Al comienzo del Adviento, necesitamos pasar por el corazón varias experiencias que hacen de este tiempo, un reflejo de nuestras propias búsquedas.
Por un lado, está la experiencia de aquel pueblo que a lo largo de siglos, esperando un Mesías, suplicaba por una manifestación de Dios en su historia concreta... suplica que se hizo más fuerte en tiempos del exilio o bajo la dominación de otro pueblo.
La esperanza se alimentaba de que Dios iba a responder a expectativas bien concretas. De ahí los textos del AT con los que nos encontraremos.
Al mismo tiempo, esta nuestro tiempo de Adviento... en el que nos preparamos para celebrar un hecho que paso hace siglos... pero ese hecho es sobre Jesús... y Jesús no es pasado... es el sentido del hoy al que debemos mirar... porque es a través de toda su existencia que hizo visible el Reino... Dios en su historia.
Cómo en la apertura en medio de lo incierto, de la Virgen en Nazaret o, en la pobreza en medio de la noche en Belén, todo en Jesús habla de despojo, de desarme... dónde el poder o el odio no tienen lugar.
Creo entonces que el Adviento, más que un tiempo de preparación a la navidad, es un tiempo para detenerse y meditar hacia dónde estoy caminando... cuál es el sentido que le estoy dando a la vida... de qué se alimenta la esperanza... a qué cosas, porque las creemos importantes, le estamos regalando nuestro tiempo.
La vida de Jesús es cómo un mapa abierto, que nos señala caminos -rutas, huellas- por dónde transitar para alcanzar la salvación... de nuestro ego, de nuestros encierros, de nuestro individualismo, etc... para encontrarnos con las posibilidades que nos hacen más humanos.
Porque lo más real no es lo que nos pasa... sino las posibilidades que nos habitan para vivirlo de una u otra manera.
Eso es Jesús.
Es difícil entonces, armonizar el llamado a vivir en nuestro hoy concreto la salvación que Jesús nos regaló en su modo de ser... con los textos que invitan a esperar en un final que nos salvará vaya a saber de qué cosas... cómo si no hubiese sido suficiente lo que se nos regaló en aquella primera venida.
ADVIENTO.
Todo se ha vuelto una llamada a vivir desde esas posibilidades que llevamos dentro.
¿PERO COMO VAMOS A PERCIBIR ESTA INVITACIÓN
SI ANDAMOS COMO DORMIDOS?
DESPIERTEN!!!, dice san Pablo (cfr Rom 13, 11-14).
Sacúdanse el polvo de… cuánto tiene aprisionado lo que es verdadero en ustedes… de cuánto hace creer que lo real es eso que pasa y no más.
Andar por la vida, haciendo de las propias necesidades algo absoluto… cerrado a todo clamor que venga de otro... es estar dormido.
Estar atrapados por lo que pasa rápido – usar y tirar – llenos de imágenes, de sonidos- como única motivación “sentirse bien”… rechazando toda espera… todo esfuerzo…todo tironeo… es estar dormido.
Calmar la sed de vínculo y relación con las redes sociales... dónde la soledad se vuelve más insoportable... es estar dormido.
Vivir desde el criterio de que hay que experimentarlo todo... y no pararse y preguntarse por los propios miedos o por la ansiedad que agita dentro… es estar dormido.
Estar preocupados excesivamente por el trabajo… por el dinero… por la salud... haciendo de la vida un problema o una queja… es estar dormido.
En la EXPERIENCIA DE JESÚS, Dios nos regala descubrir quiénes somos en verdad... de qué estamos hechos... cual es nuestra mayor riqueza… cual es nuestra meta… cuáles son nuestras verdaderas posibilidades.
Y Dios es un ETERNO HOY y su ofrecimiento es para HOY, no es para mañana o para cuando las cosas “mejoren”.
SU OFERTA DE VIDA VERDADERA SE LLAMA JESÚS.
Y ESTÁ COMO UN "TESORO ESCONDIDO" EN TODA SU CREACIÓN.
¡Qué respiremos Señor esperanza!



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