domingo, 30 de noviembre de 2025

¡Qué respiremos Señor esperanza! Mt 24, 37-44

Al comienzo del Adviento, necesitamos pasar por el corazón varias experiencias que hacen de este tiempo, un reflejo de nuestras propias búsquedas.

Por un lado,  está la experiencia de aquel pueblo que a lo largo de siglos, esperando un Mesías,  suplicaba por una manifestación de Dios en su historia concreta... suplica que se hizo más fuerte en tiempos del exilio o bajo la dominación de otro pueblo.
La esperanza se alimentaba de que Dios iba a responder a expectativas bien concretas. De ahí los textos del AT con los que nos encontraremos. 

Al mismo tiempo, esta nuestro tiempo de Adviento... en el que nos preparamos para celebrar un hecho que paso hace siglos... pero ese hecho es sobre Jesús... y Jesús no es pasado... es el sentido del hoy al que debemos mirar... porque es a través de toda su existencia que hizo visible el Reino... Dios en su historia.

Cómo en la apertura en medio de lo incierto, de la Virgen en Nazaret o, en la pobreza en medio de la noche en Belén,  todo en Jesús habla de despojo, de desarme... dónde el poder o el odio no tienen lugar.

Creo entonces que el Adviento, más que un tiempo de preparación a la navidad, es un tiempo para detenerse y meditar hacia dónde estoy caminando... cuál es el sentido que le estoy dando a la vida... de qué se alimenta la esperanza... a qué cosas, porque las creemos importantes, le estamos regalando nuestro tiempo. 

La vida de Jesús es cómo un mapa abierto, que nos señala caminos -rutas, huellas- por dónde transitar para alcanzar la salvación... de nuestro ego, de nuestros encierros,  de nuestro individualismo, etc... para encontrarnos con las posibilidades que nos hacen más humanos.
Porque lo más real no es lo que nos pasa... sino las posibilidades que nos habitan para vivirlo de una u otra manera. 
Eso es Jesús.

Es difícil entonces, armonizar el llamado a vivir en nuestro hoy concreto la salvación que Jesús nos regaló en su modo de ser... con los textos que invitan a esperar en un final que nos salvará vaya a saber de qué cosas... cómo si no hubiese sido suficiente lo que se nos regaló en aquella primera venida.

ADVIENTO.
Todo se ha vuelto una llamada a vivir desde esas posibilidades que llevamos dentro.

¿PERO COMO VAMOS A PERCIBIR ESTA INVITACIÓN 
SI ANDAMOS COMO DORMIDOS?

DESPIERTEN!!!, dice san Pablo (cfr Rom 13, 11-14).
Sacúdanse el polvo de… cuánto tiene aprisionado lo que es verdadero en ustedes… de cuánto hace creer que lo real es eso que pasa y no más.

Andar por la vida, haciendo de las propias necesidades algo absoluto… cerrado a todo clamor que venga de otro... es estar dormido.
Estar atrapados por lo que pasa rápido – usar y tirar – llenos de imágenes, de sonidos- como única motivación “sentirse bien”… rechazando toda espera… todo esfuerzo…todo tironeo… es estar dormido. 
Calmar la sed de vínculo y relación con las redes sociales... dónde la soledad se vuelve más insoportable... es estar dormido.
Vivir desde el criterio de que hay que experimentarlo todo... y no pararse y preguntarse por los propios miedos o por la ansiedad que agita dentro… es estar dormido. 
Estar preocupados excesivamente por el trabajo… por el dinero… por la salud... haciendo de la vida un problema o una queja… es estar dormido. 

En la EXPERIENCIA DE JESÚS, Dios nos regala descubrir quiénes somos en verdad... de qué estamos hechos... cual es nuestra mayor riqueza… cual es nuestra meta… cuáles son nuestras verdaderas posibilidades.

Y Dios es un ETERNO HOY y su ofrecimiento es para HOY, no es para mañana o para cuando las cosas “mejoren”.

SU OFERTA DE VIDA VERDADERA SE LLAMA JESÚS.
Y ESTÁ COMO UN "TESORO ESCONDIDO" EN TODA SU CREACIÓN.

