jueves, 4 de julio de 2024

Seamos parte de ese manto. Mc 5, 21-43

Nuevamente nos encontramos ante un relato donde cada detalle quiere decirnos algo invitándonos a no quedarse simplemente en la capacidad de sanar de Jesús… como si de eso dependiera la “VIDA” que nos quiere contagiar.

En primer lugar llama la atención la disponibilidad y la apertura de Jesús para dejarse encontrar.

En "dejarse encontrar" no hay condiciones…cualquier persona –sea quien sea- desde su necesidad puede acercarse a él.
Pero aunque hay muchos alrededor de Jesús, solo unos pocos se encontrarán con él.

NOSOTROS, ¿DÓNDE ESTAMOS? ¿DÓNDE NOS UBICAMOS?
¿Hemos sabido acercarnos a Jesús dejando que nuestras carencias aparezcan… o somos parte de esa multitud hambrienta de novedad… o de esa que encasilla a Dios en unas formas que tienen que cumplirse?
¿O somos parte de esa gente que estando alrededor de Jesús marca el territorio clasificando quienes pueden o no acercarse a Jesús?

En el camino aparecen dos mujeres diferenciadas entre sí por estar ellas en los extremos de la vida… la hemorroísa en la vejez habiendo estado doce años enferma y la joven de doce años al inicio de su propio camino donde deja de estar sujeta a su padre y pasa a estar sujeta a su esposo.

Ambas mujeres atravesadas por la exclusión y el sometimiento.
Atravesadas por algo que no las deja vivir.

Una por la vida que se le va en la sangre que pierde… la otra que prefiere morir frente a lo que se viene.
Una habiendo malgastado todo lo que tenía para encontrar remedio… la otra con la imposibilidad de decir lo que le pasa atascado en la garganta hasta el punto de impedirle comer.
Una declarada por la religión -por ende por el Dios a quién le ha rezado- como impura y pecadora… que atada por la vergüenza que no perdona puede considerarse como muerta en vida.
La otra sometida por las mismas leyes a las que el padre representa… que prefiere morir a crecer bajo esas estructuras.


AMBAS SIN PODER DECIR.
AMBAS SIN NOMBRE.
AMBAS SIN ROSTRO.



Jesús se pone en camino por el pedido del padre de la niña y en el camino aquella mujer anciana y limitada por su enfermedad le sale al paso.
La mujer no espera a Jesús en su casa para que escuche sus lamentos sino que logra romper con las condenas de exclusión que lleva encima y sale a buscarlo.
Y movida por la inmensa necesidad de “VIDA” le basta con rozar el manto de Jesús aunque esto signifique contagiar de impureza.

“TAMBIÉN YO EXISTO”, grita el gesto de aquella mujer.
Como pidiendo permiso para vivir.

Y Jesús pregunta: ¿QUIÉN ME HA TOCADO?
¿Cuántos habrá entonces que lo tocan sin encontrarse?

Aquella Mujer es reconocida por Jesús… ahora tiene ROSTRO.
En él encuentra lo que no han podido resolver ni otros médicos ni otros remedios.
Jesús rompe con todas aquellas leyes que llevaban a la mujer al anonimato y a la exclusión.
Jesús la llama "HIJA" –ahora tiene NOMBRE- haciendo que se reencuentre con su dignidad fundamental que nada puede quitar ni ensombrecer.

Jesús libera su dignidad de MUJER de toda atadura exterior… y la conecta con la fuerza que la llevó a salir de sí e ir a su encuentro.

Ella se animó a salir de sus miedos… se atrevió a romper con las leyes que la retenían en la exclusión. No dejó que la venciera ni el dolor ni el miedo.
Ni que la amargura la consumiera.
AQUÍ EL VERDADERO MILAGRO.

A la joven, Jesús, llegará por pedido del padre que como último recurso ha ido detrás de Jesús, no teniendo miedo al rechazo de su propia gente y sin saber que el conflicto de su hija es con él y con todo lo que él representa.
Y nuevamente son los que rodean la situación que atados a lo previsto por la ley, y sin haber podido encontrar solución en ella para aquellas mujeres, hacen de mensajeros de la muerte cómo de los llantos en la casa.
Jesús pasando por alto todo eso se detiene en aquel movimiento del corazón de Jairo que lo llevó a salir de sus propios esquemas.

¡BASTA QUE CREAS!
Basta que guardes la primera intuición.
Basta que te aferres a lo valioso de la vida que es más fuerte que cualquier ley.

Y la intuición del padre se hace en Jesús PALABRA QUE LEVANTA DE LA POSTRACIÓN.
Se convierte en espacio de libertad frente a los mandatos que han elegido para ella… frente a las costumbres que la ataban a un destino no elegido.
LEVÁNTATE... CONFÍA. 
LEVÁNTATE... CREE.
El padre habiéndose conectado con lo valioso de la vida independientemente del cumplimiento de la ley es lo que desató la vida de la muerte.
AQUÍ EL VERDADERO MILAGRO.

