar sacarnos de las cegueras en las que estamos instalados y seguros y acostumbrados.

¿Cuántas veces hemos sentido la invitación a mirar más allá?
Más allá de lo superficial... o más allá de los límites... o más allá de las frustraciones.

Creo que somos conscientes de que permanecer en ciertas situaciones, aunque sean conflictivas, pueden traernos beneficios, como desligarnos de responsabilidades o regalarnos la ilusión de una aceptación que hay que cuidar y defender. 

El ver nos responsabiliza y compromete.
El ver nos pone en movimiento.
El ver es un paso de más verdad.

El ver nos libera de los prejuicios y de la indiferencia en los que la ceguera o la pretensión de estar viendo nos instaló. 

El ver es cómo un "despertar"; un salir de los propios engaños o ilusiones; el ver es un "detenerse"; es apertura a una dimensión de las cosas que, aunque es nueva, ya estaba allí.

"Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)..."

Situaciones no siempre cargadas de luz -cómo el barro- son portadoras de una promesa qué, para alcanzarla, supone el ejercicio de esa libertad que es capaz de bancarse el momento del no saber -momento de cambio- creyendo en el camino; aceptando los tiempos y abriéndose a los procesos... aun cuando no se vea lo que consideramos que se tendría que dar.

En todo camino de nuevas miradas y de aperturas, hay una cuota de desapropiación e impotencia... de muerte... hay cómo una suspensión de nuestra capacidad de entender. Actitudes para las cuales no fuimos enseñados habitualmente. 

Si confiáramos en medio de esta aparente oscuridad, cómo lo hacemos cuando creemos estar en la luz... ¿cómo cambiaría nuestra actitud ante toda la vida?

Ahora, ¿cuál habrá sido la primera reacción de aquel ciego al encontrarse con barro... y llamado a caminar?
¿Cuánto tardó el trayecto? 
Y ¿cuál habrá sido la reacción de aquellos que estaban a su lado?
Porque no siempre el despertar de algunos -el salir de la postración- es aceptado por los que lo rodean... porque esto supone independencia de uno; porque el liberado recobra la palabra, y esa palabra reclama, denuncia, etc.

Aunque nos parezca inconcebible, no es fácil abandonar el control en favor de la vida y de los tiempos de los demás; muchas veces lo conocido o lo negado en uno mismo, nubla la mirada como la capacidad de apertura.

Un poco de agua y tierra... algo que no deja de fluir desde dentro con algo que parece obstáculo... la obra de la creación continúa. 

Aceptar que nos levanten … reconocernos ciegos -que partes de la realidad siempre están ahí por abrirse-... dejar que nos pongan en movimiento habiendo escuchado lo que "resonó dentro"... aceptar caminar cómo se pueda... y volver a la fuente -"a la del enviado"- que nos revela el tesoro que oculta toda vida, todo momento y todo dolor.

No será posible ver con más amplitud a los demás o escuchar los tonos intermedios de lo tosco de la vida, si no es posible vernos a nosotros mismos en todo su misterio... si hay rechazo o negación hacia algún aspecto de nosotros mismos.

Ver a los demás es  devolverles su dignidad; es reconocerlos.
Difícil esto si nosotros no podemos reconocernos en los demás.

Ver a los demás es liberarlos de la oscuridad del "aquí no cuentas para nada"... 
Es rescatar a las personas de la invisibilidad que producen los prejuicios, las valoraciones culturales, etc.

"Y Jesús vio al pasar..." aquel gesto tremendamente liberador,  condujo al ciego, de la postración a la fe...  “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró... Y ahora su postración, ya no era desde la carencia, sino desde la entrega.
Difícil sería este reconocimiento si primero no se hubiese dado lo otro.

Allí dónde estamos... 
nos alcanza.

domingo, 8 de marzo de 2026

Y la mujer dejo allí su cántaro. Jn 4, 5-42

"Vengan a ver al hombre que me dijo todo lo que hice..."

No parece una buena propaganda... 
¿Quién tiene el coraje suficiente para escuchar de una, todo lo que ha hecho?
¿Quién resiste tanta verdad al mismo tiempo?
Acaso, ¿no es mejor olvidar para no seguir con el mismo sufrimiento?

