viernes, 3 de abril de 2026

Sobre el madero de la Cruz... Jn 18, 1–19, 42

 
“Todo está cumplido”, 
e inclinando la cabeza, entregó el espíritu...

Y la Palabra se hizo silencio. 
Hasta su "espíritu" ... todo cuanto tenía para vivir.
Muere, como vivió... siendo el "entregado del Padre".

Su actitud vital frente a la muerte, como frente a la vida, nos habla de cómo es Dios y también nos habla de nosotros mismos... de que es posible llegar a ser plenamente humanos aprendiendo a Amar ... aprendiendo a aceptar las limitaciones y miserias de toda vida humana...aun la traición que vino desde dentro.

Hoy celebramos una entrega, no celebramos un sufrimiento.
¡Cuánta insistencia en el sufrimiento seguimos sosteniendo!
No es el sufrimiento de Jesús lo que nos salva.
Es su actitud de entrega sin límites...  es su Amor aun en la cruz.

La cruz, nos aporta la certeza de que es posible amar hasta en los extremos de la vida... de que no hay excusas para no hacerlo.

Por eso, lo que nos salva, no es si el Padre quiso o no quiso la muerte de su Hijo... o si la recibió como pago de nuestros pecados... etc.

Jesús, al permanecer en su decisión de amar, no sólo que lo hace creíble y digno de confianza, 
sino que además le aporta al amor, toda autenticidad.

De esa manera, al afrontar la pasión sin resistencias, aceptando lo que se le presenta, entregándose... ha desarmado toda oscuridad... le ha quitado a la muerte todo poder y toda tragicidad... ha transformado las heridas de la muerte en aberturas por dónde puede fluir la vida.

Toda situación humana, en Jesús, ha sido alcanzada; porque 
"no hay nada dónde Dios no ha amado".

Por su solidaridad con toda la humanidad, se convirtió en el hambriento, en el sediento, en el preso, en el enfermo, al que tenemos que auxiliar.

"Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen"

Allí dónde nosotros cerramos... allí donde nosotros, podemos llegar a herir hasta aniquilar... Jesús responde dándose todavía más.
Perdonar es seguir dando...
Su perdón es resurrección.

Su perdón no justifica ni disimula el mal. 
Permanece "no violento", en medio de nuestros arrebatos.
Desarmado se hace perdón... y de esa forma nos libera de ese círculo de culpas, venganzas y vergüenzas, que nos asfixia.
No sabemos lo que hacemos, cuándo nos negamos a recibir este perdón.

No sabemos lo que hacemos, 
cuándo no sabemos quiénes somos.

Tampoco sabemos lo que hacemos, cuándo seguimos clavando letreros y rótulos a las personas, cómo aquel otro cartel que pendía de la cruz.
Y tampoco sabemos lo que hacemos, cuándo estamos sordos al “tengo sed” - de vida, de respeto, de dignidad, de mirada, de reconocimiento, etc- de tanta gente alrededor nuestro.

La Cruz - el Crucificado - el que "pende de un madero" - el "Inocente"... nos recuerda hoy quienes somos... 

Atrayéndonos busca despertarnos a nuestra verdadera esencia... a nuestra verdadera identidad... 

Somos don, espacio, capacidad... para que Dios se siga dando.


"TOMÓ el pan, lo PARTIÓ y se lo DIÓ a sus discípulos..." Jn 13, 1-15

 
"...se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos..."
 

El Señor se hace siervo...  el Grande se hace esclavo... Dios a los pies de la humanidad... no para mostrar nada... sino para volver a recordarnos dónde podemos encontrarlo... hacia dónde caminar para encontrar "Verdadera Vida"... una Vida con sentido.

Los gestos de Jesús son simples, iluminan y rompen con esas pretensiones de poder que a veces llevamos dentro... o esa búsqueda de querer estar por encima de los demás o de creernos mejores... o de buscar algún tipo de beneficio con lo que se hace... 
Los gestos de Jesús, cambian la manera de ejercer la autoridad en medio nuestro... dónde el que tiene más poder, más servidor se tiene que hacer... y más humildad tiene que aprender.

Los gestos de Jesús son gestos gratuitos... no hay doblez en ellos... no buscan engañar a nadie... son fáciles de aceptar o rechazar... no se hacen pensando en lo que recibirán... sino en lo que dan -un sentido nuevo para la vida-... en la posibilidad que buscan despertar... por eso no hay cálculos ni medidas.
  
Son gestos de una apertura tal, que no generan dependencias -después de ellos los discípulos tuvieron que seguir eligiendo si seguirlo o no-; ni buscan manejar la vida de nadie, porque Jesús es una persona libre, y libre para darse de un modo nuevo, dónde Amar cómo Dios ama, lo es todo... por eso, no tiene nada que demostrar ni nada que defender. 


Sus gestos, son cómo el pan que se parte...

Son esos gestos dónde toda la persona queda entregada y totalmente disponible... 

Una vez que el pan se partió es para repartirse... es para darse... no es para ser almacenado -porque con el tiempo se pudre-; ni tampoco para que algunos agarren todo, dejando a algunos sin nada.

Todo en Jesús, fluye en una misma dirección, no hay doblez y no hay necesidad de explicación.

Son gestos de una verdad que viene de lejos y de adentro... huelen a hogar -su presencia genera que la gente se sienta recibida, aceptada, valorada, sin miedos a mostrarse tal cómo son-  son gestos que crean HOGAR... 

Son gestos que, por ser incondicionales –porque son sólo amor- e inclaudicables –no se agotan ni se cansaran jamás de nosotros-, son capaces de sostener nuestra precariedad en la fe, cuando hoy decimos sí creo y al momento decidimos -vivimos- cómo si no creyéramos –como los impulsos de Pedro-… 
Y son también capaces de sostenernos, desde dentro, en la desnudez del corazón cuándo hemos sido capaces de traicionar los valores más sagrados en los que creíamos –como Judas-… 
Son gestos que hablan de perdón y de segundas y terceras y cuartas, y nuevas oportunidades.

Son gestos libres que han elegido no esperar ni reclamar nada para sí... están desnudos de todo poder y de toda ambición… totalmente desprovistos de la intolerancia y de la impaciencia.

Son gestos para la vida... 
capaces de transformar
las heridas en don, en servicio y en disponibilidad
el individualismo en fraternidad
la ofensa en perdón
la cerrazón en apertura
la indiferencia en servicio
"mi pan" en "nuestro pan"


Son cómo el vino que se derrama...

¿Quién puede comprender tanto derroche?
¿Quién es capaz de recoger la vida que allí se entrega?
¿Quién es todo lo libre para hacer suyos estos modos?






"Señor, 
que nuestra vida sea 
cual una quena simple y recta, 
para que Tú puedas llenarla, 
llenarla con tu música."