Con Jesús caminemos… pongamos nuestros pies en sus pies y dejémonos encontrar por aquellas mujeres y por tantas personas que viven sumergidas en el anonimato... que son invisibles en nuestra sociedad y viven como excluidas de la vida necesitadas de espacios de escucha y libertad.
Devolvamos con nuestra atención y solidaridad “rostro y nombre” a tantas mujeres –también niños y ancianos- que viven sometidas a la agresión física o emocional en nuestras familias o en los lugares de trabajo.
Seamos capaces de dar espacio a toda persona para que pueda expresar sus sentimientos, sus temores, sus ideales y sus búsquedas; y sintiéndose acompañados no tengan que elegir "no vivir" o "no crecer" o "vivir mintiendo u ocultándose detrás de una máscara para complacer a los demás".
 
Seamos voz... pongamos el cuerpo como Jesús... caminemos a la par... re-descubriendo la dignidad de toda persona humana... valorándola por encima de toda norma –religiosa o cultural- y por encima de toda expectativa familiar-  porque solo Dios está por encima de toda conciencia humana.

Seamos parte de ese manto que pone en contacto a los demás con lo más verdadero que llevamos dentro.


sábado, 29 de junio de 2024

Y se desplegará lo mejor de nosotros. Mc 4, 35-41

 
Así como somos especialistas en dar anuncios sobre el estado del clima quisiéramos también ser especialistas en prever por donde ir -cuáles son los mejores tiempos o las rutas más seguras- para tener una vida sin “vendavales fuertes ni olas que amanecen hundirnos…”

Nos haría mucho bien descubrir que seguimos atados a la ilusión de que una "buena vida" es una vida sin problemas ni dificultades... cómo si la vida no avanzará... como si fuese viajar por una autopista iluminada y señalada correctamente.

Y aunque podemos prever el clima y de esa forma salir con paraguas;  todos tenemos experiencia de que la vida queda sacudida por situaciones no buscadas que además de quitarle ganas a la vida nos hacen experimentar impotencia y desesperación… como a los discípulos de Jesús.

"CRUCEMOS A LA OTRA ORILLA"...
Las palabras de Jesús son una continua invitación a vivir atreviéndose a descubrir en nosotros posibilidades siempre nuevas... posibilidades que sólo surgen en nosotros cuando se reinventa la capacidad de mirar y de interpretar lo que sucede... dándonos margen para reaccionar -o mejor dicho "elegir"- de otras maneras.

Pero este aprendizaje no es nada fácil porque se realiza, si estamos dispuestos, justo en los momentos donde lo mejor de nosotros parece hundirse -allí dónde más nos hemos entregado-… dónde las dificultades aparecen como grandes olas que no son posibles de resolver ni de contener… donde la barca de nuestra vida corre peligro.
Pero es justamente allí donde podemos chocar también con el MIEDO -el desamparo y la frustración- que no hacen otra cosa que agrandar las dificultades. Y con el miedo comienzan los lamentos y las acusaciones o la negación y el enojo que junto a la queja y la culpa que se instalan, no nos permiten ponernos en contacto con aquello que tal vez necesita despertar en nosotros.

Entonces gritamos:
Señor…¿No te importa que nos hundamos?
¿DÓNDE ESTÁS? 
¿Por qué nos tiene que pasar esto a nosotros?
¿Y ahora que haremos?
NO DAMOS MÁS.
Acaso,  ¿no te importa nuestro sufrimiento?
¿Qué hicimos para merecer esto?

Y  acorralados por el desconcierto y la duda comenzamos a buscar explicaciones del porqué nos pasa lo que nos pasa creyendo que si lo entendemos se va a resolver y volvemos a querer resolver lo que nos pasa con las recetas aprendidas -cuántas cosas hacemos para no sentir que perdimos-.
Pero descubrimos ahora que esto no alcanza... y que cuanto más queremos entender -o más queremos tapar- más miedo y angustia nos produce… y más rechazamos la idea de que las cosas pueden ser de otra manera… que hay "ir hacia la otra orilla".

Que lentos que somos para aceptar con serenidad que las cosas de la vida no siempre salen como las pensamos... y que vivir desde lo más esencial supondrá rupturas, desencuentros y despojos.
Qué difícil se nos hace comprender que no podemos programar la vida previendo por donde pasará; que nosotros no elegimos el momento en que la vida será azotada por los vientos de la adversidad y la dificultad... y que tampoco podemos elegir guardarnos en algún lugar para que no nos alcancen esas situaciones por miedo tal vez a volver a sufrir.

Las tormentas en nuestra vida escapan a nuestro control… "Y SABEMOS QUE NINGÚN MAR EN CALMA HIZO EXPERTO UN MARINERO".
Será hora entonces de hacer de nuestro miedo y desesperación un grito:
"¡MAESTRO! ¿NO TE IMPORTA QUE NOS HUNDAMOS?"

