domingo, 18 de octubre de 2026

Restituir "LO DE DIOS" en la vida de SU GENTE. Mt 22, 15-22

"Devuelvan al César lo que es del César, 
y a Dios, lo que es de Dios."

Nos encontramos ante una de las respuestas de Jesús, en medio de uno de los muchos conflictos que se le presentan, que muchas veces hemos reducido a una simple cuestión: la de la relación iglesia-estado o fe y política; y como sentimos que tal vez no nos atañe a nosotros,  nos desentendemos de esto con muchísima rapidez. 

Y lo de Jesús, como siempre, va mucho más allá de las cuestiones prácticas o de comportamientos concretos porque estos, aunque exigen respuestas inmediatas, nos alejan muchas veces de lo que realmente está en discusión, dejándonos en la superficie de las interminables discusiones. 

Justamente porque el evangelio no nos da una respuesta concreta hasta donde llega la fe... que parte se mezcla con la política... es que se dan muchas interpretaciones. 

Aquí será conveniente volver a considerar que la realidad que vivimos las personas es algo complejo... en cada momento de la historia valoramos las cosas de formas distintas... etc; por ende la palabra de Jesús será siempre una invitación a decidir desde un valor más grande, en favor de la libertad y del bien de los demás, atendiendo a quienes menos tienen y denunciando cualquier atropello.

El texto comienza con una pregunta que, aunque pareciera que la intención fuese la de no pagar impuestos, plantea una situación mucho más compleja: estamos ante la experiencia de un pueblo sometido que siente no sólo vergüenza por pagar impuestos sino que además siente que traiciona a Dios con esto, porque solo a Él le debe toda fidelidad y todo reconocimiento.

En esa historia, fariseos y herodianos -acomodados y oportunistas- le preparan un trampa a Jesús sin ningún espacio para poder maniobrar. Diga lo que diga se pondrá en contra de algunos y a favor de otros.

¿CUÁNTAS COSAS SON PRESENTADAS HOY DE ESTA MANERA? 
Necesitamos aprender a mirar desde otro lugar donde lo esencial que une y no divide sea un espacio superador.
La superficie siempre nos llevará a partidismos. Lo esencial no sólo nos dice que somos uno sino que además facilita el encuentro y el diálogo.

Frente a la pregunta, Jesús se ve obligado a entrar en un juego en donde tendrá que declarar sus verdaderas intenciones... con quienes quiere caminar... de qué lado se pone... a quienes defiende... su respuesta lo ubicará como un "oportunista más" -amigo del sistema- o como un rebelde.

Jesús aunque les descubre que no hay una búsqueda auténtica de la verdad, acepta la pregunta y pide que le muestren una moneda, algo que él no tiene.
Los defensores de la ley no dudan en hacer uso de las monedas, lo que los hace parte de ese sistema.

Tal vez a nosotros nos estaría faltando un poco de esa libertad de Jesús que justamente por no tener ningún poder, por no poseer nada, ni privilegios, ni fuerza... tiene libertad de hablar y sus palabras son creíbles.

"Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó:
-¿De quién es esta figura y esta inscripción?"

Jesús los invita a mirar más allá del conflicto entre Dios y el César y a descubrir que es lo que realmente se está poniendo en juego... porque el no estar con el César no significa que se esté con Dios... con sus modos... con sus maneras.

Mirando la imagen y la inscripción de la moneda es muy fácil reconocer que es lo que le corresponde al César... pero lo más difícil ... lo que realmente está en juego... es descubrir lo que le corresponde a Dios y para esto habrá que buscar en otros rostros... donde la imagen de Dios -aunque a veces borrosa o dañada- se encuentra.

Y es justamente en esa humanidad que ha sido privada de su dignidad -en su libertad y en sus necesidades básicas- dónde Dios quiere ser restituido.

Pero cuántas veces nos encontramos considerando a Dios como alguien que viene a liberarnos de nuestras responsabilidades sociales, a darnos privilegios, excepciones.
Cuando Jesús está de por medio, los compromisos aumentan y no hay lugar para exenciones o rebajas.
O cuántas veces hemos utilizado a Dios como si fuese un César, exigiendo obediencia, privando libertades y dando castigos.
Cuando la comunidad cristiana se hace con este poder, hay alguien y hay algo que siempre queda fuera: Jesús, su evangelio y mucha gente lastimada. 
O cuantas otras el César se ha creído Dios; y se ha olvidado que en el cumplimiento de sus deberes con la gente está restituyendo las cosas de Dios.

Salgamos de nuestros encierros y desánimos, apostemos por todo aquello que es más humano, valorando la vida de las personas teniendo detalles de cercanía y empatía... ampliando la capacidad de diálogo, escuchando todas las voces -sin censura ni juicios-, dejando que aparezcan dentro las verdaderas intenciones... sin vergüenza y sin absolutizaciones. 

