El evangelio vuelve a recordar que la manera de proclamar a Dios, es haciendo que los demás se pongan también en contacto, con esa vida nueva que todo lo atraviesa... desde la cuál todo fluye.
Las palabras de Jesús cómo un llamado a redescubrir nuestra misión en medio del mundo.
Creemos en el Dios de Jesús que nos envía a mirar de una manera... a sentir de forma diferente... a salir al encuentro.
Celebrar a Jesús en la eucaristía es misión. "Hacer esto en menoría mía", cada día, lo que Jesús hizo de una vez y para siempre.
Una misión. Una llamada...
Dónde todo comienza con una escucha - una búsqueda - un encuentro.
En unos y otros... en el pueblo pobre y sufriente que busca a Jesús, y en los discípulos, con las necesidades de cada uno y con las ideas de Dios que defendían... hay una búsqueda de algo más -tal vez, de palabras más verdaderas, de algo más auténtico, etc.-... que los hacía estar estar abiertos a escuchar, a estar atentos, aun a cosas desapercibidas ("un galileo predicador"); abiertos a dejarse sorprender, a ser interpelados - cuestionados - en su indiferencia, en sus juicios, en su comodidad.
Abiertos a una búsqueda - a ser salvados vaya a saber de qué -; y por eso mismo abiertos a recibir una llamada... un algo que despertó en ellos tales inquietudes que, después no pudieron dejar de ir detrás de Jesús.
Cómo nuestros propios caminos, que vamos y venimos - dejamos y volvemos... dónde la necesidad de que algo se sane o libere... o que tenga sentido nos hace conectarnos con esa búsqueda de Dios... que nos lleva a dejarnos encontrar.

Jesús es una llamada a la autenticidad... a dejar de mentirnos o de ocultarnos frente a lo que hacemos; a no tener miedo.
Jesús es una llamada a vivir en verdad; y esto no cómo si fuese una exigencia moral, sino como expresión de lo que somos.
Jesús, es una llamada a participar de la Vida de Dios que está dentro nuestro, y que quiere darse al mundo "dando vida".
Es una llamada a mirar la vida desde los margenes... desde esa gente que lo busca por lo que sea.
Es una llamada a la compasión...
a rogar con fuerza cuándo las situaciones nos superan...
Cómo aquella primera comunidad, necesitamos aprender a ver... aprender a escuchar...
Cuánta agitación interior, cuánta ansiedad llevamos dentro, porque no estamos viendo ni escuchando bien.
El haberlo visto... porque había espacio... los descanso de otras miradas.
El haberse dejado encontrar en esa mirada, los sereno... los conectó con lo más verdadero y esencial.
Y entonces pudieron escuchar... y la escucha se convirtió en camino... en seguimiento... en hacer aquello que Jesús había hecho en ellos.
No estamos llamados para estar bien entre nosotros... o para recibir consuelos... o para sentirnos bien...
Somos mirados para aprender a mirar de esa manera...
Somos reconocidos, nombrados, para hacer lo mismo con los demás...
Somos llamados, convocados por nuestro nombre, "reconciliados con nosotros mismos", para ser enviados a proclamar que Dios está en nosotros, y con nosotros trabaja por un mundo más humano y más fraterno.
Somos llamados a "curar enfermos", liberando a las personas de tanto sufrimiento inútil por sentirse débiles o diferentes. Acercándonos para compartir el peso de la vida que a veces desespera, o para escuchar con paciencia las heridas que traemos.
Somos llamados a "resucitar muertos", comenzando por reconocer la vida del otro, su existencia, su nombre, sus luchas... paso primero y esencial para su reconstrucción...
Somos llamados a "limpiar leprosos", haciendo de la cercanía -sin juicios ni reproches- un espacio para la aceptación, para la verdad, para la libertad.
Somos llamados a "arrojar demonios", buscando ser espacio dónde se ilumine lo que oprime, lo que atormenta... lo que hace sufrir... lo que violenta a las personas.
Aprendiendo a comunicarnos de otra manera... estando atento a los detalles, al gesto, a los modos, al último comentario, etc... porque todo comunica, todo puede herir o sanar, liberar u oprimir... puede sembrar división o puede dar esperanza en que podemos caminar juntos.
En Jesús se ha recapitulado toda la vida humana.
Todo lo nuestro, en él, se transforma en una ocasión, en una oportunidad, en una palabra, en un espacio, dónde volvemos a descubrir quiénes somos - de quién somos- y para qué hemos sido traídos a la existencia.
Llamados y enviados.
siempre buscando
escuchando
para estar más disponibles
mas abiertos
más Jesús.


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