¡Qué respiremos Señor esperanza! 

miércoles, 12 de noviembre de 2025

DioS en NOsoTRros coMO en JESÚS. Lc 23, 25-43

De la mano de Jesús hemos caminado este año litúrgico y con él comenzaremos de nuevo el tiempo del Adviento... de su mano nos animamos a recomenzar... confiados que dentro de la "Historia de la Salvación", tan conocida y celebrada, sigue habiendo riquezas por descubrir... fuentes de mucha vida para nosotros.

Esto mismo sucede con nuestra historia personal... de la cual no podemos cambiar lo vivido... pero sí aprender de ella. 
Podemos darle a aquellos momentos difíciles un sentido nuevo, posibilitando que se nos descubra el don que allí se guarda; permitiendo que cada vez más todos los espacios de nuestra vida entren en el "misterio de aceptación" comenzado allí en Belén... sellado en Jerusalén.

Pero cómo vamos a confiar en esto sí tal vez nosotros no estamos de acuerdo con lo que le dijo Jesús a PIlatos: "mi reino no es de este mundo"... o seguimos esperando que realice aquello que le gritó uno de los malhechores: "Sálvate a ti mismo y a nosotros..."


Cómo nos encantaría decirle a Jesús que tendría que hacer... como si nosotros supiéramos mejor qué significa ser Mesías...o ser Dios.
¡Cuánta desilusión sentimos porque este Dios no hace lo que nosotros andamos esperando!

Necesitamos abandonar al "niño insatisfecho y caprichoso" y creer y confiar en aquello que Dios cree y confía... en nuestra capacidad para aprender... para mirar distinto y abrirnos a la posibilidad que trae la vida -lo agradable y lo desagradable-.

Necesitamos soltar esas ilusiones que están atadas a nuestras cortas expectativas sobre el futuro... que lo único que hacen es hacernos sufrir por anticipado...


Pero nosotros lo seguimos queriendo REY!!!
Olvidándonos de aquellas luchas con la "tentación del poder" en el desierto... o en Getsemaní frenando la violencia de Pedro cuando este quiso defenderlo y decide, aun en medio del dolor y el miedo que siente, no pasar por alto las consecuencias de su opción: "Amar lo débil como lo ama Dios..."


Pero Nosotros lo queremos REY!!!
aUN cuando una y otra vez nos invitó a ser primeros en el servicio... a ser grandes por estar a los pies de los demás... aun cuando eligió la pobreza -como lugar, como forma, como actitud vital- para invitar... sugerir... atraer a lo más verdadero que llevamos dentro.
Según la imagen de Dios que tengamos es como vivimos, por eso las "claves de vida" que surgen de estas palabras e imágenes de Jesús chocan con las ansias de poder, de imposición, de control, de manipulación que todos llevamos dentro.

¿De dónde surgen entonces éstas actitudes
tan lejanas a las "actitudes y sentimientos de Jesús"?

Necesitamos seguir descubriendo que nada de lo nuestro -quienes somos en verdad- se nos juega en el otro...
- Que nuestras críticas al otro... o los castigos que imponemos... no son más que desvalorizaciones porque el otro mostró su debilidad -una vulgar forma de defender nuestra estima personal... Olvidándonos que la "debilidad del otro" para Jesús será siempre un PUente para crecer en más Misericordia - Más EntrEGA - mÁs serVIcio.
- Que los rótulos que ponemos a los demás no son más que condenas que, generando dudas sobre la bondad del otro, nos hacen permanecer en un lugar de control y manipulación... "rótulos" -carteles- como aquel que pusieron sobre la cabeza de Jesús para burlarse de los judíos: "...había una inscripción: Este es el rey de los judíos..."
- Que detrás de muchas de nuestras defensas absolutas y rígidas sobre ciertas verdades o normas... que dejan a mucha gente fuera... hay viejos rencores... culpas y resentimientos... faltas de libertad que siguen exigiendo reparación...


Pero Nosotros lo queremos REY!!!...  
y él nos ofrece lo que ha sido "la PAsión de su vida"... "el FUego que alimentó sus palabras y sus gestos... y lo consumió": 
EL REINO DE DIOS - 
EL PROYECTO DE DIOS PARA LA CREACIÓN ENTERA.