Y seremos invitados a descubrir una vez más que Jesús no está en el milagro que nunca llega sino que él está en lo que nos está pasando... que ha estado siempre aunque parezca que duerme.
¿Por qué seguimos interpretando su silencio como ausencia?
¿Y su ausencia cómo que no existe?



Atravesar con Jesús las olas de la dificultad o la tormenta del dolor es permitirle a esas situaciones que quiebren la cáscara de nuestra omnipotencia -desnude nuestros egoísmos- acercándonos más al misterio de quiénes somos... que desnude las seguridades -aún las imágenes y conceptos de Dios- con las que vivíamos y nos descubra a cuanto no veíamos por estar tan cómodos y seguros...  y que pueda surgir desde dentro otra forma de vivir... otro modo de percibirnos y de relacionarnos con los demás... nos despierte a otra forma de mirar y amar la vida.

Dicen que la dificultad y el dolor pueden ser grandes maestros... pero qué difícil y cuánto pataleamos cuando no hemos sido nosotros quienes elegimos entrar en su escuela.
El dolor -como la dificultad-  nos coloca en un lugar nuevo del que no sabemos nada y del que queremos huir porque tenemos miedo y muy poca consciencia -que se traduce en desconfianza- en lo que se nos ha dado.

Somos navegantes de mares que no conocemos... dónde nuestra barca muchas veces es empujada hacia los límites donde nosotros no manejamos nada.
Allí, cuando las fuerzas ya no nos acompañan, el grito que nos surge revela una Presencia (a Alguien le gritamos... le hablamos); y el grito se transforma en un "silencio habitado": DIOS ESTA.

ENTONCES allí algo nuevo en nosotros se puede despertar.
Una mirada nueva puede activarse.
Una perspectiva nueva puede reconocerse... aunque la situación permanezca.

Desnudados de la omnipotencia y la posesión puede renacer con todas sus energías la fuerza de la bondad que acerca, que contagia, que abraza y que acompaña y que salva... 

Se desplegará lo mejor de nosotros... 
Lo más genuino, si se lo permitimos, se despertará.

domingo, 16 de junio de 2024

"Cómo el grano de mostaza..." Mc 4, 26-34

Con mucha sencillez y a través de ejemplos cotidianos Jesús explica la centralidad de su mensaje: el REINO DE DIOS que no puede ser identificado con ninguna institución ni con ninguna otra manera de vivir que no esté contenida en la propia vida de Jesús.

Jesús enseña a la gente y a sus discípulos con ese recurso que son las parábolas que tienen como finalidad movilizar el corazón hacia algunas actitudes vitales que expresan lo más genuino de nuestra humanidad y que al mismo tiempo son fundamentales para relacionarnos con los demás.



Estamos marcados por la intolerancia –y no es cosa solo de este tiempo-; intolerancia que nos vuelve impacientes, inflexibles y que de alguna manera nos excusa para ser indiferentes con las personas o con las cosas que pasan. 
Estamos marcados por esa excesiva preocupación por la imagen –“por el que dirán” – qué nos hace estar tan alertas a los demás, que quedamos desconectados con nosotros mismos… qué ya no nos reconocemos; nos cuesta escucharnos y aceptarnos en lo que nos toca caminar… que difícil nos resulta frenar para tener tiempo para la calma y la meditación.
Seguimos arrastrando esa “imagen de Dios” omnipotente y todopoderosa que quisiéramos manejar con nuestras oraciones y sacrificios para que nos cambie las cosas y tal vez para creerle más.
Con la pandemia de por medio que tal vez acelero ciertos procesos, muchas razones por las cuales hacíamos las cosas se han quebrado… hemos ido perdiendo el sentido de muchas cosas –hasta el sentido del perdón en un vínculo-… la búsqueda del “me gusta” ha ganado la batalla sobre cualquier otro motivo, pero a qué precio; cuánto vacío y cuánta soledad ha dejado todo eso y con cuánta cosa la estamos queriendo calmar.

Necesitamos volver a esa simplicidad que es capaz de percibir que dentro de la vida se esconde, según la parábola de la "semilla que crece por sí misma”, una FUERZA –una energía podríamos decir- que no depende del agricultor –que no depende de nosotros. 
Dónde la "potencia" –lo que realmente tiene fuerza- lo tiene lo pequeño y esta no depende en absoluto de la acción del hombre; y su crecimiento acontece en la oscuridad de la tierra... lejos de la mirada y del cálculo del agricultor.

Es una invitación a descubrir la presencia, aquí y ahora, del Reino en nosotros que busca movilizar la vida.
Creciendo en nosotros, aunque parezca que no pasa nada (“¿se imaginan estar sacando la semilla todos los días para ver cómo está?”); produciendo vida en nosotros -haciéndonos percibir posibilidades dónde sólo vemos obstáculo- aunque en apariencia nada cambie.

