no deja de llamarnos hora tras hora,
a trabajar en su viña?
¿Qué miras?
Tal vez miras desde el sueño con el que nos creaste.
Miras viendo el rostro de tu Hijo, grabado cómo un sello sobre el corazón humano.
Miras desde dentro, desde esa ventana que abre el Espíritu en nosotros... que todo lo penetra, que todo lo escruta, que todo lo ve.
Miras desde abajo, a los pies de esta humanidad, dónde el amor de tu Hijo te llevó.
Miras, cuándo nuestro cansancio nos venció.
Miras, cuándo nos mentimos para no vernos.
Miras, cuándo nos hemos escondido para no dejarnos encontrar.
Miras, cuándo hemos buscado alejarnos porque tu mirada se sentía intensa y daba vergüenza.
No dejas de mirarnos Padre... y no dejas de encontrar la grieta por dónde mostrarnos que todo está lleno de bondad... que todo... aun la herida más dolorosa, puede expresar verdad.
Nos miras desde el lugar que nos diste desde siempre...
Nos miras porque a ti te pertenecemos.
Nos miras porque nada podremos hacer para que te separes de nosotros.
Simplemente nos miras porque nos amas...
Tuyo somos.
Padre, no dejes de mirarnos... aunque nos escondamos porque nos vimos "desnudos", de identificaciones, de roles, y de seguridades.
No dejes de mirarnos... aunque no terminemos de confiar en lo que miras.
O estemos atrapados por nuestras heridas.
O frustrados, y enojados, por nuestras cortas y estrechas expectativas rotas.
Llámanos... vuelve a decir nuestro nombre... vuelve a decirnos quiénes somos en verdad... aunque sintamos que lo merecemos o no.
O nos creamos mejores que los demás o menos dignos.
Llámanos aunque nos asusten nuestros sentimientos... y el cambio prometido nunca llegué.
Llámanos en el primer momento, y durante el camino de la vida, y al final... llámanos siempre... que tu Reino -que tu ser don- se siga dando a través nuestro.
Míranos... no dejes de mirarnos.
Llámanos... no dejes de llamarnos.
Porque somos tuyos.

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