Seamos capaces de poner en diálogo 
la primacía de Dios 
-que quiere ser restituido en la vida de su gente-; 
y la libertad de nuestra conciencia 
CON los derechos y los deberes del estado.
 

domingo, 11 de octubre de 2026

Ensanchando el Corazón y la Mirada. Mt 22, 1-14

Así cómo en el evangelio de los "llamados a trabajar a la viña en diferentes horas", nos encontramos con otra invitación, y con las diferentes reacciones frente a lo que aparece como novedad, y que de alguna manera compromete la vida.   

Lo que llega cómo "algo gratuito", además de romper con esa "meritocracia" con la que muchas veces medimos la vida, movilizará el corazón y lo llevará a pensar en sus propios juicios -en el porque hace lo que hace- descubriendo que a veces podemos estar buscando sacar ventaja de todo cuanto hacemos; y también de los vínculos que se establecen... pensemos en el chantaje con que muchas veces actuamos con los demás, o el uso que hacemos de ellas.


DIOS aparece en el evangelio, 
como una "INVITACIÓN A UN BANQUETE DE BODAS".
Él es una "INVITACIÓN", dónde no hay excluidos; dónde también, nada de nuestra vida queda fuera.
DIOS ES PARA TODOS Y PARA TODO.

Su invitación se la escucha en el camino... cuando somos capaces de detenernos en lo que está al borde de nuestra vida... sean personas, sean espacios del corazón.

Es una invitación que nos sale al encuentro, cuando miramos y nos detenemos en los que están al borde del camino:
Cuando somos capaces de crear vínculos con las personas que nos salen al encuentro -sean quienes sean-. 
Soltando estructuras de pensamiento para incluir... soltando creencias para aceptar todo lo nuestro que Dios ya sentó a su mesa.

Ensanchando el corazón y la mirada, porque si no se ensanchan se achican - se estrechan -. 
Creernos dueños de algo - y sobre todo de las cosas de Dios-, estrecha el corazón y la mirada.
Sentirnos mejores que los demás o menos dignos, estrecha el corazón y la mirada.
Juzgar por las apariencias, estrecha el corazón y la mirada.

Encontrarnos con esa invitación, es hacernos conscientes de que en Jesús, Dios ha respondido a los anhelos más profundos que llevamos dentro... a los hambres más viscerales que buscamos saciar con tanta cosa... por eso es un banquete... y un banquete de bodas... 

Dios es invitación a anunciar, con nuestra vida, que los anhelos más profundos, atravesados por la tristeza, la duda, el miedo, la incertidumbre y la marginación, han venido a tener en Jesús un sentido distinto que abre... que posibilita caminar y crecer.

Pero, 
¿cómo escuchar que hay otro modo de vivir lo que la vida nos presenta, si buscamos callar el dolor, la soledad, la tristeza, el enojo con tantas cosas que no hacen más que volvernos cada día más sordos y ciegos frente a lo realmente vale la pena?.
¿Cómo percibir la invitación que nos viene de eso que justamente rechazamos?

Jesús es vida de Dios ofrecida, cómo un banquete de bodas... cómo una mesa dónde hay lugar para todos.
Así lo veremos, yendo hacía los que están más lejos... como si hubiese algunos que están en el centro...  yendo hacía los que están más abajo... como si hubiese algunos que están arriba.

Pienso que entrar en la dinámica del Reino será estar continuamente en salida... porque el Amor siempre será entrega y apertura.
Será expresar, con los gestos y con las palabras de cada día, que no basta para "vivir bien", la seguridad o el bienestar conseguidos para sí, sino que, es en la medida en que la vida se comparte.

Nada más alejado a los modos de Jesús que una vida cerrada sobre sí misma; preocupada solo por su bienestar espiritual o por lo inmediato que la alejan de ser respuesta a la fiesta... donde "buenos y malos" son invitados.

La invitación abierta, es lo que da fuerza a la esperanza.
Es lo que mejor expresa quién es Dios en nosotros.

APERTURA... ACOGIDA... ABRAZO.
Siendo así una alternativa a lo estrecho de cómo se presentan tantas cosas alrededor nuestro.
Alternativa a esa violencia que la marginación y la indiferencia genera.

APERTURA... ACOGIDA... ABRAZO
Siendo así una alternativa al mal trato que a veces aparece en medio nuestro, que expresa la no aceptación de que el otro vive y siente este momento -por ejemplo- cómo puede, tal vez con desaliento, enojo, o con esperanza y ánimo- porque no hay una sola forma de vivir y sentir la vida.

APERTURA... ACOGIDA... ABRAZO
Siendo alternativa al miedo que nos ha enfermado a todos; dejando de ser "pájaros de mal agüero" y siendo más solidarios.
Siendo expresión de la Vida, cuando hay todavía gente "al borde de los caminos.

DIOS ES INVITACIÓN A LA MESA DE LA VIDA... a ese bien que está a veces muy envuelto y escondido.
De esa vida que tocamos cuando la compartimos... de esa vida que se encuentra en el camino... que crece cuando la damos.
POdemos pasar por la vida sin descubrir el don que se nos ha dado porque la seguimos identificado con formas o con nuestras propias expectativas. 
pOdemos rechazar la invitación...