Es una invitación a aceptar con serenidad que la "fuerza de la vida" no viene de nosotros y su "estar creciendo" tampoco es posible reducirlo a nuestros cálculos ni a nuestras estrechas miradas.
¿Cuántas interpretaciones de lo que vivimos -cuántas formas de rezar- no son más que querer controlar "lo de Dios" en nuestra vida?
¿Acaso no seguimos creyendo que la presencia del Reino está dada por los éxitos evidentes que tengamos en la vida o como cristianos? ¿No seguimos midiendo "lo de Dios" por los resultados de nuestras obras o de nuestras palabras?
Cuántos “expertos en adivinación” hay entre nosotros … que saben a dónde iremos a parar si seguimos así. Lo difícil de estas acentuaciones es la exigencia y también el mal trato que puede darse por no ver cambios inmediatos.

La parábola no dice lo que tenemos que hacer; sino que es una invitación a "DEJAR HACER"... a "DEJAR ESTAR".

Es una invitación a soltar la pretensión también de querer marcarles a los demás qué y cómo tienen que hacer... como si eso nos hiciera sentir menos inútiles.

La parábola es una invitación a dejar por momentos la eficiencia -no todo tiene que servir para algo- y el activismo -el no hacer algo productivo no es ser un inútil o ser un vago- como claves para interpretar la vida; y a ofrecerle al Reino espacio y posibilidades para que actúe dejando de ser nosotros "directores de obra".

Cuánto experto tenemos dentro de nuestras familias y dentro de nuestras comunidades que llegan hasta despreciar el crecimiento y las formas de camino de los demás.
Cuánta manipulación a través del miedo y el rechazo se esconden detrás de tantas formas de relación, aunque en apariencia digan que buscan nuestro bien.
Cuánta opresión se esconde detrás de muchas formas de ayuda o de servicio a los demás.
No es posible medir ni calcular el crecimiento de las semillas según nuestros propios modelos mirando si corresponden o no a ellos y ni es posible tampoco hacer concursos para evaluar el producto (recordemos aquí el mito de “Procusto”).

EN LA PARÁBOLA HAY UNA SEMILLA QUE SABE HACER SU TRABAJO.  
Llega a donde quiere y cuando quiere. 
No tiene necesidad de que alguien le sugiera como crecer o cuando hacerlo.

Necesitamos entonces dejar el "dramatismo" y descubrir la fuerza que tiene lo débil y lo pobre del Reino en nuestras vidas... y así tal vez dejaríamos de estorbar su trabajo en nosotros y en los demás con interpretaciones y posturas rígidas que no hacen más que alejar, dividir, rechazar y levantar barreras.

Débil y pobre, pero al mismo tiempo, como el grano de mostaza, capaz de transformar la vida en un lugar donde otros pueden encontrar espacio.

Cuánto se ha ensanchado el corazón para acoger y aceptar es el criterio… cuánto desalojo y desarme y entrega eso supone.

Aprendamos a escuchar lo de Dios que crece en nosotros.
CONFÍEMOS MÁS... RESPIREMOS MÁS.
CONTEMPLEMOS MÁS.
Y no nos alarmemos por la sensación de no frutos o de no cambios inmediatos en nosotros o en los demás.
Confiemos más en los pequeños intentos.
No nos desanimen lo modesto de ciertas apariencias.
Creamos en la fuerza que tienen los pequeños signos que no hacen otra cosa que «hacer sospechar» que existe otra VERDAD.
No son puntos de exclamación ni pretenden convencer a nadie... sino más bien son GENERADORES DE PREGUNTAS.

lunes, 20 de mayo de 2024

Tiempo de TESTIGOS. Jn 20, 19-23

Con PENTECOSTÉS la Pascua de Jesús es ahora nuestra pascua... es nuestro tiempo... el tiempo de la COMUNIDAD... el tiempo de los testigos.

SALIENDO del miedo y del encierro aquella primera comunidad fue experimentando la misma libertad y la misma apertura que ellos mismos habían experimentado en su encuentro con Jesús.
DIOS ESTABA EN ELLOS.
El mismo Espíritu -la misma Vida- que animó la vida de Jesús los animaba a ellos.

No habían estado nunca solos. 
Había un hogar dónde regresar... 
dónde estaban a salvo de sus propios juicios y presiones.

Presentían que Alguien animaba la vida y que de todos los modos posibles los invitaba a la apertura, al encuentro, al perdón, a la gratuidad, al servicio, etc.
Y no era un don más de Dios... sino que era la misma Vida de Dios fluyendo en ellos; sin la cuál no hay verdadera VIDA.

Creamos o no, todo en nosotros está llamado a ser, cada vez más, expresión de esa Vida que nos habita.
"DON" es su nombre.
"APERTURA" es su camino.
"ENTREGA" es su misión.

Hacernos conscientes de que Dios nos habita por el simple hecho de existir -sin ninguna condición previa- nos hace caminar hacia esa verdadera libertad que hace de nuestras vidas un DON para los demás.

