domingo, 16 de agosto de 2026

María, Madre solícita de la Visitación. "Festividad de la Virgen de La Peña"

Y nos permitimos, una vez más, ser visitados por la Virgen.
Y una vez más renovamos nuestra alianza con ella.
Y así como el peregrinar de la Virgen, hacia la casa de Isabel, fue una confesión de fe; así también nosotros al haber peregrinado, no hemos hecho conscientes de que siempre estamos de camino y con otros…
Descubramos entonces que somos portadores de una bendición… de una alegría que tiene como fundamento que Dios viene con nosotros.
Esa es la confesión de la Virgen… esa es nuestra confesión de fe.
El caminar de la Virgen fue un canto de esperanza… al igual que nuestro caminar.
Al caminar, anunciamos que creemos en la cultura del encuentro, en medio de la indiferencia y la división.
Anunciamos que la cerrazón nos empequeñece… y que la misericordia y la compasión engrandecen el corazón.

El caminar es ya apertura… 
es salida de lo estrecho, de lo siempre igual, de siempre los mismos… 
el caminar nos abre a la posibilidad para acoger, recibir, abrazar.

El encuentro de aquellas dos mujeres es el encuentro de corazón con corazón… su llegada es encuentro que se da en el Amor que las abrazo a las dos…
Esto mismo acontece en nosotros cuando somos capaces de estar ante Dios, así como estamos… así como somos…o cuando entre nosotros nos animamos a recibirnos sin prisas, sin prejuicios y sin condenas.
Su llegada anuncia, en medio de un mundo cargado de malos entendidos, que es más fuerte la hospitalidad, la acogida y la ternura.
Así como fuimos recibidos por Dios… así como Dios nos acogió en su misterio a través de la carne de Jesucristo…María es la mujer de ese nuevo tiempo.

María, madre solícita en la Visitación
enséñanos a escuchar la Palabra,
una escucha que nos hace estremecer y, a toda prisa,
hace que nos dirijamos hacia todas las situaciones de pobreza
donde se necesita la presencia de tu Hijo.
Enséñanos a llevar a Jesús
en silencio y con humildad, como tú lo hiciste.
Que nuestras familias (y comunidades) se hagan presentes
entre los que no lo conocen
para difundir su Evangelio,
dando testimonio de él, no con palabras, sino con la vida;
no anunciándolo, sino viviéndolo.

Enséñanos a viajar con sencillez
como tú hiciste,
con la mirada puesta siempre en Jesús
presente en tu vientre:
contemplándolo, adorándolo e imitándolo.
María, mujer del Magnificat
enséñanos a ser fieles a nuestra misión:
llevar a Jesús a la gente.

Oh amada Madre, esta es tu propia misión,
la primera que Jesús te confió,
y que te has dignado a compartir con nosotros.
Ayúdanos e intercede por nosotros para que podamos hacer
lo que tu hiciste en la casa de Zacarías,
glorificando a Dios y santificando a las personas en Jesús,
¡por Él y para Él! ¡Amén!

(Beato Carlos de Foucauld)

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