NO HACER DE NUESTRA VIDA, UNA MESA PARA LOS DEMÁS, ES NO HABERLO DESCUBIERTO.

Y ENCONTRÁNDONOS...
NOS SABREMOS SENTADOS A UNA MISMA MESA.


lunes, 5 de octubre de 2026

"Más POBRE que un leño seco..." Vísperas de la festividad del Hermano Francisco

“En cierta ocasión escuché a un viejo, razonable, bueno, perfecto y santo hermano decir: Si oyes la llamada del Espíritu, escúchala y trata de ser santo con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
    Pero, si por humana debilidad, no consigues ser santo, procura entonces ser perfecto con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
    Si, a pesar de todo, no consigues ser perfecto, por culpa de la vanidad de tu vida, intenta entonces ser bueno con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
    Si, con todo, no consigues ser bueno, debido a las insidias del Maligno, trata entonces de ser razonable con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
    Si, al final, no consigues ser santo, ni perfecto, ni bueno, ni razonable, a causa del peso de tus pecados, procura entonces llevar esta carga delante de Dios y entrega tu vida a la divina Misericordia.

Si haces esto sin amargura, con toda humildad y con jovialidad de espíritu, movido por la ternura de Dios, que ama a los ingratos y a los malos, entonces comenzarás a sentir lo que es ser razonable, aprenderás en qué consiste ser bueno, lentamente aspirarás a ser perfecto y, por fin, suspirarás por santo.
    Si haces todo esto día a día, con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas, entonces, hermano, te aseguro que estarás en el camino de Francisco de Asís y no te hallarás lejos del Reino de Dios.” 

Celebrar a Francisco de Asís es celebrar lo que Dios hace y quiere hacer en cada uno de nosotros, si nos animamos a dejar el control… y a darnos cuenta de la cantidad de resistencias que ponemos a vivir lo que se presenta en la vida… creyendo que si nos resistimos no pasará… o se irá más rápido.

Celebrar al hermano Francisco es celebrar cómo y hasta donde los “modos de Jesús” son capaces de reconciliar, de sanar y de transformar la vida de una persona.

También es hacernos conscientes de que dentro nuestro, cómo en Francisco habita un santo y un demonio. ¿Qué significa esto?
Detrás de este gran santo se oculta una persona que conoció la oscuridad que hay en el corazón humano: esos instintos de muerte –cuándo buscamos destruirnos o destruir al otro- conviviendo con instintos de vida;  mpulsos de comunión y donación y pulsiones de egoísmo, de rechazo y de mezquindad; deseos de Dios (de bondad, de verdad, de justicia, de servicio…) junto a todo eso que nos vuelve cómodos, indiferentes, lejanos a los demás… hasta la negación de Dios.
Nada de todo esto está ausente en la vida de Francisco. 
Si es santo, justamente es porque ha sentido todo esto, pero tal vez no con-sintió con estas fuerzas oscuras; pero no las reprimió (las sintió) y optó haciendo que el proyecto de Jesús trazará un camino para todas ellas. 

Francisco fue fiel a una intuición muy profunda… a un deseo de más… a ese plus que hace que la vida tenga sentido… sea algo más que pasarla bien… y hacer lo que nos gusta… y vivir solo para el finde semana… 
Francisco no vivió para saciar lo que sentía como carencia… buscando tener para sentir que estaba vivo… no se relacionó usando a las personas para sentirse bien o para satisfacer algún tipo de vacío.

Francisco se reconcilió con estas dos fuerzas que están dentro de cada uno de nosotros.
¿Cómo lo hizo? ¿qué camino tomó para integrar la luz y la sombra?
Porque depende de eso… crecerá en nosotros la libertad verdadera o nos sentiremos atados buscando zafar con cualquier cosa.
Podríamos decir que, ante nosotros, como ante Francisco, se presentan dos opciones, dos caminos: el del perfecto (figura de la flecha que orienta y apunta) o la de aquel que abraza sin rechazar (figura del círculo, que engloba e integra).

El primero, niega lo que siente… si siente algo feo que quiere sacarse de encima, lo rechaza diciendo que eso es el demonio… que además de mal, está pecando mortalmente… que no debería sentir lo que siente. 
Existe el riesgo de reprimir lo que no entra en los moldes de lo que llama “perfección” o “pureza”. 
Y podemos llegar a creer que lo negado o rechazado va a desaparecer o dejar de existir. … hay personas que se confiesan todas las semanas por la presencia de estos sentimientos “malos”.
Cree que así las controla, pero están presentes pero negadas. 
Y tironean la vida haciéndola insoportable y volviéndola rígida y dura, como sin corazón (sin ternura).