POr eso la primera tarea del Espíritu en nosotros es hacernos personas integras... y libres de cualquier cosa que quiera someternos o quiera decirnos quienes somos: Miedos - mandatos culturales - el deber ser - el buscar caerles bien a todos - nuestros propios complejos... etc.


EL ESPÍRITU ILUMINA TODO CUANTO NOS DESINTEGRA, nos descentra o nos esclaviza, cómo pueden ser esas relaciones que se basan en amar al otro más que a uno mismo; o cómo pueden ser las adicciones para calmar vacíos o ausencia; o ese constante desinterés por la vida necesitada para permanecer en la comodidad dejándonos cada vez más aislados y cerrados.

EL ESPÍRITU ILUMINA LO QUE NOS VUELVE CERRADOS e indiferentes entre nosotros.
Dejarse llevar por el Espíritu es relacionarnos con los demás como lo hizo Jesús: no buscando someter a nadie, posibilitando que los demás puedan caminar, no bloqueando con juicios o condenas la vida de los demás.
Nos hace capaces de descubrir las posibilidades ocultas que tiene la vida del otro.
Reconocerse sostenidos nos hace hombres y mujeres agradecidos.
SOLO EL INGRATO ES TIRANO.
Por eso quién se deja empujar por el Espíritu, por el agradecimiento del don que ha recibido, es capaz de dejar la queja frente a las molestias cotidianas y se anima a vivirlas como espacios que lo pueden ayudar a crecer en humanidad... en compasión... en flexibilidad.

"DIOS EN NOSOTROS" siempre será APERTURA  a lo diverso, a lo distinto.

Para el Espíritu la diferencia no es una amenaza y la exclusión nunca será una alternativa.
Esto lo captó la comunidad y así lo expresó en Pentecostés, dónde todos llegan a entenderse, a abrirse a la escucha y al diálogo con la Palabra.
Como lo habían visto en Jesús: LOS MUROS Y LAS BARRERAS DE SEPARACIÓN HABÍAN SIDO DESTRUIDAS.

Frente a nuestra pretensión de querer un orden único; frente a nuestros miedos que pretenden la uniformidad o el cumplimiento estricto de las normas; el Espíritu busca todos los modos... los diferentes lenguajes para hacerse entender... para unir en lo diverso.
Crea en nosotros una dinámica nueva que nos hace capaces de escuchar lo que va naciendo en la vida de los demás.

El Espíritu es lo que hace que nuestra COMUNIDAD sea comunidad de Jesús.
Se expresa entonces en la escucha que nos tengamos unos a otros... donde la imposición o el que todos piensen de la misma manera no tiene ningún lugar.
Es VIDA FRATERNA que se muestra en la compasión que es capaz de romper con prejuicios o ideas para posibilitar la vida... para dar tiempo.

El Espíritu de Jesús en nosotros hace que podamos entregarnos al bien de los demás aun en medio de la incomprensión o del rechazo.

PORQUE CÓMO EL AMOR NO SE IMPONE NI NEGOCIA CON NADA.
ES DON.
Y ES APERTURA.

lunes, 13 de mayo de 2024

Vamos REGRESANDO A CASA. Mc 16, 15-20

A lo largo de estos cuarenta días del tiempo pascual, número de días que evoca algunas de las experiencias más significativas de la historia del Pueblo de Dios, hemos compartido junto a los discípulos la buena noticia de que Jesús está VIVO -de que toda realidad esconde la posibilidad de una vida nueva-. Hemos sido testigos de cómo las lágrimas por la muerte de Jesús y la frustración que sobrevino se transformó después, en incredulidad frente al anuncio de la resurrección.

Y como frente a las expectativas rotas lo mejor será para los discípulos no moverse (encerrarse) o escaparse -hoy podríamos decir no innova; no dejar que la situación transforme las creencias, los hábitos y las costumbres de vida; llenarse de cosas; en última: resistirse a crecer- y permanecer en la comodidad que de alguna manera da la tristeza y la incredulidad.

Cuántos "no creo en Dios" no son más que expresión de falta de pasión por la vida - de no querer preguntarse por qué se vive...
O una defensa muy precaria para permanecer inmóviles en lo seguro y en lo cómodo.
Olvidándonos que la vida será siempre búsqueda constante; camino abierto; encuentro por venir, aun en medio de la oscuridad y de la contrariedad.

Pero podemos preferir vivir sin ser conscientes de las opciones que tomamos, del porque lo hacemos, aunque eso traiga aburrimiento y desencanto, en la inconsciencia todo vale, no hay responsabilidad ni verdad en juego.

LA BUENA NOTICIA DE JESÚS sanará a los discípulos de su incredulidad haciéndolos misioneros, enviándoles a los demás para abrir el corazón y los ojos a la verdad que salva: que Dios está con nosotros en la vida.