Y lo encontró sentado junto al pozo de agua...
Allí, dónde buscamos una y otra vez apagar nuestra sed de amor y aceptación; junto al pozo de los vacíos y el de la desolación que deja el rechazo... allí nos espera... con ese espacio del corazón quiere que nos encontremos... y viene a nosotros en la necesidad de otros que cómo un espejo desnuda la nuestra... se hace necesitado de nuestra agua... 

Todo comienza con un diálogo... con algo que descoloca... que invita a levantar la mirada... a salir de los propios pensamientos y juicios... a separarse de aquello que hay que cuidar tanto.

Y tantos rechazos y decepciones no fueron en vano... la desconfianza y el sufrimiento hicieron muy bien su trabajo... ante las primeras invitaciones para volver a confiar, las defensas y murallas funcionaron muy bien... 

Cuánto más quiere encontrarse con lo valioso que está dentro, después de tanto desprecio, más difícil se hace el creer y confiar... y por ser lo que sé es, "mujer y samaritana", no puede ganarle... racionalmente no ganará... no puede ser verdad...

Hizo falta mucho tiempo para levantar semejantes resistencias para que con unas cuantas palabras quieran atravesarlas.
Y no es fácil aceptar esa pregunta que puede llegar a cuestionar o desestabilizar ese modo de vivir que la ha hecho una sobreviviente... lo aprendido se vuelve absoluto y la herida no sanada nos vuelve sordos... defendemos detalles y hacemos guerras de ideas.

Sólo cuando es tocado ese espacio maltrecho del corazón... sólo cuando la pregunta es sobre lo que se busco para sentirse valiosa... sólo cuando es capaz de ponerse en contacto con esa sed tan intensa de amor y aceptación que la llevó a estar adónde ella está ahora, vacía y sin que nada le sea suyo, ni su cuerpo... solo entonces se quiebran los pliegues del corazón.

Hay que pasar el momento... sentirse quebrantada... sin nada para ocultar la necesidad tapada con tantos "maridos"...
Se deja mirar ... pero esa todavía no es su mayor verdad.

Y es justamente allí... en el lugar de las mayores heridas y el de las luchas más intensas, dónde el corazón cansado deja de pelear y se abre...
Y entonces es posible entrar... el corazón se transforma en un lugar de encuentro... 

Dios estaba allí -esta era su mayor verdad... "Él es la Fuente"-... y es allí, dentro y en lo profundo, dónde quiere ser adorado -quiere mirarnos y decirnos que su "amor basta"-... en "espíritu y en verdad".
Y desde allí quiere ser el que se dé, a través nuestro, a los demás.

Y todo se vuelve libertad... los pies corren solos al encuentro de los demás... ya no hay nada que defender... de nada hay que cuidarse... ni el cántaro ya necesita. 

Ella se ha vuelto -su cuerpo, sus afectos, sus sentidos- 
"MUJER CÁNTARO"... 
la Fuente fluye en ella hacia los demás.

Vengan a ver a quien me ha dicho todo lo que hice... 
ya nada importa más que aquello que está y brota desde dentro. 

Apéndice:

"La mujer, dejando allí su cántaro, 
corrió a la ciudad y dijo a la gente: Vengan a ver..."

DEJÓ ALLÍ EL CÁNTARO 
de las manos siempre vacías porque nada fue suficiente. 

DEJÓ ALLÍ...
el cántaro del cuerpo encorvado por la culpa y la vergüenza
el cántaro del corazón agujereado y roto por las decepciones tenidas
el cántaro de los deseos prohibidos y negados

DEJÓ ALLÍ...
el cántaro de la mirada sometida a las miradas de los demás 
el cántaro de las presiones por no haber podido responder a las expectativas de la gente 
el cántaro de la complacencia que sujetaron sus pies por mucho tiempo 

DEJÓ ALLÍ...
el cántaro del sufrimiento por no sentirse amada ni valorada 
el cántaro de la vida entregada sin sentido 
el cántaro del anhelo profundo buscado saciar torpemente

DEJÓ ALLÍ...
el cántaro del aislamiento que encierra en la soledad y en el desaliento 
el cántaro de la satisfacción inmediata que aleja de lo profundo 

DEJÓ ALLÍ...
el cántaro de las palabras no dichas por miedo al qué dirán 
el cántaro de los rótulos que mantienen amorzada la novedad

Dejó allí el cántaro "vacío" que sólo servía para retener y controlar
y se dejó llevar por ese otro que solo sabe de servicio y entrega.
de Don y Libertad.