El segundo, sin saberlo tal vez, fue el camino de Francisco. 
Francisco abrazo… acepto todo cuánto iba apareciendo… no reprimió nada… no les tuvo miedo a sus pasiones… se animó a dialogar con ellas. 
Y al no condenarlas, ni tratarlas con violencia, lo negativo perdía fuerza… y así cómo al lobo… esas cosas, de a poco, se iban comportando como una fiera domesticada. 
Y se rompe con el deseo de controlar… dando paso a gestos de una profunda ternura (cuando queremos controlar, no podemos ser tiernos con los demás).

La razón y el control nos acartonan… nos vuelven duros, gente seria…  pero deshumanizada… y tras el pretexto de “querer hacer las cosas bien” se deshumanizan también las relaciones con los demás. 

Francisco fue capaz de sentir y vivir un amor tierno porque antes se encontró con lo oscuro del propio corazón; porque cuando se niega una parte de sí, se pierde la otra. 
Y supo por experiencia que este abrazo que integra la luz y la sombra, es un camino con muchas idas y venidas, ascensos y caídas, renuncias y reconquistas. 
Supo que la presencia de esa oscuridad que divide es un duro golpe contra el “Yo” que busca afirmarse, que no quiere reconocer su parte negativa, sino que busca ocultarla e incluso negarla.
¿Cómo domesticar las cuestiones que a nosotros nos afligen?  Significa hacer camino que debe ser andado día a día sin esa falsa ilusión de que algún día desaparecerán. Y justamente porque no desaparecen, nos enojamos… nos desalentamos y abandonamos la búsqueda.

Lo más curioso, en Francisco, es que la conciencia de lo negativo no fue acompañada en él, como suele suceder, por un sentimiento de tristeza y de amargura, sino de una profunda alegría.
Alegría nacida de una profunda experiencia de la Misericordia de Dios… “lo más importante no es que yo te busque, sino que tú me buscas… lo más importante es que vos tienes misericordia de mí…”

MISERICORDIA, 
QUE SIGNIFICA QUE DIOS 
ES MÁS GRANDE QUE NUESTRO CORAZÓN.
La consecuencia es que todo en nosotros puede ser también camino de encuentro.

Francisco tiene experiencia de que nada, jamás, podrá impedir que Dios lo siga amando. De ahí que las relaciones entre hermanos deberían expresar esa misma misericordia sin límites.

Aceptar lo sombrío –lo oscuro- de los hermanos es expresión de la aceptación de las propias sombras.
Francisco comprende que esto hace más humana la vida y al mismo tiempo rompe con todo fariseísmo y distanciamiento, que son como barreras que ponemos ante lo negativo.


Francisco dice sobre la “perfecta alegría” o la “perfecta libertad”:

FLORECILLAS, cap. VIII 
Cómo San Francisco enseñó al hermano León en qué consiste la alegría perfecta
Iba una vez San Francisco con el hermano León de Perusa a Santa María de los Ángeles en tiempo de invierno. Sintiéndose atormentado por la intensidad del frío, llamó al hermano León, que caminaba un poco delante, y le habló así: ¡Oh hermano León!: aun cuando los hermanos menores dieran en todo el mundo grande ejemplo de santidad y de buena edificación, escribe y toma nota diligentemente que no está en eso la alegría perfecta. Siguiendo más adelante, le llamó San Francisco segunda vez: ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor devuelva la vista a los ciegos, enderece a los tullidos, expulse a los demonios, haga oír a los sordos, andar a los cojos, hablar a los mudos y, lo que aún, es más, resucite a un muerto de cuatro días, escribe que no está en eso la alegría perfecta. Caminando luego un poco más, San Francisco gritó con fuerza: ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor llegara a saber todas las lenguas, y todas las ciencias, y todas las Escrituras, hasta poder profetizar y revelar no sólo las cosas futuras, sino aun los secretos de las conciencias y de las almas, escribe que no es ésa la alegría perfecta.
Yendo un poco más adelante, San Francisco volvió a llamarle fuerte: ¡Oh hermano León, ovejuela de Dios!: aunque el hermano menor hablara la lengua de los ángeles, y conociera el curso de las estrellas y las virtudes de las hierbas, y le fueran descubiertos todos los tesoros de la tierra, y conociera todas las propiedades de las aves y de los peces y de todos los animales, y de los hombres, y de los árboles, y de las piedras, y de las raíces, y de las aguas, escribe que no está en eso la alegría perfecta. Y, caminando todavía otro poco, San Francisco gritó fuerte: ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor supiera predicar tan bien que llegase a convertir a todos los infieles a la fe de Jesucristo, escribe que ésa no es la alegría perfecta. Así fue continuando por espacio de dos millas. Por fin, el hermano León, lleno de asombro, le preguntó: Padre, te pido, de parte de Dios, que me digas en que está la alegría perfecta. Y San Francisco le respondió:  Si, cuando lleguemos a Santa María de los Ángeles, mojados como estamos por la lluvia y pasmados de frío, cubiertos de lodo y desfallecidos de hambre, llamamos a la puerta del lugar y llega malhumorado el portero y grita: "¿Quiénes sois vosotros?" Y nosotros le decimos: "Somos dos de vuestros hermanos". Y él dice: "¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!" Y no nos abre y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche. Si sabemos soportar con paciencia, sin alterarnos y sin murmurar contra él, todas esas injurias, esa crueldad y ese rechazo, y si, más bien, pensamos, con humildad y caridad, que el portero nos conoce bien y que es Dios quien le hace hablar así contra nosotros, escribe ¡oh hermano León! que aquí hay alegría perfecta. Y si nosotros seguimos llamando, y él sale fuera furioso y nos echa entre insultos y golpes, como a indeseables importunos, diciendo: "¡Fuera de aquí, ladronzuelos miserables; id al hospital, porque aquí no hay comida ni hospedaje para vosotros!" Si lo sobrellevamos con paciencia y alegría y en buena caridad, ¡oh hermano León!, escribe que aquí hay alegría perfecta. 
Y si nosotros, obligados por el hambre y el frío de la noche, volvemos todavía a llamar, gritando y suplicando entre llantos por el amor de Dios, que nos abra y nos permita entrar, y él más enfurecido dice: "¡Vaya con estos pesados indeseables! Yo les voy a dar su merecido". Y sale fuera con un palo nudoso y nos coge por el capucho, y nos tira a tierra, y nos arrastra por la nieve, y nos apalea con todos los nudos de aquel palo; si todo esto lo soportamos con paciencia y con gozo, acordándonos de los padecimientos de Cristo bendito, que nosotros hemos de sobrellevar por su amor, ¡oh hermano León!, escribe que aquí hay alegría perfecta.
Y ahora escucha la conclusión, hermano León: por encima de todas las gracias y de todos los dones del Espíritu Santo que Cristo concede a sus amigos, está el de vencerse a sí mismo y de sobrellevar gustosamente, por amor de Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades.  Porque en todos los demás dones de Dios no podemos gloriarnos, ya que no son nuestros, sino de Dios; por eso dice el Apóstol: ¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios? Y si lo has recibido de El, por qué te glorías como si lo tuvieras de ti mismo? 