Los hace testigos de una buena noticia que no les pertenece y confiados en Alguien que a pesar del abandono y de la incredulidad ha confiado en ellos.
Son enviados a los demás no por haber demostrado ser los mejores ni los más preparados.
Son enviados habiendo sido miedosos, traidores; y perdonados.
Son enviados habiendo sido liberados, habiéndoles descubierto la posibilidad que llevan dentro de poder elegir por fuera de toda forma posesiva.

Será preciso entonces hacernos conscientes de la inmovilidad que hay en nuestro corazón.
De aquellas cosas que tal vez atan nuestros pies o de aquellas otras que nos han vuelto indiferentes.

¿Por qué estamos inmóviles? ¿Qué nos paraliza?
¿Qué miedos seguimos arrastrando?
¿Quién nos ha decepcionado tanto que creemos que así como estamos es mejor?
¿Por qué resolvemos las dudas de una única manera: sentarnos a que las cosas pasen?

POR NO PERDONAR, NO AVANZAMOS.
POR NO ABRIRNOS, NO VEMOS.
POR NO ESCUCHAR, NO SERVIMOS.

La fiesta de la Ascensión, si nos permitimos quitarle todo el ropaje como está contado, puede enseñarnos que el camino de Jesús que comenzó en la encarnación - que paso por la vida haciendo el bien - que permaneció en el amor aun en medio de la cruz -camino atravesado por la contradicción y por la libertad de permanecer en el perdón, la entrega y el servicio- ese camino conduce a "MÁS VIDA"; nos regresa a Dios, dónde siempre estamos.
NOS HACE UNO CON LA VIDA QUE LLEVAMOS DENTRO.

Pero tenemos que descubrir también que caminar haciendo experiencia de Dios en nosotros, como lo hizo Jesús, lleva necesariamente a dejar de ser el centro; a ir soltando todas aquellas cosas o roles con los que nos hemos identificado llegando a sentir vacío y abandono si nos las quitan o dejan de estar. 
No somos ni nos define esa relación, esa profesión, ese rol, ese título, ese reconocimiento, esa experiencia ni esa historia… a lo que le hemos dado la seguridad de nuestra vida y que por momentos se han convertido en la razón del porqué hacemos las cosas. 

Caminar haciendo de nuestra vida cotidiana un ascenso a Dios es dejar que aparezca lo mejor de nosotros mismos.
Es soltar lo que no es verdadero en nosotros porque "nada ni nadie podrá agregarnos algo más a lo que somos y hemos recibido cómo don".
Es descubrir que lo mejor de nosotros está en lo profundo y no se identifica con nada, pero se expresa en el servicio, en la apertura, en el perdón, en la aceptación, en la disponibilidad y en la entrega cotidiana.

Es descubrir que la vida está hecha para compartirla. 
Que la vida es camino. ES DON AGRADECIDO.
Su felicidad está en la apertura y en la entrega.


Que la vida es estar siempre saliendo.
Siempre aprendiendo.
"AGRADECIDOS y DISPONIBLES vamos volviendo".

lunes, 6 de mayo de 2024

Y sabremos que el AMOR ES POSIBLE. 15, 9- 17

 

"Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes..."

¿Será posible, después de tantas historias que llevamos dentro, un amor gratuito y verdadero?
¿No existe acaso en todo encuentro -por más íntimo que sea- una cuota de desentendimiento y decepción?
¿No experimentamos un poquito de miedo cuando nos entregamos de alguna manera a los demás - o cuándo confiamos?

Todos hemos experimentado la necesidad de un "lugar en el mundo" dónde poder bajar la guardia, ser nosotros mismos y poder expresar sin miedos lo que llevamos dentro -las broncas, los odios, los celos, las envidias, los deseos, etc-, sintiéndonos seguros y sin presiones sabiendo que no seremos ni juzgados ni exigidos ni presionados a cambiar algo para sentirnos buenos.

Pero nuestro corazón tiene registros dónde hemos experimentado esa forma de relación dónde lo posesivo se hacía presente bajo las formas del chantaje y la manipulación, dónde la propia debilidad era usada para manejarnos según unos caprichos egoístas.

Cómo no andar protegidos en medio de estas experiencias, cómo no vigilarnos entre nosotros mirando qué movimientos hacemos, cómo no estar alertas para reaccionar ante cualquier agresión atacando el punto débil del otro... cómo no actuar nosotros también desde el poder y el miedo... y cómo no pensar que el amor entonces no es otra forma más de sometimiento...

"No hay amor más grande
que dar la vida por los amigos..."

También en nuestra experiencia humana hemos experimentado la aceptación en medio de un momento de enojo, el abrazo en medio de una profunda desesperación, la escucha atenta a nuestra envidia o a nuestros celos, dónde habiendo expresado nuestra división interna recibimos un "no tengas miedo, yo estoy".
Es de valientes abrirle el corazón a alguien mostrando la luz y también las sombras que lo habitan, porque este es justamente el camino que abre a un nuevo horizonte, a un nuevo estilo de vida; dónde el círculo cerrado del miedo y del poder se rompe.