ReinO de DIOS - AMOR de Dios.
DESEO de Dios.
QUERER de Dios... hecho VIDA y CAMINO para sus hijos.

ReinO de DIos. CAMINO DE HUMANIDAD QUE CREE
EN EL PODER DEL AMOR CAPAZ DE TRANSFORMAR LA VIDA.
Y EN EL PODER DEL PERDÓN CAPAZ DE LIBERAR TODA HISTORIA.

ReinO de DIOS... "Dios en nosotros"...
AMOR QUE ESPERA CONTRA ESPERANZA.

Quienes se animan a expresar en su humanidad lo de Dios que llevan dentro... no creen en el poder de la fuerza que busca dominar, someter y controlar... ni en el poder del miedo y del castigo -tan enemigos del amor- que esclavizan y encierran.


¡VENGA TU REINO!
sea nuestra oración.

DIOS EN NOSOTROS
COMO LO ESTUVO 
JESÚS.











domingo, 2 de noviembre de 2025

"¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?"... Conmemoración de los fieles difuntos.

El amor nos ha movido, desde siempre, a buscar modos para conservar, de alguna manera, aquel vínculo perdido por la muerte.
Nos preocupamos por cómo sucedieron las cosas... si sufrió o no; si estaba acompañado; dónde y cómo murió.

Hubiésemos querido estar, acompañar, tocar, despedir.
Y con cuánta culpa, y con cuánto sufrimiento, nos quedamos si esto no lo pudimos hacer.

También, solemos cargar a nuestros muertos con cadenas, de las que nosotros estamos obligados a liberar, a través de sacrificios y oraciones.
Cuánto sufrimiento por no saber si hicimos, o si hacemos, lo suficiente por ellos.

Ante el misterio de la muerte,  necesitamos aceptar nuestra limitación - nuestro "no saber" -. Toda respuesta será siempre insuficiente porque nadie volvió para contarlo... y los que aseguran haberlo hecho, no son más que proyecciones de sus mismos deseos o miedos.
Sólo sabemos nuestro destino final: el Amor de Dios, dónde "somos, nos movemos y existimos"

¿De dónde entonces el sufrimiento por nuestros difuntos?
Acaso, ¿no creemos que Dios es bueno? que así cómo al sol no le podemos decir que ilumine... a Dios no podemos decirle que sea misericordioso... porque hace lo que es.
 
Necesitamos dejar de cargar con nuestros muertos.
Traigamos a la memoria aquel pasaje de la vida de Jesús, dónde sale al paso de la viuda de Naín que, ya había decidido irse a morir con su hijo que llevaba a enterrar.
Su hijo era lo único que la ataba a la vida, era lo que le daba sentido a su vida... y ahora ya no esta... ¿para qué seguir viviendo?
Y más pesado era aquel cajón, cuando cargaba también, con la interpretación de que todo eso, era un castigo de Dios.

Jesús, que siempre estará del lado de la vida... la invita a dejar ir a la muerte, rompiendo en primer lugar con esas interpretaciones que no dejan vivir.
A romper con esas concepciones de lo que significa la vida, de lo que significa la muerte.

La invita a dejar ir a los muertos, rompiendo con los auto-reproches; soltando los lamentos; dejando de buscar culpables...etc.
Perdonándose, siendo más tierna con ella misma, porque nada en la vida es un castigo de Dios.

La invita, a que sea ella, la que escriba el último capítulo de la vida de aquel que ya no está, desde una mirada distinta, desde esa Presencia que todo lo acompaña; que todo lo sostiene y abraza; que todo lo transforma, dándole un nuevo sentido a las cosas.
Jesús, la invita a recorrer el camino de las lágrimas, que sana las heridas; que libera del apego a lo que ya no está; que vuelve más tierno al corazón cuando este ha sufrido la dureza de la muerte.

Lo más verdadero en nosotros, no es el nacer o el morir, sino, la vida de Dios, de la cuál somos expresión... 
"Somos expresión de un Amor que a través nuestro se da a los demás"... esa expresión tiene un tiempo limitado... pero no el Amor del que somos parte.

Y en el Amor no hay temor. 
En el Amor sólo hay vida.
Recibe todo desde la vida... todo es expresión de esa vida... aún la última entrega que es la muerte.

"Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor." Rm 14, 8