Pero en la cruz de la tribulación y de la aflicción podemos gloriarnos, ya que esto es nuestro; por lo cual dice el Apóstol: No me quiero gloriar sino en la cruz de Cristo. 
A él sea siempre loor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Queda claro que la perfecta alegría no tiene que ver con todo lo positivo que podamos tener o por más religiosos que seamos, sino en la negatividad asumida con amor.
La perfecta alegría o la perfecta libertad no consisten en ser un gran santo, ni un sanador portentoso, ni un sabio genial, ni un misionero capaz de convertir a todos los infieles, sino en aceptar lo que la vida tiene de conflicto, de ruptura, de contra tiempo, de crisis… 

Consiste en recibir eso que llega, dejando de renegar… creciendo con eso que viene a nosotros bajo muchos ropajes: rechazos, indiferencias, no ser reconocidos, dudas, críticas, murmuraciones, juicios, pecado, proyectos frustrados, enfermedad, dolor, sentimientos no agradables, etc…que pueden desalentarnos y hacer que abandonemos aun lo que creíamos o lo que estábamos haciendo por los demás.

La perfecta alegría o la libertad perfecta provienen de un amor tan intenso que no sólo es capaz de soportar, sino de amar y abrazar alegremente la propia negatividad. 

Quién vive desde aquí es verdaderamente libre, pues nada lo vive como amenaza… y por ende nada transforma su actitud en amargura. 
Se sabe libre porque se posee totalmente a sí mismo y se sabe en las manos de Alguien que es más grande que su propio corazón. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

“El SÍ es la vida" Mt 21, 28- 32

No es posible acercarse a Jesús y permanecer indiferentes por mucho tiempo.

En el camino de ir detrás de él no será posible permanecer en la comodidad sin que sus palabras y gestos nos provoquen iluminando los porqués o el desde donde estamos viviendo.


Ir detrás de Jesús será siempre un encuentro con nuestra verdad, con nuestro límite... y cómo molesta cuando la acción o la palabra del otro, denuncia nuestra comodidad.

Y no será posible domesticar una buena noticia que siempre nos dejará en la actitud de estar camino.
Y si nada inquieta del evangelio es porque tal vez la cerrazón nos ha ganado... como a aquellos hombres que ni el cambio de vida de los considerados "indignos" los mueve a creer. 

NUevamente la palabra se dirige a esa comunidad que ha decidido vivir desde unos vínculos que reflejen el modo de Jesús.
Jesús ya no habla de "obreros" sino de "hijoS" ubicando  la relación con Dios desde otra mirada... una relación muy conocida en el pensamiento judío donde solo se es hijo en la medida en que se hace las cosas que ve hacer al padre.

Nuestro seguimiento será entonces, 
expresar en la vida lo que uno es... hijo/a.