El amor no se basa en la voluntad de escuchar, de comprender los problemas ajenos o de aguantar, sino que tiene como base el encuentro en la mutua debilidad.
El compartir la debilidad -lo que desgarra el corazón- hace brotar el amor y queda superado todo tipo de violencia.
Si le permitimos al trigo que crezca junto con la cizaña no le tendremos miedo a cada conflicto o discusión; porque es ahí donde el amor genera una sonrisa y donde el humor puede suavizar en vez de caer en la ironía o en el "ya lo sabía, nunca cambiarás".
Encontrarnos desde la debilidad nos hace descubrir que Amar es expresar Verdad, Ternura y un total Desarme de sí mismo.

El AMOR es ante todo VERAZ. 
Amor como aceptación de nuestra frágil condición humana, dónde ningún ser humano tiene poder sobre otro. 
El Amor es expresión entonces del encuentro en la verdad de cada uno creando así el espacio dónde poder ser en libertad. 
Y se convierte en guía de la fidelidad en los vínculos despojándonos de todo fingimiento, de todo cuánto no sea auténtico.

El AMOR es la TERNURA. En el amor las manos no agarran, sujetan o retienen sino que levantan, acarician, dan fuerza, incitan a crecer. En el amor la boca no muerde, devora o destruye sino que se convierte en palabra que sana, en beso que alienta a no tener miedo. En el amor los ojos no pretenden atrapar ni generar vergüenza sino que se convierten en mirada que recubre la vida y el cuerpo del otro en una profunda calidez humana.

El AMOR requiere un total DESARME. Un vínculo de "amor en la verdad" es un encuentro sin armas. 
Recuerdos, sospechas, dudas y comentarios guardados en nuestro interior pueden convertirse en armas que escondemos por cualquier cosa. 
Y aunque este desarme lleva tiempo, el don de esa mutua apertura y libertad es el PERDÓN. Y la vulnerabilidad compartida se transforma en el núcleo de fortaleza de todo vínculo y lo que parecía que producía vergüenza crea libertad, autonomía y mutua donación. 
El poder mata. La debilidad crea.
El amor se expresa aquí como un acto de perdón en el que toda situación -por más terrible que sea- no es irreversible; y en dónde toda persona -por más herida que esté- es transformada... se vuelve creadora.

"Amémonos unos a otros, 
ya que el amor es de Dios, 
y todo el que ama ha nacido de Dios 
y conoce a Dios." 1Jn 4, 7-9

Entonces, ¿es posible amar?
Tal vez lo primero es aceptar la ambigüedad del corazón que va del deseo de posesión al deseo de perdón. Nos sale ser ambiciosos y competitivos y al mismo tiempo queremos perdonar. Nos sentimos seguros y fuertes pero a veces queremos expresar que no podemos o que necesitamos de los demás. Queremos herir y a veces curar. 
Y tenemos razones para sentir miedo.
El amor significa apertura, vulnerabilidad, disponibilidad y desarme.
Esto es algo muy arriesgado porque puede haber quien no responda con amor sino que nos tome por nuestra parte frágil y la utilice... y nos rechace con un gesto de desprecio. Y esto no es sólo una posibilidad sino que es una cruda realidad de muchos.

Aun así es posible trascender - ir más allá- de esas estructuras y abrir nuestro caparazón aunque sea un poco, en algún lugar, de algún modo, alguna vez.

Porque en Jesús se nos ha revelado que el AMOR ES UNA POSIBILIDAD.
Tal vez está sea la mejor definición de la buena noticia de Jesús - de lo que nos vino a revelar: ES POSIBLE AMAR.
Amándonos nos hace pisar terreno firme para que la disponibilidad no nos genere ansiedad... y la entrega sea un hogar dónde sentirnos bienvenidos... y la debilidad no sea amenaza sino sea una riqueza y un don porque estamos rodeados por una fuerza creadora.

El Amor es una posibilidad que nace en medio de las personas cuando son capaces de encontrarse en la debilidad.
Y aquí el amor ya no es en la búsqueda de aferrarse al otro por miedo a lo que pueda suceder o para sentirse de alguna manera, sino que es encuentro en la libertad que es capacidad de crear algo nuevo.
Y este amor no tiene necesidad de demostraciones de ningún tipo.

En la medida en que experimentamos la vida de seguimiento a Jesús como una vida que impone restricciones a nuestra libertad de expresión, hemos confundido su esencia.
Lo esencial de la buena noticia de Jesús es justamente sobre la posibilidad que tenemos, de trascender la forma posesiva de nuestra existencia humana.

JESÚS mostrando totalmente su vulnerabilidad rompió con todas las cadenas del egoísmo posesivo que lleva a la muerte y encontró VIDA permaneciendo en el amor en medio de la absoluta entrega.
Y de esa forma nos desafía a romper el círculo que nos aprisiona.