Pero en ese camino será necesario plantearse ciertas inquietudes respecto a las motivaciones con las cuales se vive... con las cuales se actúa... porque el riesgo a creer que no hay nada que seguir aprendiendo está presente.

La consciencia de estar aprendiendo -"de estar de camino"- nos salva de nosotros mismos.
De creernos perfectos y por ende con derechos -de tener privilegios-; y hasta sin necesidad de pedir perdón.

En el "camino de expresar lo que ya somos", Jesús nos ubica frente al contraste entre lo que se dice y lo que se hace... y la dificultad con la que nos encontramos para discernir qué es aquello que realmente expresa lo que somos.

¿Quiénes son lo que dicen NO y después van?
¿Quiénes son los que dicen SI y después no van?


¿No serán acaso momentos de nuestra vida?.
¿No serán reacciones frente al riesgo que sentimos correr al decidir ir detrás de Jesús?
¿No serán acaso expresiones de las resistencias que todos llevamos dentro, a cambiar, a dejarnos llevar por esos modos nuevos?

Creo que todos podemos notar esa dificultad de integrar lo que sentimos como impuesto y que viene de fuera y lo que parece que es más nuestro.
Creo que todos podemos notar esa rebeldía, cuando el evangelio, toca -desarma, trastoca- aquellas cosas en donde nosotros tenemos puesta nuestra seguridad: llamase tiempo, dinero, estima de sí, valor de la propia persona.

¿QUE SIGNIFICA ENTREGAR LA PROPIA LIBERTAD, entonces?

Creo que también podemos notar en nosotros esa otra actitud más sumisa... que buscando sentirse bueno o por miedo tal vez al conflicto o al qué dirán... arriesga su autenticidad utilizando una máscara de obediencia.

Cuántos mandatos familiares - aún culturales y religiosos - han favorecido a crear una fachada donde por fuera se es buena persona pero el corazón está lejos. Como amarga la vida esta manera de vivir -porque justamente te aleja de lo que te apasiona-... cuánta rigidez y cuanta ironía surgirá de acá.

Y si hemos reducido el evangelio al cumplimiento de unas reglas y normas... esto deja nuestro camino de seguimiento de Jesús -que se expresa en lo cotidiano de la vida- en la apariencia, lo que también da muchos beneficios.

qUE nuestros actos expresen verdad... 
que este sea nuestro deseo.

Y que el "NO" que muchas experimentamos no nos asuste ni nos lleve a tratarnos mal porque Dios no solo lo comprende... sino que además lo perdona y lo vuelve posibilidad - camino de crecimiento personal, aprendizaje de misericordia-.

El NO de ayer -a servir, a perdonar, a vivir de una manera distinta, a soltar algunas cosas que dañan-  no nos ata definitivamente; creamos en el poder que tiene el simple SÍ de hoy, capaz de hacer desaparecer -de dar luz- los no anteriores.

Solo conocemos de Dios lo que vivimos.
Que nos anime el sabernos de camino.

Que no nos desaliente el descubrir que nuestras palabras no siempre son acompañadas por nuestra vida... o el percibir que muchas de nuestras acciones no responden a actitudes fundamentales. 

Tal vez esta verdad que nos acompaña, no sólo es posibilidad de seguir caminando, sino que también, puede ser la posibilidad que se nos da para reconocer a aquellos que hoy tal vez nos llevan la delantera... y que a lo mejor nosotros hemos dado por perdidos.




sábado, 19 de septiembre de 2026

Cuándo la BONDAD es fuente de la FELICIDAD. Mt 20, 1-16

Así cómo descoloca la actitud del "propietario" de la viña al final del relato; Jesús invita a descubrir que así, es el modo como el "Reino de Dios" irrumpe en la vida cotidiana, invitando a un cambio de corazón, descolocándolo, rompiendo con esas maneras -cerradas y egoístas- de ver la vida y de vivirla que solo buscan protegerse creyendo que así encontrarán felicidad.

Anunciar y vivir el "Reino de Dios", es nuestra misión como comunidad que sigue a Jesús... anunciar y vivir que "LO MÁS IMPORTANTE ES LO QUE DIOS VA HACIENDO EN NOSOTROS"... con o sin nuestra colaboración... y no lo que nosotros creemos conseguir con nuestros esfuerzos o con nuestras buenas obras.

El "Reino de Dios" no consiste en un lugar... o en normas a cumplir... ni se identifica con una organización... sino que es Dios actuando en nosotros... en todos nosotros.
Nuestra reacción ante eso es lo que determina si pertenecemos o no... si vivimos o no en clave de Reino... porque dejarlo a Dios andar por nuestra vida trastocando valores y formas de vivir es estar continuamente aprendiendo... es saberse siempre en camino... es andar más desapegado de cuanta cosa nos prometió un poco de vida y felicidad.
Y esto resulta muy riesgoso.

Por eso para acercarse a lo que Jesús llama "Reino de Dios"  -que es lo esencial del texto- será necesario no leerlo desde las últimas palabras que escuchamos -"los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos"- sino más bien desde aquella pregunta de Pedro sobre la recompensa que recibirán los que decidieron irse detrás de Jesús dejándolo todo (cfr. Mt 19,27) porque justamente la parábola viene a romper ese modo tan egoísta de buscar seguridad desde lo que se hace... cuando lo que está en juego es el DON -lo que debería bastar-.

Jesús comienza describiendo la acción de Dios trayendo un hecho de la vida cotidiana donde lo primero que sorprende es la continua salida por parte del propietario a buscar trabajadores - aún al final de la jornada - como si lo más importante fuese el que todos tengan trabajo y no tanto el rendimiento.
Y lo segundo que llama la atención es el orden que le pide seguir al mayordomo para pagar el salario... comenzar por los últimos y terminar por los primeros... descolocando a los primeros que inmediatamente murmuran contra el propietario exigiendo una explicación.

¿Qué podrá entonces justificar semejante injusticia?
SOLO LA BONDAD...


El "propietario" actuando desde la bondad - de manera gratuita - y en el momento que quiere - descubre esa otra forma de mirar -"ese ojo malo"- la envidia - que no puede captar esa BONDAD... porque todo lo mide desde lo que puede o no conseguir para sí.

La bondad expresada en el modo de mirar y de actuar del "propietario" rompe con esos privilegios que se creen ganar por el simple hecho de haber estado más tiempo en un lugar o en un rol o por haber llegado primero.

Rompe con la idea de que siendo más buenos -o portándose mejor- se acumularán más méritos frente a Dios y que Dios los tendrá en cuenta.
Y rompe también con esa idea de que el texto de hoy tiene que ver con el arrepentimiento al final de la muerte.

Ante el modo de actuar de Dios -representado en las acciones que descolocan y rompen un modo de vivir-... ante su manera de hacerse presente en nuestras vidas - en toda vida- caen esas pretensiones tan egoístas de creernos dueños de algo o seguros frente a los demás.

¿QUÉ PASARÍA SI DIOS ACTUARA
DESDE NUESTRO RENDIMIENTO
Y NO DESDE SU BONDAD?


...con un Dios así no es posible ser
"perro del hortelano"...


SOLO DESDE SU BONDAD
NUESTRA ESPERANZA PUEDE RENOVARSE CADA DÍA.


Por eso si Dios anda por nuestra vida... nuestra vida no puede no perdonar... no compartir... no amar... si no lo hace es porque seguramente algún espacio del corazón sigue muy identificado con alguna forma de felicidad egoísta.

NO NOS SALE DE UNA abandonar esos modos con los cuales hemos identificado lo que buscamos como felicidad o bienestar… se han convertido en apegos que nos mantienen tranquilos y seguros. Cuánta decepción y por ende cuánto enojo, cuando esto no se da de la manera que “siempre hemos esperado”. 

No nos amarguemos... pero seamos conscientes -cada vez más- de que existe una alternativa que viene a nosotros en lo cotidiano... des-colocándonos... desencantando-nos de todo aquello que habíamos estado considerando como felicidad.

Y porqué de intentos y fallas es nuestro camino... “pecado” - de idolatría- será rechazar la idea de estar siempre aprendiendo quedándonos sujetos a aquellas cosas que, dándonos una cierta seguridad y protección, nos prometieron vida y felicidad... y que no han sido más que parásitos que nos mantuvieron contentos pero dormidos.



Porque SOMOS TUYOS. "del obrero al propietario". Cfr. Mateo 20, 1-16

 
¿Qué miras Padre, con ese "ojo bueno" que, 
no deja de llamarnos hora tras hora, 
a trabajar en su viña?

¿Qué miras?
Tal vez miras desde el sueño con el que nos creaste.
Miras viendo el rostro de tu Hijo, grabado cómo un sello sobre el corazón humano.
Miras desde dentro, desde esa ventana que abre el Espíritu en nosotros... que todo lo penetra, que todo lo escruta, que todo lo ve.

Miras desde abajo, a los pies de esta humanidad, dónde el amor de tu Hijo te llevó.

Miras, cuándo nuestro cansancio nos venció.
Miras, cuándo nos mentimos para no vernos.
Miras, cuándo nos hemos escondido para no dejarnos encontrar.
Miras, cuándo hemos buscado alejarnos porque tu mirada se sentía intensa y daba vergüenza.

No dejas de mirarnos Padre... y no dejas de encontrar la grieta por dónde mostrarnos que todo está lleno de bondad... que todo... aun la herida más dolorosa, puede expresar verdad.

Nos miras desde el lugar que nos diste desde siempre... 
Nos miras porque a ti te pertenecemos.
Nos miras porque nada podremos hacer para que te separes de nosotros.
Simplemente nos miras porque nos amas...
Tuyo somos.

Padre, no dejes de mirarnos... aunque nos escondamos porque nos vimos "desnudos", de identificaciones, de roles, y de seguridades.
No dejes de mirarnos... aunque no terminemos de confiar en lo que miras.