Jesús nos desafía a mirar a los demás sin miedo y a entrar con Él en la mesa de los vínculos donde se comparte la debilidad, sabiendo que eso no supondrá nuestra destrucción sino una nueva creación, nueva energía, nueva vida... 
y sabremos que el AMOR ES POSIBLE.

sábado, 4 de mayo de 2024

Ni lobos ni asalariados. Jn 10, 11-18

 
"YO SOY EL BUEN PASTOR.
El buen Pastor da su vida por las ovejas."

"DAR VIDA". 
El evangelio no podría haber sido más explícito para decirnos cuál ha sido la actitud interior de toda la vida de Jesús, el sentido de su vida.

Vivir en clave de "dar vida" supone descentrarse de sí, desposeerse, lo que va más allá de dar tiempos o cosas a los demás.
Significa una tensión constante a que los demás puedan encontrarse siempre con una alternativa para descubrir el valor de sus propias vidas.
Significa ejercitar la "misericordia" que transforma las fallas y los errores en posibilidades para crecer (siendo conscientes de que la primera reacción es ya una interpretación).

VIVIR EN FAVOR DE LOS DEMÁS 
es expresión de una profunda familiaridad 
y de una tierna cercanía.

Pero también la palabra nos invita a descubrir que se entra cada vez más en contacto con esa VIDA NUEVA del buen Pastor, siempre y cuando, crezca en nosotros la misma actitud interior hacia los demás.

LA PROPIA VIDA HABLARÁ DE LO QUE HA EXPERIMENTADO.
Y sin que nos demos cuenta trataremos a los demás cómo en lo más profundo del corazón sentimos que somos tratados.

Por eso en JESÚS queremos reconocer un ROSTRO, una MIRADA que salva, una VOZ que libera, un TÚ que desbloquea lo que ya está entre nosotros, para que lo podamos recibir.
En JESÚS queremos abandonar los miedos y confiar en caminar hacía los lugares que él camino y la Vida Nueva tendrá más espacio en nosotros.

Pero muy lejana a la actitud del buen Pastor Jesús es la del "asalariado"... que buscando el propio interés se desalienta cuando el sostener la apuesta de "vivir en clave de servicio", suponga correr riesgos, perder seguridades o cuando tenga que renunciar a ciertas comodidades,llegando hasta abandonar aquello que comenzó tal vez con entusiasmo.

Somos asalariados de la vida cuando vamos perdiendo la capacidad de DAR GRACIAS, y creyendo en nuestros méritos vamos dejando de disfrutar de nuestras entregas que son nuestra vida.
Somos asalariados de la vida de los demás cuando -conociéndolos o no- nos hemos puesto a clasificarlos.
Somos asalariados de la vida cuando nos hemos acercado a los demás buscando algún beneficio personal dejándonos llevar por las apariencias.
Somos asalariados de la vida cuando hemos hecho "leña del árbol caído" para sentirnos aceptados por otros.

Y muy lejana también a la actitud del buen Pastor es la del "lobo",  que oprime y violenta y les quita la vida.
Somos lobos de la propia vida cuando no somos capaces de valorarla -de respetarla, de seguir creyendo aún en medio de las caídas- y no ponemos límites sanos cuando percibimos manipulación. 
Somos lobos de la vida de los demás cuando buscamos manejar sus vidas condicionando el afecto.
Somos lobos de la vida de los demás cuándo solo tenemos mirada para las faltas y la intolerancia se vuelve trato habitual.
Somos lobos de la vida cuando rotulamos a las personas y no les permitimos aprender de los errores.
Somos lobos cuando nos ponemos duros y rígidos generando divisiones o partidismos, no pudiendo aceptar las diferencias ni que unidad no significa uniformidad; no dejando de esa manera que los demás sean.

Acercarnos para dar vida - o vivir en clave del "dar vida"- supondrá entonces estar conscientes de que en la escucha y en la mirada que tenemos de los demás se nos juegan nuestros miedos, nuestras heridas, etc; que muchas se transforman en los "asalariados y lobos", modos con los que nos relacionamos con la vida de los demás.

Vivir en clave de "dar vida" es permanecer en la tensión que supone el diálogo con el otro que no puede ser utilizado en favor de nuestras carencias ni sometido a nuestras ideas.

Vivir en clave de "dar vida" es aceptar el desgaste cotidiano que supone buscar el bien siempre.
En una cultura que confunde alegría por placer, es aceptar que el "ego" pierda protagonismo y no sea gratificado en todo... ("Lo único que sé es cuándo tengo bastante")
Es aceptar los silencios, aprendiendo a callar cuándo el juicio es lo único que surge.
Es esperar en la vida y lo que tiene de proceso.
Es aceptar que en lo cotidiano haya molestias, conflictos, renuncias, equivocaciones y errores... aprendiendo a gestionar nuestras emociones y sentimientos poniéndonos en contacto con "quiénes somos" y a "qué somos llamados".


DAR VIDA
es aceptar más. Juzgar menos.
Es bendecir más. Tener menos.
Es servir más.
Es sabernos "cuencos" que dan lo que reciben... 
Allí el sentido de la vida.