Y llámanos Padre... aunque no queramos oírte.
O estemos atrapados por nuestras heridas.
O frustrados, y enojados, por nuestras cortas y estrechas expectativas rotas.
Llámanos... vuelve a decir nuestro nombre... vuelve a decirnos quiénes somos en verdad... aunque sintamos que lo merecemos o no.
O nos creamos mejores que los demás o menos dignos.
Llámanos aunque nos asusten nuestros sentimientos... y el cambio prometido nunca llegué.
Llámanos en el primer momento, y durante el camino de la vida, y al final... llámanos siempre... que tu Reino -que tu ser don- se siga dando a través nuestro.

Míranos... no dejes de mirarnos.
Llámanos... no dejes de llamarnos.

Porque somos tuyos.


sábado, 12 de septiembre de 2026

El PERDÓN que nos reconcilia... Mt 18, 21-35


"HACER que el otro se ponga en contacto con su identidad cuando hiere",
tiene como fundamento el PERDÓN en el que hemos sido creados y somos sostenidos en la vida.

La existencia del PERDÓN evidencia que en nuestra vida, hay una lucha cotidiana donde muchas veces sentimos la derrota; es ser conscientes entonces de que nuestra condición de fragilidad, nunca nos abandonará.
Siendo esto así, no será posible caminar con otros -detrás de Jesús- sin contar con el perdón.

La presencia de la experiencia del PERDÓN en nosotros es el testimonio más contundente de que el Amor de Dios, es libertad que no ata ni condena ni somete a las personas.

Por eso Jesús invita a Pedro a romper con ese círculo de resentimientos y venganzas, que brota de la ofensa, para encontrarse con el perdón que no tiene límites y que es capaz de crear algo nuevo. Para eso, lo ubica frente al espejo de una parábola, donde la DESPROPORCIÓN entre lo que recibe y lo que da, se asemeja a la relación con Dios y a la relación entre nosotros.

Mostrándonos de esa manera que el lugar dónde estamos, dónde vivimos..., lo que posibilita el camino y lo que da esperanza es el AM
OR INCONDICIONAL DE DIOS QUE SE HACE PERDÓN, desproporcionadamente mayor a cualquier expresión de perdón que nuestros hermanos o nosotros mismos podemos necesitar.

Y aunque el evangelio pudiese hacernos creer que de nosotros dependerá que Dios nos perdone... sabemos que Dios no actúa  a partir de nuestras acciones... Dios no responde mirando nuestras buenas o malas acciones... Dios perdona siempre.
DIOS  ES  PERDÓN Y HACE  LO QUE ES... mostrándonos no sólo que así nos ama sino que además "nada nos podrá apartar de él".

Solo un perdón así desarma el "cuantas veces" de Pedro... y nada justificará el no perdón.
Frustrando de esa manera ese instinto tan razonable de venganza haciendo bajar nuestras armas -nuestras defensas-... y rompiendo con esos rencores que además de encerrarnos y agobiar el corazón, nos vuelven depresivos e indiferentes.

Solo un perdón así recuerda - no olvida - llevando sus llagas abiertas desde donde brotará siempre compasión -vida-  hacía quienes también han sido heridos.

El Perdón de Dios que nos habita, rompe con los deseos de poder que buscan hacerle sentir al otro el enojo para producir un cambio. 
Crea un modo nuevo de mirar al otro.

Y ser perdonados es ser liberados del peso de la culpa que incomoda e impide caminar... es un paso en el camino de reconciliación con nuestra finitud, con nuestra condición humana incompleta, fallada, rota y habitada y rica de posibilidades.
Ser perdonados es como una puerta que se abre por donde volvemos a experimentar vida... esperanza de que tenemos tiempo... de que podemos volver a intentarlo... de que estamos de camino.
Todos necesitamos ser perdonados y todos necesitamos perdonar.

Se lo gusta cuando se lo comparte... como el pan.
Celebremos el perdón entonces.
No es una obligación o un deber... perdonar es una fantástica oportunidad.
Celebremos el perdón en nuestras familias... con nuestros amigos. 
Si no perdonamos... no digamos que amamos.

De la misma manera seamos capaces de recuperar el sentido del sacramento del perdón como espacio donde ponemos en palabras lo "indecible" de la vida dejando que entren en la dinámica de reconciliación comenzada por Jesús...
Permitamos que alguien -en nombre de Dios - nos escuche en nuestras propias heridas... y en su NOmbre nos libere asegurándonos que Dios nunca se apartó ni se apartará jamás de nosotros.
Y esto lo necesitaremos escuchar muchas veces más.

Hemos sido creados en el Amor... como así también en el Perdón...
Porque Dios es Perdón cómo es Amor.

Expresemos entonces a los demás -con nuestros gestos y palabras - que acercarse a Dios no es cuestión de méritos ni de ritos... ni de separaciones ni de requisitos... sino sólo de dejarse encontrar.
ENCONTRADOS podremos amar... y perdonar.